IM VETERINARIA #69

75 El uso combinado de fármacos como antimoniales, miltefosina y alopurinol ha demostrado ser eficaz para reducir la carga parasitaria y modular la respuesta inmunitaria. Aun así, el manejo suele ser crónico y requiere revisiones periódicas, lo que implica un compromiso a largo plazo por parte del propietario. La prevención se erige como el pilar en la lucha contra la leishmaniosis. Se ha demostrado que la combinación de medidas repelentes, como collares y pipetas, con estrategias de inmunización ofrece una protección más eficaz. Igualmente, se recomienda evitar la exposición del animal durante las horas de mayor actividad del vector, así como implementar medidas ambientales que reduzcan la presencia de flebótomos. La vacunación, aunque no proporciona una protección absoluta, contribuye a disminuir la probabilidad de desarrollar enfermedad clínica. Ehrlichiosis canina: una patología bacteriana emergente La ehrlichiosis canina es una enfermedad infecciosa causada por bacterias intracelulares del género Ehrlichia, siendo Ehrlichia canis la especie más relevante en la clínica veterinaria. Tradicionalmente considerada poco frecuente en determinadas regiones, su incidencia ha aumentado notablemente en los últimos años, en gran parte gracias a la mejora de las técnicas diagnósticas. La transmisión se produce a través de la picadura de garrapatas, principalmente Rhipicephalus sanguineus. Este vector presenta una gran capacidad de adaptación a distintos entornos, incluyendo áreas urbanas y periurbanas, lo que facilita la expansión de la enfermedad. Se ha documentado que la garrapata puede mantener la capacidad de transmitir la infección durante meses tras haberse alimentado de un animal infectado, lo que incrementa el riesgo de propagación. Desde el punto de vista clínico, la ehrlichiosis se caracteriza por un curso evolutivo en tres fases: aguda, subclínica y crónica. En la fase aguda, que puede pasar desapercibida, los signos son inespecíficos e incluyen fiebre, letargia, anorexia y pérdida de peso. A medida que la enfermedad progresa, puede entrar en una fase subclínica en la que el animal no presenta síntomas evidentes, aunque persisten alteraciones hematológicas. En los casos en los que la infección no se resuelve, se desarrolla una fase crónica que puede resultar grave e incluso mortal. En esta etapa, se observan signos como anemia, trombocitopenia, hemorragias –especialmente epistaxis–, debilidad generalizada y alteraciones neurológicas o renales. La variabilidad clínica es amplia, lo que dificulta el diagnóstico basado únicamente en la sintomatología. El diagnóstico de la ehrlichiosis se basa en la combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio. El hemograma suele revelar alteraciones características como trombocitopenia y anemia. Las pruebas serológicas permiten detectar anticuerpos, mientras que la PCR ofrece una mayor sensibilidad y especificidad, especialmente en fases tempranas. La observación de mórulas en frotis sanguíneo puede ser útil en la fase aguda, aunque su sensibilidad es limitada. El tratamiento de elección es la doxiciclina, un antibiótico con alta penetración intracelular que ha demostrado una gran eficacia frente a Ehrlichia canis. Los clínicos señalan que la respuesta al tratamiento suele ser rápida cuando se instaura en fases iniciales, con mejoría evidente en las primeras 24-48 horas. No obstante, en casos crónicos o con afectación severa, pueden ser necesarias terapias de soporte adicionales. La prevención de la ehrlichiosis se centra en el control de las garrapatas. El uso regular de antiparasitarios externos, junto con la inspección frecuente del animal y el mantenimiento de un entorno limpio, son medidas fundamentales. Se destaca la importancia de intensificar estas medidas durante los periodos de mayor actividad vectorial, coincidiendo con la primavera y el verano. Riesgo de coinfección En la práctica veterinaria actual, la coinfección por múltiples patógenos transmitidos por vectores se ha convertido en un fenómeno habitual. Estudios recientes han puesto de manifiesto la elevada prevalencia de infecciones simultáneas en perros. Investigaciones prospectivas han evidenciado que los perros con leishmaniosis clínica presentan una mayor probabilidad de estar infectados por Ehrlichia canis en comparación con animales sanos. Este hallazgo sugiere una posible interacción entre ambos patógenos, posiblemente relacionada con la modulación del sistema inmunitario del hospedador. A su vez, se ha observado la presencia de otros agentes transmitidos por vectores en estos pacientes, lo que complica aún más el cuadro clínico. Más prevención y control veterinario Ante la complejidad de estas patologías, los expertos coinciden en la necesidad de la prevención y el control veterinario periódico. Las revisiones regulares permiten detectar infecciones en fases tempranas, incluso en ausencia de síntomas, lo que mejora el pronóstico. Se recomienda la realización de pruebas diagnósticas de forma rutinaria en perros que viven o viajan a zonas endémicas, especialmente durante los meses de mayor actividad de vectores. La educación de los propietarios también es clave en la implementación de medidas preventivas y en la detección precoz de signos clínicos. Desde una perspectiva global, la lucha contra la leishmaniosis y la ehrlichiosis requiere un enfoque multidisciplinar que integre la medicina veterinaria, la salud pública y la gestión ambiental. En un escenario marcado por el cambio climático y la expansión de vectores, la vigilancia epidemiológica y la actualización constante de los protocolos clínicos se presentan como herramientas imprescindibles para afrontar estos desafíos. LA LEISHMANIOSIS Y LA EHRLICHIOSIS CANINA DEPENDEN DE VECTORES PARA SU TRANSMISIÓN, PRESENTAN UNA ELEVADA INCIDENCIA EN LA CUENCA MEDITERRÁNEA Y AFECTAN PRINCIPALMENTE A PERROS

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