IM VETERINARIA #70

78 de vida y el bienestar emocional de los pacientes, sino, sobre todo, de sus familias. Porque la epilepsia puede generar una gran incertidumbre tanto en quien la padece como en su entorno. “Muchas familias viven con el temor constante a que se produzca una crisis inesperada. Por ello, la presencia de un perro de alerta médica puede ayudar a reducir parte de esa ansiedad porque aporta una sensación adicional de acompañamiento y apoyo. Además, el vínculo emocional que se desarrolla entre la persona y el perro favorece el bienestar psicológico, combate el aislamiento social y contribuye a una mayor participación en actividades cotidianas”, indica. De ahí que, como nos comentan desde Purina España, en muchos casos el impacto emocional es tan importante como el funcional. Y esto se aprecia en las historias o casos reales que reflejan, especialmente, el impacto que estos perros pueden tener en la vida de las personas con epilepsia. “Lo que más nos emociona son las historias que hablan de pequeños grandes cambios. Personas que vuelven a salir solas a la calle, que recuperan actividades que habían abandonado por miedo o familias que consiguen reducir la preocupación constante asociada a la enfermedad. De ahí que, más allá de casos concretos, hemos apreciado un denominador común en todos los testimonios: la sensación de recuperar confianza y calidad de vida. Es ahí donde realmente se aprecia el valor de estos perros y el enorme trabajo que hay detrás de su formación”, añade. Equilibrados y sociables Para que estos perros puedan desempeñar esa labor, su formación puede prolongarse entre uno y dos años. Un proceso largo y muy exigente. “En primer lugar, se realiza una selección de perros que presentan las aptitudes adecuadas desde el punto de vista conductual y sanitario. Posteriormente, comienza una fase de socialización y educación básica, fundamental para que el perro pueda desenvolverse con seguridad en distintos entornos. Después se trabaja la detección y asociación de señales relacionadas con las crisis, así como las conductas de alerta y asistencia. Finalmente, se lleva a cabo un periodo de adaptación junto a la persona usuaria para construir una relación sólida y asegurar que el binomio funcione de forma eficaz en la vida cotidiana”, afirma. Es decir, se trata de programas altamente estructurados que combinan bienestar animal, adiestramiento técnico y seguimiento continuo. Aparte de que es muy recomendable seguir haciendo un seguimiento con profesionales para reforzar estos comportamientos adquiridos y detectar cuanto antes cualquier variación. En este sentido, entre las características principales que debe reunir un perro para convertirse en candidato a este tipo de programas de asistencia especializada, se buscan, sobre todo, “perros equilibrados, sociables, motivados para trabajar con las personas, con buena capacidad de aprendizaje y adaptación, y que mantengan la concentración incluso en entornos complejos. Además, es imprescindible que gocen de una excelente salud física y emocional. Destacar, asimismo, que la estabilidad del temperamento es, probablemente, uno de los factores más importantes, porque estos perros deben desempeñar una labor muy exigente durante muchos años”, apostilla. Pero, a pesar de los múltiples beneficios y de todo lo que nos está comentando Saperas, todavía existe un gran desconocimiento sobre los perros “UN PERRO DE ASISTENCIA NECESITA MANTENER UNA CONDICIÓN FÍSICA ÓPTIMA, UNA BUENA SALUD COGNITIVA Y ALTOS NIVELES DE ENERGÍA Y CONCENTRACIÓN”

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