IM VETERINARIA #70

21 que experimentan los profesionales veterinarios no responde solamente a un único factor, sino a una acumulación de tensiones estructurales y emocionales. Más aún si tenemos en cuenta que la interferencia entre el trabajo y la vida personal, así como la incapacidad para desconectar son otros de los problemas estructurales identificados. Solo el 22,8 % de los veterinarios afirma poder desconectar siempre fuera del horario laboral, el 51,5 % señala que lo consigue solo a veces, el 21,8 % de los profesionales que rara vez lo logra, y casi un 4 % afirma que nunca puede desconectar de su trabajo. En términos globales, el 77,2 % tiene dificultades regulares para desconectar, lo que genera un estrés crónico que se extiende más allá de su entorno laboral. Asimismo, el 42,6 % experimenta interferencias de manera frecuente o continua del trabajo con su vida personal y familiar; un 18,9 % siempre o continuamente, mientras que casi un 40 % manifestó sentir interferencias entre su trabajo y su vida personal/familiar. Cabe destacar que ninguno de los encuestados respondió “nunca” a esta pregunta, lo que subraya la universalidad del problema. Por otra parte, la brecha entre lo que se espera del trabajo veterinario y lo que realmente ocurre constituye otro motivo de desafección. El 74,3 % de los participantes en este estudio afirma que su experiencia profesional no coincide con lo que esperaba al iniciar la carrera. Y solo el 4 % considera que su trayectoria ha cumplido totalmente sus expectativas, lo que refleja una desilusión generalizada dentro del sector. No es raro, por lo tanto, que estos desafíos afecten directamente a la motivación y al bienestar personal. Algunos profesionales confiesan haber perdido la ilusión por completo y se plantean abandonar la clínica, aunque el miedo al cambio se lo impida. Otros expresan que la percepción externa añade una carga adicional y consideran que “muchos clientes creen que hacemos todo por dinero, no por el bien del animal”. Incluso hay quienes reflexionan sobre el valor de su carrera y la comparan con otros trabajos, como el caso de un veterinario que afirma que “siento que mi vida sería mejor si volviera a mi antiguo trabajo de camarera”. Algunos profesionales van más allá y describen un sector que atraviesa momentos muy difíciles: “El sector veterinario está muy mal en España. Entiendo que muchos acaben abandonando la profesión, sólo nos mantiene la vocación”. Testimonios que ayudan a comprender el contexto emocional que hay detrás. Impacto negativo Asimismo, el Real Decreto 666/2023 es percibido como un elemento adicional de estrés y ha tenido mucho impacto en su labor diaria. Así, el 74,3 % de los veterinarios lo considera injusto y perjudicial para la profesión, a la vez que el mismo porcentaje afirma que aumenta significativamente el estrés laboral. Entre los impactos negativos específicos señalados destacan la generación de incertidumbre sobre la responsabilidad legal (31,7 %), el aumento de la carga de trabajo sin recursos suficientes (15,8 %) y el incremento de la burocracia (13,9 %), aunque casi un 2 % de los encuestados considera que este Real Decreto 666/2023 es una norma necesaria y positiva. En este caso, algunos de los veterinarios participantes en el estudio destacan que esta nueva ley les limita en su trabajo: “Es injusta porque hace creer que no tenemos la suficiente formación para decidir cuándo dar un fármaco”, “Nos ata de pies y manos a la hora de tratar animales que necesitan tratamiento urgente” o “Limita el criterio clínico, ningunea nuestra formación”, apuntan algunos de ellos. Una sensación de agotamiento, fracaso y desgaste emocional que se da en todos los grupos demográficos que han participado, aunque destacan algunos patrones diferenciados. Así, por ejemplo, los profesionales más jóvenes LOS PROFESIONALES MÁS JÓVENES PRESENTAN MAYORES NIVELES DE ANSIEDAD E INSOMNIO, MIENTRAS QUE LOS VETERINARIOS EN LA MITAD DE LA CARRERA REPORTAN MAYOR BURNOUT E INSATISFACCIÓN SALARIAL (de entre 20 y 24 años) presentan mayores niveles de ansiedad, insomnio e ideas suicidas, mientras que los veterinarios que se encuentran en la fase intermedia de su carrera (de 35 a 55 años), reportan mayor burnout e insatisfacción salarial. A su vez, los profesionales mayores de 55 años muestran un bienestar mental ligeramente mejor, pero señalan una mayor interferencia entre trabajo y vida personal. Atendiendo al género, las mujeres -que representan el 58,4 % de la muestra- reportan mayor ansiedad (92 % frente al 85 % en hombres) y una mayor apertura a buscar apoyo psicológico. Por otro lado, también se ven más afectadas por la falta de reconocimiento y el desequilibrio entre trabajo y vida personal. En el caso de los profesionales con mayor experiencia, más de 20 años de carrera profesional, en donde se vislumbra una mayor desilusión respecto al declive del sector, mientras que los profesionales que cuentan con menos de cinco años de profesión expresan mayor incertidumbre sobre la viabilidad de la carrera a largo plazo.

RkJQdWJsaXNoZXIy NTI5ODA=