IM VETERINARIA #71

94 nadas circunstancias también puede ser necesaria una valoración serológica de anticuerpos. La prevención debe complementarse con información a los viajeros y propietarios, especialmente cuando proceden de zonas donde la rabia es endémica. Y, “ante una sospecha, debe evitarse cualquier manipulación innecesaria y procederse a la notificación inmediata a los servicios veterinarios oficiales y de Salud Pública competentes”, avisa. A partir de ahí, es fundamental realizar una investigación epidemiológica que permita conocer “antecedentes de vacunación, procedencia, posibles contactos, personas expuestas y otros animales susceptibles”. El caso debe gestionarse siguiendo los protocolos establecidos por las autoridades sanitarias y veterinarias, con las correspondientes medidas de aislamiento, observación o toma de muestras. Si existe exposición humana, debe activarse inmediatamente el circuito sanitario para valorar la profilaxis posexposición. A este respecto, recuerda que “la limpieza de la herida y la inmunización según las recomendaciones de la OMS tan pronto como sea posible tras un contacto sospechoso con un animal permite prevenir la aparición de la rabia en prácticamente el 100 % de las exposiciones”. El tratamiento puede incluir lavado exhaustivo de la herida, durante al menos 15 minutos con agua y jabón, vacuna antirrábica e inmunoglobulina cuando esté indicada. De igual modo, el papel de los murciélagos introduce una dimensión particular en la vigilancia española. “Numerosos estudios realizados permiten confirmar que el número de especies de quirópteros españoles infectados es relativamente alto”, apunta el catedrático de Sanidad Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad CEU Cardenal Herrera. Esta circunstancia lleva a considerar que “todas las especies de murciélagos son potencialmente vectores de Lyssavirus”, aunque la mayoría de los casos de exposición a humanos se concentren en unas pocas especies. Por este motivo, el experto considera necesario disponer de pautas específicas para gestionar las colonias de quirópteros. “Teniendo en cuenta este aspecto, se plantea la necesidad de disponer de pautas para gestionar las colonias de quirópteros”, explica. En este ámbito, se ha trabajado también en la elaboración de un manual de buenas prácticas y manejo de estos animales. En paralelo, el diagnóstico molecular ha experimentado importantes avances. A las técnicas clásicas, como la inmunofluorescencia directa, se han incorporado “RT-PCR convencional y en tiempo real, así como técnicas de secuenciación que permiten caracterizar genéticamente los virus y estudiar sus relaciones epidemiológicas”. También están desarrollándose pruebas rápidas de flujo lateral que podrían facilitar el diagnóstico en determinados escenarios de campo, aunque el diagnóstico confirmatorio debe realizarse en laboratorios competentes. Para Vega García, mantener esta capacidad diagnóstica resulta especialmente importante en un contexto en el que la enfermedad puede reintroducirse desde otros territorios. La vigilancia debe permitir detectar rápidamente cualquier sospecha y activar la respuesta de las autoridades sanitarias y veterinarias. ‘Zero by 30’, un objetivo ambicioso pero alcanzable A pesar de todos estos avances, uno de los grandes desafíos aún pasa por evitar que la ausencia prolongada de casos genere una falsa sensación de seguridad. “La ausencia de casos autóctonos durante muchos años puede generar una percepción errónea de que la rabia pertenece al pasado. Sin embargo, no existe margen para la complacencia”, sostiene. Por ello, considera prioritarias cinco líneas de actuación: “mantener una vigilancia epidemiológica sensible; asegurar coberturas vacunales adecuadas; reforzar los controles de movimiento internacional; mejorar la coordinación One Health; y mantener la capacidad diagnóstica y de respuesta rápida”. A ellas añade la formación continuada de veterinarios y profesionales sanitarios y una comunicación eficaz con la población. Respecto a Zero by 30, Vega considera que se trata de un objetivo “ambicioso, pero científicamente alcanzable”. La estrategia no pretende eliminar todos los Lyssavirus del planeta para 2030, sino conseguir cero muertes humanas por rabia transmitida por perros. “La evidencia demuestra que, vacunando al menos al 70 % de las poblaciones caninas en las zonas de riesgo y garantizando el acceso a la profilaxis posexposición, es posible interrumpir la transmisión”, aclara. Pero, a su juicio, “el problema no es la ausencia de herramientas, sino conseguir financiación sostenida, acceso sanitario, vacunación canina y vigilancia en las regiones más vulnerables”. Por eso, alcanzar el objetivo requiere mantener el compromiso internacional y garantizar que las herramientas disponibles lleguen a las poblaciones que más las necesitan. “La rabia no es una enfermedad del pasado, sino una enfermedad que podemos prevenir y controlar con las herramientas que ya poseemos”, reflexiona a modo de conclusión. Y esa prevención conecta directamente la salud animal con la humana. “La rabia demuestra que One Health no es solamente un concepto académico: es una necesidad práctica. Si protegemos la salud animal, mediante vacunación y vigilancia, estamos protegiendo directamente la salud humana”, finaliza. “LLEGAR A UN PORCENTAJE DE INMUNIZACIÓN MENOR DEL 70 % NO SOLO ES UN RIESGO PARA LA COMUNIDAD AUTÓNOMA QUE DECIDE NO VACUNAR, SINO QUE ESTO INFLUYE EN LA INMUNIDAD COLECTIVA DEL RESTO DEL PAÍS”

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