Detectan el deterioro cognitivo en perros a partir de los ocho años con una prueba de 40 minutos

Un estudio realizado con 239 perros presenta un nuevo método para evaluar la memoria y las funciones cognitivas de los animales y detectar alteraciones asociadas al envejecimiento antes de que aparezcan síntomas evidentes.

Estado: Esperando

04/11/2026

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una nueva herramienta que permite evaluar el deterioro cognitivo de los perros mediante tres pruebas sencillas de memoria, aprendizaje y autocontrol. El método, denominado CANID (Cognitive Assessment for Neuropsychological Impairments in Dogs), puede completarse en una sesión de aproximadamente 40 minutos y ha ...

Un equipo internacional de investigadores ha desarrollado una nueva herramienta que permite evaluar el deterioro cognitivo de los perros mediante tres pruebas sencillas de memoria, aprendizaje y autocontrol. El método, denominado CANID (Cognitive Assessment for Neuropsychological Impairments in Dogs), puede completarse en una sesión de aproximadamente 40 minutos y ha demostrado sensibilidad para identificar cambios cognitivos asociados a la edad, incluso en animales de mediana edad.

La investigación, encabezada por Stephanie H. Hargrave, de la Universidad de Arizona, y desarrollada en el marco del proyecto Dog Aging Project, ha analizado inicialmente a 239 perros de distintas edades, razas y características. Los resultados muestran que determinadas capacidades cognitivas comienzan a deteriorarse alrededor de los ocho años, antes de que aparezcan los síntomas más evidentes de disfunción cognitiva canina.

El trabajo, publicado inicialmente como prepublicación científica en abril de 2026 y que cuenta con una versión posterior revisada por pares en la revista Animal Cognition, plantea una alternativa a los cuestionarios utilizados habitualmente para estudiar el envejecimiento cerebral de los perros. Estos instrumentos se basan principalmente en las observaciones de los propietarios y pueden pasar por alto alteraciones leves que todavía no se manifiestan en el comportamiento cotidiano.

Tres pruebas para evaluar la memoria y el autocontrol

El sistema CANID reúne tres ejercicios diseñados para medir distintas funciones cognitivas mediante la búsqueda de recompensas alimentarias.

La primera prueba analiza la flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad del perro para modificar una conducta aprendida cuando cambian las circunstancias. Para ello, el animal debe encontrar un premio situado detrás de una barrera y adaptar su recorrido cuando los investigadores modifican el acceso.

La segunda evalúa la memoria espacial a corto plazo. Los perros observan cómo se esconde una recompensa y deben recordar su ubicación después de distintos intervalos de tiempo, que pueden alcanzar los 40 segundos. En algunas ocasiones se introducen distracciones para comprobar si el animal mantiene el recuerdo.

La tercera prueba mide el control de los impulsos. Los investigadores colocan comida dentro de un cilindro transparente y observan si el perro es capaz de evitar dirigirse directamente hacia el premio y, en su lugar, rodear el recipiente para acceder a él por la abertura.

Los resultados de los tres ejercicios se combinan para obtener una puntuación global del funcionamiento cognitivo de cada animal.

El deterioro cognitivo puede comenzar antes de los síntomas visibles

Uno de los principales hallazgos del estudio es la relación entre la edad y el rendimiento en las pruebas. Los investigadores comprobaron que el envejecimiento estaba asociado a una disminución significativa de las puntuaciones en los tres ejercicios.

Según los resultados, la edad explicó aproximadamente el 27 % de la variación observada en las puntuaciones cognitivas globales.

El deterioro comenzó a apreciarse alrededor de los ocho años, mientras que los cuestionarios convencionales utilizados para identificar la disfunción cognitiva canina suelen registrar un incremento más acusado de los casos a partir de los doce años.

Esta diferencia sugiere que las pruebas funcionales podrían permitir identificar alteraciones cognitivas más tempranas, aunque los investigadores advierten de que todavía es necesario determinar hasta qué punto estos resultados permiten predecir la aparición posterior de una enfermedad.

Resultados consistentes durante un año de seguimiento

Para comprobar la fiabilidad de CANID, los científicos repitieron las evaluaciones a los seis y doce meses. En la segunda fase participaron 140 perros, mientras que 118 completaron las pruebas al cabo de un año.

Los resultados mostraron una consistencia apreciable entre las distintas evaluaciones, lo que respalda la utilidad del método para realizar estudios longitudinales sobre el envejecimiento cerebral.

Los investigadores también detectaron una ligera mejora en el rendimiento de los perros examinados nuevamente a los seis meses, atribuible posiblemente a la familiaridad con los ejercicios. Sin embargo, esta mejora general no se mantuvo de forma significativa al cabo de doce meses.

El estudio identificó asimismo diferencias relacionadas con el lugar de evaluación. Los perros procedentes de un centro de entrenamiento de animales de asistencia obtuvieron mejores resultados en determinadas pruebas de autocontrol, una circunstancia que podría estar vinculada a su experiencia previa de entrenamiento, su temperamento u otros factores.

Una herramienta para investigar el envejecimiento cerebral

El desarrollo de CANID abre nuevas posibilidades para estudiar la relación entre el envejecimiento, el estilo de vida y la salud cerebral de los perros.

Los investigadores consideran que disponer de una evaluación estandarizada permitirá comparar resultados entre distintos centros científicos y analizar con mayor precisión la influencia de factores como la actividad física, la estimulación cognitiva, la alimentación o la genética.

También podría facilitar futuras investigaciones sobre intervenciones destinadas a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo.

No obstante, los autores subrayan que todavía deben realizarse estudios de seguimiento más prolongados y comparar las puntuaciones obtenidas con otros métodos de evaluación y diagnósticos veterinarios. Por el momento, CANID constituye una herramienta de investigación prometedora, pero no una prueba clínica validada para diagnosticar demencia en perros.

Con el objetivo de facilitar su utilización, el equipo ha puesto a disposición de la comunidad científica los protocolos de evaluación, vídeos de entrenamiento, formularios de recogida de datos y herramientas informáticas necesarias para analizar los resultados.

Fuente científica: Hargrave, S. H. y colaboradores. Cognitive Assessment for Neuropsychological Impairments in Dogs (CANID): An Efficient, Repeatable, and Sensitive Evaluation for Age-related Cognitive Dysfunction.

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