IM VETERINARIA #71

74 constante, que obliga a revisar y actualizar nuestros procedimientos”, apunta. Por su parte, la ortodoncia y la prostodoncia ofrecen soluciones en pacientes seleccionados. En estos casos, recuerda, la incorporación de nuevas técnicas debe responder siempre a una finalidad clínica. “El tratamiento de una maloclusión debe responder a una indicación funcional o a la prevención y resolución de traumatismos sobre dientes y tejidos orales”, afirma. Del mismo modo, una restauración protésica debe aportar un beneficio concreto. “La incorporación de nuevas técnicas tiene valor cuando mejora el pronóstico, preserva la función o reduce la morbilidad del tratamiento”, añade. Durante su trayectoria, Javier Collados ha podido conocer de cerca la odontología veterinaria tanto en Europa como en Estados Unidos. Del país norteamericano destaca que cuenta con una trayectoria más prolongada en la integración de las especialidades y la derivación dentro de la práctica clínica. Según su experiencia, allí el propietario está más familiarizado con la figura del especialista diplomado y con la colaboración entre este y su veterinario habitual, lo que facilita el acceso a procedimientos de mayor complejidad. En Europa existen diferencias entre países, pero la formación especializada se ha consolidado y España ha experimentado un desarrollo importante. “Contamos con más profesionales cualificados y centros con equipamiento avanzado”, señala. El reto, a su juicio, consiste ahora en que ese progreso se traduzca en una atención consistente y en una mejor coordinación entre los distintos niveles asistenciales. Para el veterinario, también es importante diferenciar los distintos niveles de formación y reconocimiento. Las diplomaturas del European Veterinary Dental College y del American Veterinary Dental College constituyen referencias internacionales de formación clínica especializada y exigen programas de formación supervisada, requisitos clínicos y científicos y evaluaciones específicas. En España, la Organización Colegial Veterinaria está desarrollando su propio sistema de reconocimiento profesional, con los niveles de Diplomado OCV y Certificado OCV, mientras que las acreditaciones de AVEPA han desempeñado un papel importante en el reconocimiento de la formación intermedia y la dedicación clínica a áreas concretas, como la Odontología y Cirugía Oral. “Las diplomaturas internacionales, los reconocimientos de la OCV y las acreditaciones de AVEPA deben explicarse con sus respectivas denominaciones y requisitos, sin presentarlos como titulaciones equivalentes”, puntualiza. Esta diferenciación permite identificar mejor la cualificación del profesional y adecuar la complejidad del procedimiento a su formación y a los medios disponibles. “No todos los casos requieren un diplomado, pero los casos complejos deben poder acceder a una atención especializada”, agrega. El reto pendiente Esa es precisamente una de las asignaturas pendientes, “generalizar una odontología básica correctamente realizada”. El progreso de la especialidad, considera, no debe medirse únicamente por las técnicas avanzadas disponibles en los centros de referencia, sino también por la calidad del examen oral, el diagnóstico y los tratamientos que se realizan cada día en las clínicas generalistas. Para ello, reclama formación sólida en patología oral y dental, radiología intraoral, periodoncia, extracciones y cirugía oral básica. La radiología dental debe integrarse de forma habitual, ya que no es posible establecer un diagnóstico completo ni planificar numerosos tratamientos valorando únicamente las coronas. “Las imágenes son imprescindibles para estudiar las raíces y los tejidos perirradiculares, orientar la intervención y comprobar su resultado cuando corresponde”, resalta. También considera necesario reforzar la educación sanitaria de los propietarios y la continuidad de los cuidados. Explicar el diagnóstico, mostrar los hallazgos radiográficos y establecer un programa de prevención facilita su implicación. “El cepillado diario, si el paciente lo tolera, es la medida más eficaz de control de placa en el domicilio”, acompañado de revisiones y de un seguimiento adaptado al riesgo y a la enfermedad de cada animal. En definitiva, Collados reivindica que la odontología ocupe el lugar que le corresponde dentro de la medicina veterinaria. “Las enfermedades orales pueden provocar dolor, infección y pérdida de función, y comprometer de forma importante la calidad de vida”, comenta. Por ello, considera que la consolidación de la disciplina en España pasa por extender una atención básica de calidad y reforzar una red de especialistas para los casos de mayor complejidad, con “una atención primaria bien formada y equipada, con acceso a servicios de referencia y una comunicación fluida entre profesionales”. La evolución experimentada desde 2013, concluye, demuestra que ese objetivo es alcanzable; el siguiente paso es “conseguir que esa mejora llegue de forma habitual a más pacientes”. “NO TODOS LOS CASOS REQUIEREN UN DIPLOMADO, PERO LOS CASOS COMPLEJOS DEBEN PODER ACCEDER A UNA ATENCIÓN ESPECIALIZADA”

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