15 El sector veterinario atraviesa una encrucijada histórica. Mientras la medicina animal avanza hacia una excelencia técnica sin precedentes, la salud mental de quienes la ejercen se ha mantenido durante décadas en una zona de sombra. La llegada al mercado laboral de las nuevas generaciones, más conscientes y resilientes en su vulnerabilidad, no es una amenaza para la productividad, sino la oportunidad definitiva para profesionalizar el bienestar. En este artículo exploramos cómo la convivencia generacional y la integración de políticas de cuidado son, hoy, una vía necesaria para garantizar la sostenibilidad emocional y la fidelización del talento en clínicas y profesiones veterinarias de producción. Modelo tradicional vs. actual Históricamente, la profesión veterinaria ha estado cimentada sobre pilares como el estoicismo, la vocación de servicio absoluto y la resiliencia silenciosa. Como sucede en otras profesiones de servicio a la vida, se ha normalizado el ‘sufrimiento profesional’ y la ‘entrega total’ a pesar de la escasez de recursos y el reto que supone mantener un equilibrio sano. A esto le sumamos la creciente presión de los propietarios porque sean todopoderosos, respondan a sus demandas y prioricen a sus animales sobre el resto de factores que deben considerar. La literatura científica y los datos sobre bienestar animal nos muestran una realidad incómoda: el sector veterinario presenta tasas de burnout, fatiga por compasión y tendencias suicidas significativamente superiores a la media de la población general. Hasta hace muy poco, el bienestar era una responsabilidad individual: si un profesional colapsaba, se le instaba a ‘hacerse más fuerte’. Sin embargo, el paradigma está cambiando. La salud mental ha dejado de ser un asunto privado para convertirse en un riesgo laboral que afecta a la seguridad del paciente (los animales) y a la calidad asistencial. Entre todo este ruido, la gestión de las clínicas y los profesionales veterinarios están dando la bienvenida a nuevas oleadas de generaciones que aportan un sistema operativo distinto. ¿Beneficia esto a la salud mental del sector? El perfil psicosocial de la nueva generación Las nuevas generaciones (generación Z o centennials y generación Alfa) llegan poniendo, de entrada, límites y nuevos conceptos sobre la mesa de cualquier profesión. Y esto se debe a las estrategias adaptativas que han adoptado tras observar las consecuencias de trabajar duro en generaciones anteriores: problemas de salud, despidos masivos, infelicidad… Mientras las generaciones anteriores veían la especialización como una escalera: estudiar años, ascender en un solo empleador y jubilarse allí; la Gen Z ve el mercado como un ecosistema volátil. Tienen miedo a la hiperespecialización temprana porque temen que, si el mercado cambia o la tecnología (IA, por ejemplo) automatiza esa rama, se queden obsoletos. También se observa en ellos un cierto ‘desapego al trabajo’, lo que no deja de ser una respuesta de preservación para protegerse de impactos emocionales relacionados con su profesión. Así pues, el perfil psicosocial de estas nuevas generaciones se caracteriza por una mayor alfabetización emocional: identifican mejor sus límites, comprenden la importancia del autocuidado (han normalizado ir a terapia y hablar de ansiedad), no ven la salud mental como una debilidad
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