IM VETERINARIA #71

50 Tanto es así, subraya, que “la mínima invasión está suponiendo una auténtica revolución, igual que ocurrió previamente en medicina humana”. Poder retirar determinados cálculos mediante cistoscopia o cirugía laparoasistida, realizar procedimientos sobre la vesícula biliar mediante abordajes mínimamente invasivos o resolver determinadas obstrucciones evitando cirugías más agresivas cambia enormemente la recuperación de los pacientes. En cuanto a las terapias, también remarca que se ha avanzado muchísimo en el tratamiento de la obstrucción ureteral, una causa importante de lesión renal aguda, gracias a técnicas como los dispositivos SUB para determinadas obstrucciones ureterales. Y, al mismo tiempo, están apareciendo campos terapéuticos “realmente apasionantes”: el estudio de los trasplantes de microbiota fecal en determinadas enteropatías, las terapias inhaladas y la inmunoterapia en enfermedad respiratoria, nuevos tratamientos frente a la anemia asociada a enfermedad renal crónica, etc. “Y, por supuesto, los antivirales frente a enfermedades que hasta hace muy poco considerábamos incurables, como la peritonitis infecciosa felina. Estamos viviendo una etapa especialmente emocionante en medicina felina”, incide Marisa Palmero. Avanzando hacia la mínima invasión De cara al futuro, cree precisamente que la especialidad va a seguir avanzando muchísimo en procedimientos mínimamente invasivos e intervencionistas. “Veremos incorporarse nuevas técnicas, como la litotricia para el tratamiento de determinados cálculos, que permitirán resolver problemas de una manera cada vez menos agresiva”, vaticina. A su modo de ver, la odontología es otro campo realmente prometedor. “Actualmente no se entiende el diagnóstico o la terapia de la patología oral (enfermedad periodontal, gingivoestomatitis, fracturas...) sin el uso de radiología dental, y la capacidad de crecimiento de esta especialidad es enorme”, argumenta. También considera que hay líneas muy interesantes en el desarrollo de nuevos antivirales y tratamientos dirigidos a enfermedades complejas, como la gingivoestomatitis crónica felina. En general, “creo que el futuro pasa por diagnosticar antes, conocer mejor los mecanismos de cada enfermedad y tratar de una forma cada vez más específica y menos invasiva”, resume. Esto contrasta con uno de los mayores retos de la especialidad, que, según la veterinaria, es precisamente la velocidad a la que está evolucionando. “La medicina felina no para de cambiar. Continuamente aparecen nuevas evidencias, técnicas diagnósticas, tratamientos y formas diferentes de abordar enfermedades que creíamos conocer bien. Eso obliga a los veterinarios que trabajamos con gatos a mantener una formación constante”, esgrime. Y por eso, cree que es importante transmitirlo también a los veterinarios más jóvenes: “Estudiar no termina cuando acabas la carrera o una especialización, forma parte de nuestra profesión durante toda la vida”. “Puede parecer un reto enorme, pero para mí es justamente una de las cosas más emocionantes de dedicarse a la medicina felina”, reflexiona. En este sentido, y después de tantos años dedicada a la medicina felina, una de las cosas que más valora es poder seguir aprendiendo y compartir esa evolución con otros compañeros. “Tenemos la suerte de estar viviendo una etapa en la que continuamente aparecen nuevas posibilidades para nuestros pacientes. Poder aprenderlas, aplicarlas, enseñarlas y compartirlas con un equipo que tiene la misma ilusión por la medicina felina es un auténtico lujo”, manifiesta Palmero. Al final, concluye, todo ese conocimiento tiene un único objetivo: “que nuestros gatos vivan más y, sobre todo, que vivan mejor”. “CREO QUE EL FUTURO PASA POR DIAGNOSTICAR ANTES, CONOCER MEJOR LOS MECANISMOS DE CADA ENFERMEDAD Y TRATAR DE UNA FORMA CADA VEZ MÁS ESPECÍFICA Y MENOS INVASIVA”

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