IM VETERINARIA #71

49 años, debemos intensificar progresivamente la medicina preventiva. Las analíticas nos permiten detectar alteraciones muy precoces, como anemia, inflamación o enfermedad renal, pero actualmente podemos ir mucho más allá”, desarrolla la profesional. Asimismo, las pruebas de imagen han adquirido un papel fundamental. “La ecografía nos permite detectar de forma temprana enfermedad renal, intestinal, pancreática o hepatobiliar, entre otras muchas patologías. También podemos incorporar radiografías torácicas o articulares cuando están indicadas, además de la medición de la presión arterial, determinación de T4 y una exploración oral cuidadosa”, cuenta Palmero. Lo ideal es distribuir estos controles, al menos, en dos visitas anuales, adaptándolos siempre a la edad, antecedentes y factores de riesgo de cada gato. Y, por supuesto, “la medicina preventiva incluye también mantener correctamente los protocolos de vacunación y desparasitación, individualizándolos según el estilo de vida y el riesgo de cada paciente”, recuerda la experta. Se da otra circunstancia, y es que muchas enfermedades o problemas de salud todavía siguen siendo grandes desconocidos para los propietarios de gatos, como asegura Marisa Palmero. La enfermedad oral, por ejemplo, “es enormemente frecuente y puede pasar desapercibida durante mucho tiempo, entre otras cosas porque no siempre es fácil explorar la boca de un gato en casa”. La enfermedad periodontal es un factor de progresión de la enfermedad renal y de la patología respiratoria; “por eso es también importante diagnosticarla y tratarla”, agrega. También ocurre con la enfermedad articular. Muchas veces se interpreta que un gato mayor salta menos, juega menos o se mueve menos simplemente porque “se está haciendo mayor”, cuando detrás existe realmente dolor por artrosis. Otro ejemplo muy frecuente es el vómito crónico. “Se ha normalizado durante años la idea de que los gatos vomitan bolas de pelo, cuando un gato que vomita de manera recurrente puede estar manifestando una enteropatía crónica u otra enfermedad digestiva”, advierte. Lo mismo ocurre con la tos, que en ocasiones incluso se confunde con intentos de expulsar una bola de pelo. En suma, todavía existe bastante desconocimiento, pero cree que ahí tienen una responsabilidad importante los equipos veterinarios: “Cada consulta es también una oportunidad para formar a las familias y enseñarles qué cambios deben observar en sus gatos”. Cabe señalar, además, que el aumento de la esperanza de vida de los gatos no ha sucedido por casualidad. Es consecuencia, entre otras cosas, de una mejor medicina preventiva y de una enorme evolución de la capacidad diagnóstica. “La incorporación rutinaria del diagnóstico por imagen, y especialmente de la ecografía, ha supuesto un cambio extraordinario”, asegura la doctora, pues permite detectar patologías que antes podían permanecer ocultas: obstrucciones ureterales, pielonefritis, pancreatitis, enteropatías crónicas, linfomas de bajo grado y muchas otras enfermedades. “Antes podíamos realizar una analítica y concluir que un gato tenía enfermedad renal. Ahora el siguiente paso es preguntarnos: ‘¿Por qué tiene enfermedad renal?’”, subraya. Y esa pregunta, en su opinión, cambia completamente la forma de hacer medicina, “porque en determinados pacientes podemos encontrar una causa tratable y resolverla”. Otro gran salto ha sido el desarrollo de las técnicas de mínima invasión para el diagnóstico de enfermedades respiratorias, digestivas y urinarias. “La disponibilidad de endoscopios de pequeño calibre nos permite realizar procedimientos muy poco invasivos y relativamente cortos, obteniendo muestras y llegando a diagnósticos que hace años eran mucho más difíciles de conseguir”, recuerda la fundadora de Gattos. “CADA CONSULTA ES TAMBIÉN UNA OPORTUNIDAD PARA FORMAR A LAS FAMILIAS Y ENSEÑARLES QUÉ CAMBIOS DEBEN OBSERVAR EN SUS GATOS”

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