IM VETERINARIA #69

77 Prevención: la herramienta más eficaz En este contexto, la prevención constituye la estrategia más eficiente para reducir la incidencia de la leishmaniosis tanto en el perro como en las personas. Las medidas recomendadas incluyen: • Uso de insecticidas con efecto repelente (collares, pipetas o sprays), fundamentales para evitar la picadura del flebótomo. • Vacunación, que contribuye a reducir el riesgo de desarrollar enfermedad clínica. • Medidas de manejo, como mantener a los perros en el interior durante las horas de máxima actividad del vector (anochecer y amanecer). • Control ambiental, reduciendo los focos de cría del flebótomo. La combinación de estas medidas permite disminuir tanto la probabilidad de infección como la carga parasitaria en el entorno. Una responsabilidad compartida El control de la leishmaniosis requiere la implicación conjunta de veterinarios, tutores y autoridades sanitarias. En la práctica clínica, esto implica no solo tratar a los animales enfermos, sino también promover activamente la prevención en todos los perros, incluso en aquellos aparentemente sanos. Dado el papel del perro como principal reservorio, reducir la prevalencia en esta especie es una de las acciones más efectivas para controlar la enfermedad a nivel poblacional. A largo plazo, no solo hay que implicar al sector sanitario en la prevención de la leishmaniosis, sino que hay que considerar la opinión de entomólogos, ambientalistas e incluso arquitectos para evitar cometer errores que faciliten la reproducción de los vectores que transmiten muchas enfermedades infecciosas, incluida la leishmaniosis. Conclusión La leishmaniosis canina es una enfermedad compleja, en expansión y con importantes implicaciones zoonósicas. Su control no puede basarse únicamente en el tratamiento, sino que debe centrarse en la prevención. El veterinario desempeña un papel clave en este proceso, no solo en el diagnóstico y manejo clínico, sino también en la educación del tutor y en la implementación de estrategias preventivas. En definitiva, prevenir la leishmaniosis en el perro no es solo proteger su salud y bienestar, sino también contribuir de forma directa a la protección de la salud pública. nas previamente consideradas no endémicas, especialmente en el norte de España y en el centro de Europa, están registrando nuevos casos. Entre los principales factores implicados en esta expansión, destacan el cambio climático que favorece la supervivencia y expansión del vector, el movimiento de animales y personas y las modificaciones del entorno derivadas de la actividad humana. Este riesgo cobra especial relevancia en los periodos vacacionales, cuando aumentan los desplazamientos de mascotas entre zonas con distinta presencia del vector. Viajar con perros a áreas endémicas, o desde ellas hacia zonas tradicionalmente menos afectadas, puede contribuir a modificar el mapa de exposición. En un contexto de cambio climático, con condiciones cada vez más favorables para la supervivencia del flebótomo, la prevención debe contemplarse también antes y durante los viajes. Una zoonosis con impacto real en salud humana Desde el punto de vista médico, la leishmaniasis puede manifestarse en humanos principalmente como formas cutáneas o viscerales. Esta última es la más grave y puede provocar fiebre prolongada, anemia, pérdida de peso y afectación hepatoesplénica, llegando a ser potencialmente mortal si no se trata adecuadamente. Las últimas cifras publicadas por RENAVE (Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica) sobre los casos registrados en España, indican que se notificaron un total de 485 casos, siendo las comunidades autónomas con mayor prevalencia Cataluña y la Comunidad Valenciana con un total de 103 y 149 casos respectivamente. En humanos es fundamental evitar las picaduras y realizar diagnóstico precoz y tratamiento de los casos, especialmente en la población inmunodeprimida, pero sin lugar a duda, el enfoque One Health resulta especialmente relevante. El perro: pieza clave en el ciclo de la leishmaniosis La leishmaniosis está causada por protozoos del género Leishmania y se transmite mediante la picadura de flebótomos. En Europa, y especialmente en España, el perro es el principal hospedador que mantiene el ciclo del parásito. Cuando un flebótomo se alimenta de un perro infectado, puede adquirir el parásito y transmitirlo posteriormente a otros animales o a las personas. Este hecho sitúa a la especie canina en el centro de la epidemiología de la enfermedad. Sin embargo, uno de los aspectos más críticos es que la infección no siempre se traduce en enfermedad clínica. Un porcentaje significativo de perros puede permanecer asintomático durante largos periodos, actuando como reservorios subclínicos y contribuyendo de forma silenciosa a la dispersión del parásito. Este fenómeno, junto con el descubrimiento de nuevos reservorios como la especie felina y fauna silvestre, dificulta enormemente el control de la enfermedad, ya que animales aparentemente sanos siguen siendo fuente de infección. Una enfermedad crónica y difícil de eliminar La leishmaniosis canina presenta características que complican su manejo clínico y epidemiológico: una evolución impredecible, desde infecciones subclínicas hasta enfermedad grave; la persistencia del parásito incluso tras el tratamiento; las frecuentes recaídas y un diagnóstico complejo que a menudo requiere múltiples pruebas. El tratamiento, basado en la combinación de fármacos leishmanicidas y leishmaniostáticos, permite controlar la enfermedad, pero rara vez consigue eliminar completamente el parásito. Esto implica que muchos perros tratados pueden seguir siendo potenciales fuentes de infección. Por ello, la prevención adquiere un valor estratégico mucho mayor.

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