IM VETERINARIA #71

93 ropea (UE), “mantener una vigilancia adecuada es de vital importancia para todos los Estados miembros”, especialmente por la persistencia de focos activos en algunos países y por el riesgo de reintroducción desde zonas donde la enfermedad mantiene su condición endémica. El experto recuerda que “la aparente desaparición del virus casi se logró en la UE en 2019, pero el posterior resurgimiento ha sido una advertencia”. Es por eso por lo que la situación actual obliga a “mantener esfuerzos de vigilancia adecuados (principalmente en las fronteras con áreas infectadas); colaboraciones transfronterizas y la implementación regular de la vacuna oral contra la rabia. En Europa, la vacunación oral se dirige principalmente a los reservorios silvestres de la rabia, especialmente al zorro rojo, y en determinadas regiones también al perro mapache y al chacal dorado en carnívoros silvestres, siguen siendo estrategias importantes para la eliminación de la rabia en la UE”. En 2024, último año con datos consolidados de la UE, no se notificó ningún caso autóctono de rabia humana. No obstante, cuatro Estados miembros comunicaron un total de 87 casos autóctonos en animales terrestres: 43 en Polonia, 25 en Rumanía, 18 en Hungría y uno en Eslovaquia. La rabia es, además, uno de los ejemplos más claros de la importancia del enfoque One Health. “La rabia es probablemente uno de los ejemplos más claros de One Health; hablamos de una de las zoonosis más antiguas y, a la vez, más vigentes”, afirma el director del Observatorio ‘One Health: Salud Animal, Salud Ambiental y Salud Humana para mejorar la Salud Pública’. Bajo su criterio, constituye también “un buen ejemplo del resto de zoonosis, de su importancia social, económica y de Salud Pública”, y demuestra que “solo desde un abordaje One Health se pueden enfrentar estas y otras zoonosis que nos puedan llegar en el futuro”. El motivo es que el virus circula fundamentalmente en poblaciones animales, mientras que sus consecuencias más graves se producen en el ser humano. De ahí que “veterinarios, médicos, epidemiólogos, laboratorios, autoridades sanitarias y medioambientales deben compartir información y actuar coordinadamente”. Esta visión está en la base de la estrategia internacional United Against Rabies y del objetivo Zero by 30, impulsados por la OMS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y la Alianza Global para el Control de la Rabia (GARC / Rabies Alliance, en su acrónimo en inglés). Para conseguir esa meta, “la vacunación de los perros constituye la medida preventiva fundamental, porque permite actuar sobre el principal reservorio y romper la cadena epidemiológica antes de que el virus llegue al ser humano”, subraya el catedrático. De hecho, la vacunación canina masiva, acompañada de identificación y vigilancia, es la estrategia central de Zero by 30. En Europa, además, los programas de vacunación oral de determinadas poblaciones silvestres “han contribuido históricamente a reducir de manera muy importante la circulación de la rabia terrestre”. Asimismo, Santiago Vega pone el foco en la necesidad de mantener unas coberturas suficientemente elevadas. “Para que una población quede protegida frente a la rabia, al menos el 70 % de la población canina tiene que estar perfectamente vacunada, confiriendo así una inmunidad de ‘colectivo’”, detalla. Por eso, considera que reducir la vacunación en determinadas zonas puede tener consecuencias que vayan más allá de ese territorio. “Llegar a un porcentaje de inmunización menor del 70 % no solo es un riesgo para la comunidad autónoma que decide no vacunar, sino que esto influye en la inmunidad colectiva del resto del país”, advierte. De ahí que defienda una estrategia homogénea en todo el territorio. “No solo se vacuna para protección de la comunidad en particular, sino para la protección de todo el territorio nacional”, indica. Y es tajante respecto a la necesidad de man- “MANTENER ESFUERZOS DE VIGILANCIA ADECUADOS, COLABORACIONES TRANSFRONTERIZAS Y LA IMPLEMENTACIÓN REGULAR DE LA VACUNA ORAL CONTRA LA RABIA SON ESTRATEGIAS IMPORTANTES PARA LA ELIMINACIÓN DE LA RABIA EN LA UE” tener un criterio común: “La vacunación de la rabia debería ser obligatoria en todo el territorio nacional, con un protocolo de vacunación uniforme en todo el país”. El experto recuerda, además, que la vacunación es un acto clínico y que el veterinario debe valorar cuál es el protocolo más adecuado para cada animal. “La vacunación es un acto clínico donde el veterinario es quien debe decidir qué protocolo es el mejor, dependiendo de las condiciones clínicas del animal y epidemiológicas de la zona”, asegura. En este sentido, apunta que la decisión sobre la frecuencia de revacunación no puede desligarse de la valoración individual y del contexto epidemiológico. Aunque la mayoría de las vacunas antirrábicas aseguran una inmunidad de dos o tres años, “en general, las vacunas de rabia no alcanzan el 100 % de esa protección, por lo que parte de la población canina puede quedar parcialmente expuesta”. Igualmente, “diversos estudios realizados en Reino Unido, Francia y España han demostrado la alta variabilidad de respuestas frente a la vacuna en los animales”. Por ello, considera que la revacunación debe valorarse desde una perspectiva sanitaria y clínica, teniendo en cuenta las características del animal y de la zona. La prevención abarca más que la vacunación La prevención no termina en la vacunación. La movilidad internacional constituye otro de los principales puntos de riesgo. “El movimiento internacional de animales constituye uno de los principales riesgos de reintroducción”, comenta. Un perro infectado procedente de una zona endémica puede atravesar una frontera antes de desarrollar signos clínicos, por lo que son esenciales “la identificación mediante microchip, vacunación válida, documentación sanitaria y cumplimiento de los requisitos de entrada en la UE”. En determi-

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