IM VETERINARIA #70

77 La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por la aparición de crisis recurrentes e impredecibles que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo. En este contexto, Purina sigue reforzando su compromiso con la salud y el bienestar de las personas apostando por la formación de perros de asistencia especializados en detección de crisis epilépticas, a través de su colaboración con CANEM Perros de Alerta. Sobre todo, porque los perros de alerta epiléptica se han convertido en un apoyo cada vez más relevante para mejorar la seguridad y calidad de vida de quienes conviven con esta patología. En este sentido, el programa integra el trabajo técnico de adiestramiento, por parte de CANEM, con el conocimiento en nutrición avanzada de Purina, clave para cubrir las necesidades energéticas y cognitivas de los perros durante su etapa de formación y servicio. “En Purina creemos firmemente en el poder transformador del vínculo entre las personas y los animales. De hecho, llevamos años trabajando para demostrar cómo los perros pueden contribuir de forma positiva a la salud física, emocional y social de las personas, especialmente en situaciones de vulnerabilidad”, señala Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España. “Nuestra colaboración con CANEM surge, precisamente, de esa convicción. Los perros de alerta médica representan un ejemplo extraordinario de cómo el vínculo humano-animal puede convertirse en una herramienta de apoyo real para personas con epilepsia o diabetes y sus familias. Además, se trata de una labor que combina bienestar animal, innovación, formación especializada e impacto social, valores con los que nos sentimos profundamente identificados”, sostiene. Cabe señalar que, en España, la epilepsia afecta a entre 400.000 y 500.000 personas, con entre 12.400 y 22.000 nuevos casos anuales, muchos de los cuales también se dan en la infancia. De ahí que los perros de alerta epiléptica se hayan convertido en una herramienta de apoyo complementaria dentro del abordaje integral de la epilepsia, ya que este tipo de animales han sido especialmente seleccionados y entrenados para detectar determinadas señales asociadas a una posible crisis y comunicar esa información a la persona o a su entorno mediante conductas previamente aprendidas. “Además de esa función de alerta, muchos de estos perros también realizan tareas de asistencia durante o después de la crisis, como buscar ayuda, permanecer junto a la persona para ofrecer apoyo y seguridad, activar sistemas de aviso o acompañarla durante la recuperación. Por eso, su papel va mucho más allá de la alerta; se convierten en compañeros que aportan estabilidad, confianza y apoyo cotidiano”, matiza. Sensación de seguridad Y aunque todavía se sigue investigando cuáles son exactamente los mecanismos implicados respecto a la capacidad de algunos perros para detectar de forma anticipada una crisis epiléptica, y, como apunta Saperas, “no todos los perros presentan esta capacidad de la misma manera”, sí es cierto que existe un creciente consenso en que ciertos perros pueden percibir señales biológicas o conductuales imperceptibles para las personas. “Precisamente, por ello, son tan importantes los programas especializados de selección, evaluación y entrenamiento continuo como los que desarrolla CANEM. Fundamentalmente, porque estos perros pueden llegar a detectar cambios sutiles en el organismo o el comportamiento de la persona antes de una crisis; por ejemplo, cambios en el olor corporal, derivados de variaciones metabólicas o químicas previas a una crisis. También podrían detectar cambios muy sutiles en la postura, el movimiento, la respiración, el tono muscular o determinados patrones de comportamiento. Lo fascinante es que los perros poseen capacidades sensoriales extraordinarias y pueden integrar múltiples señales simultáneamente, algo que todavía estamos tratando de comprender en profundidad desde la ciencia”, asegura. Pero, más allá de la alerta, estos perros también contribuyen a la recuperación postcrisis, permaneciendo junto a la persona y facilitando una transición más segura tras el episodio. Por otro lado, la presencia de estos animales junto a la persona también se asocia a una mejora de la percepción de autonomía y reducción de la ansiedad anticipatoria, factores especialmente relevantes en una enfermedad caracterizada por su imprevisibilidad. Por todo ello, el impacto que tiene contar con un perro de alerta médica en la sensación de seguridad y autonomía de las personas afectadas es, sin duda, muy elevado. De hecho, uno de lose beneficios que más destacan las personas usuarias es, precisamente, la mayor sensación de seguridad. Saber que cuentan con un compañero entrenado para acompañarlas y responder ante determinadas situaciones les permite afrontar el día a día con más confianza. “Esto puede traducirse en una mayor autonomía personal, una mayor disposición a participar en actividades sociales o educativas y una reducción del miedo asociado a sufrir una crisis fuera del entorno familiar. Aunque cada caso es diferente, muchas personas describen una mejora significativa en su independencia y calidad de vida”, destaca la veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España. Pero los perros de alerta médica no solo contribuyen a mejorar la calidad

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