IM VETERINARIA #69

74 patologías es relativamente frecuente, lo que introduce un grado adicional de dificultad en el manejo de los pacientes. Este escenario obliga a los profesionales veterinarios a adoptar un enfoque integral, en el que la prevención, la detección precoz y el seguimiento continuado resultan esenciales. Leishmaniosis canina: una enfermedad crónica La leishmaniosis canina es descrita como una enfermedad parasitaria grave causada por protozoos del género Leishmania, siendo Leishmania infantum el agente etiológico predominante en Europa. Se trata de una zoonosis de gran relevancia, no solo por su impacto en la salud animal, sino también por sus implicaciones en salud pública. En la práctica clínica, se reconoce como una enfermedad crónica, de evolución variable y potencialmente mortal, especialmente cuando afecta a órganos vitales como el riñón. La transmisión se produce a través de la picadura de flebótomos, pequeños insectos que actúan como vectores biológicos. Estos artrópodos presentan hábitos nocturnos y encuentran en las condiciones climáticas de la región mediterránea un entorno ideal para su desarrollo, lo que explica la elevada endemicidad de la enfermedad en estas zonas. Se ha señalado que factores ambientales como la temperatura, la humedad y la presencia de materia orgánica influyen directamente en la densidad poblacional de estos insectos, incrementando el riesgo de transmisión. Uno de los aspectos más relevantes desde el punto de vista clínico es la capacidad de la enfermedad para permanecer asintomática durante largos periodos. Diversos estudios indican que un alto porcentaje de perros infectados no desarrolla signos clínicos evidentes, al menos en fases iniciales, lo que dificulta enormemente su detección. Durante este tiempo, el animal puede actuar como reservorio del parásito, contribuyendo a la perpetuación del ciclo epidemiológico sin que el propietario sea consciente de ello. Cuando la enfermedad se manifiesta clínicamente, lo hace con una sintomatología muy variada. Los signos cutáneos son frecuentes e incluyen alopecia, descamación, dermatitis, úlceras y crecimiento anómalo de las uñas. A nivel sistémico, se observan signos como pérdida de peso, apatía, fiebre intermitente y linfadenopatía. También son habituales las alteraciones oculares, digestivas y articulares. Sin embargo, es el compromiso renal el que determina en gran medida el pronóstico, siendo la insuficiencia renal una de las principales causas de muerte en perros afectados. El diagnóstico de la leishmaniosis requiere un enfoque combinado. En la práctica clínica se utilizan test rápidos para la detección de anticuerpos, que permiten una primera aproximación diagnóstica. No obstante, para confirmar la infección y evaluar su evolución, se recurre a técnicas más específicas como ELISA, inmunofluorescencia indirecta o PCR. En cuanto al tratamiento, los especialistas coinciden en que no existe una cura definitiva para la leishmaniosis. Sin embargo, los protocolos terapéuticos actuales permiten controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida del animal.

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