IM VETERINARIA #69

35 Dar voz a la profesión a través de los veterinarios de Sevilla. Ese es el objetivo por el cual el Ilustre Colegio de Veterinarios de Sevilla (ICOVS) ha lanzado una encuesta a nivel interno para que los colegiados interesados pudiesen apuntarse y participar en este especial A pie de Calle, donde varios colegiados dan visibilidad a las distintas áreas de la profesión veterinaria. Las opiniones, valoraciones y manifestaciones expresadas corresponden exclusivamente a sus autores, realizadas a título estrictamente personal y profesional, y no representan necesariamente la postura, criterio ni opinión institucional del ICOVS. Fátima González Gallego, veterinaria de la Clínica Veterinaria Bellavista, en Sevilla, aporta su experiencia en el cuidado de animales de compañía, un ámbito al que lleva más de 30 años dedicada con el mismo entusiasmo de sus comienzos. Y es que, para la experta, la profesión siempre ha sido “totalmente vocacional”. “Nunca he sentido esta profesión solo como un trabajo, sino como una forma de vida. A día de hoy, sigo entrando en quirófano, atendiendo urgencias o resolviendo casos complejos con la misma ilusión e inquietud que cuando empecé”, asegura. Explica, además, que le apasionan prácticamente todos los campos de la medicina veterinaria, aunque siempre ha sentido una especial fascinación por la cirugía, la microcirugía y la medicina de urgencias. “Son áreas que exigen concentración, rapidez de decisión y una formación constante, y precisamente esa necesidad de seguir aprendiendo es una de las cosas que más me gustan de esta profesión”, sostiene González Gallego. Dentro de la clínica de pequeños animales, asimismo, ha dedicado gran parte de su formación a la medicina felina, “asistiendo durante años a congresos, cursos de especialización y programas de formación continuada”, porque asume que “el veterinario se debe seguir actualizando constantemente”. Con el grado que le brinda tan larga experiencia en la profesión, la experta destaca que la evolución que ha vivido la veterinaria en las últimas décadas “ha sido impresionante”. “Cuando estudiábamos hace más de 35 años, las posibilidades diagnósticas, terapéuticas y formativas eran infinitamente más limitadas que las actuales”, explica. Hoy, en cambio, “los nuevos compañeros tienen acceso a una formación altamente especializada desde etapas muy tempranas, tecnología avanzada, congresos internacionales, publicaciones científicas y herramientas diagnósticas que antes eran prácticamente inaccesibles. Por ende, “el nivel científico y técnico que puede alcanzar actualmente un veterinario joven es extraordinario”. Pero no solo ha cambiado la profesión; también considera que han cambiado mucho las personas que llegan a ella. “Las nuevas generaciones de veterinarios suelen tener una gran preparación técnica, muchísima sensibilidad hacia el bienestar animal y una mentalidad más enfocada hacia la especialización y la conciliación personal”, apunta la veterinaria de la Clínica Veterinaria Bellavista. Lanza una necesaria reflexión en este sentido.“Quizá nuestra generación estaba más acostumbrada a una dedicación casi absoluta, con jornadas interminables y una forma de vivir la profesión muy absorbente. Los compañeros jóvenes aportan Fátima González Gallego (Clínica Veterinaria Bellavista, Sevilla) otra visión que también es necesaria: cuidar la salud mental, trabajar en equipo y entender que para ejercer bien esta profesión también es importante preservar el equilibrio personal”. Al mismo tiempo, indica que la relación entre las familias y sus animales ha cambiado enormemente. “Hoy, los animales forman parte plena del núcleo familiar y los tutores están mucho más implicados, informados y sensibilizados”. Eso hace que el nivel de exigencia hacia la medicina veterinaria haya crecido muchísimo, “pero también que podamos desarrollar una medicina de una calidad y una profundidad impensables hace años”, agrega. En cuanto a los retos de futuro, cree que la profesión atraviesa “un momento complejo pero apasionante”. Así las cosas, considera que “debemos seguir avanzando científicamente y mantener una formación continua cada vez más exigente, pero también necesitamos un mayor reconocimiento institucional y social”. El veterinario desempeña un papel fundamental en salud pública, bienestar animal y seguridad alimentaria, pero lamenta que “muchas veces esa responsabilidad no está suficientemente valorada”. Además, a juicio de la experta, “es importante proteger el criterio clínico y evitar que la profesión quede excesivamente condicionada por cargas burocráticas o normativas que dificultan el ejercicio diario”. A pesar de todas las dificultades que atraviesa actualmente la profesión, confiesa que “sigo sintiendo que ser veterinaria es lo mejor que me podría haber pasado en la vida”. “Es una profesión exigente, emocionalmente intensa y en constante evolución, pero también profundamente humana y apasionante”, remata.

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