8 El grupo como herramienta terapéutica Uno de los elementos diferenciales del programa ‘EstarBien | BienEstar’ es su apuesta por el formato grupal. Las sesiones están diseñadas como entornos de trabajo estructurado donde se combinan herramientas clínicas, dinámicas experienciales y acompañamiento emocional. Andrea Juste define estos espacios como “grupos de apoyo mutuo en los que se incluyen relajación, meditación, trabajos de introspección y dinámicas grupales”. El objetivo no es únicamente aliviar el malestar, sino comprender los procesos internos que lo generan y desarrollar recursos para gestionarlo. En la práctica, tal y como detalla Bermell, cada sesión comienza con técnicas de regulación fisiológica -respiración consciente, relajación o meditación- orientadas a reducir la activación y favorecer la atención plena. Posteriormente, se trabajan situaciones reales del entorno clínico, lo que permite trasladar los aprendizajes al día a día profesional. En sus palabras, “intentamos darle otro enfoque que sea más amable con nosotros mismos”. Compartir para comprender La percepción de soledad, identificada como un factor clave en el malestar, se ve reducida cuando los profesionales descubren que sus experiencias son compartidas. La coordinadora del programa subraya que muchas personas “lo viven en soledad y aguantan demasiado antes de pedir ayuda”, lo que incrementa el impacto emocional. Frente a ello, el grupo ofrece un espacio de reconocimiento mutuo. A su vez, Bermell destaca la importancia de este proceso, afirmando que “cuando descubres que estás rodeado de personas que te comprenden y que están dispuestos a ayudarte, poco a poco empiezas a aumentar la autoestima y la autoconfianza”. Este cambio tiene un efecto emocional inmediato y favorece la construcción de redes de apoyo que trascienden las sesiones. Del mismo modo, Andrea Juste considera que compartir permite “ver puntos de vista diferentes ante situaciones similares”, ampliando la perspectiva y facilitando la toma de decisiones más conscientes. Mejora progresiva de los participantes Según Arias, en las sesiones “al principio predomina el desahogo, pero progresivamente hay evolución”, reflejada en la capacidad de establecer límites, gestionar mejor las relaciones profesionales y tomar decisiones con mayor claridad. Estos cambios son corroborados por Juste, quien asegura que el programa puede generar “un impacto de cambio posible, incluso para dar giros a su mundo laboral”. En algunos casos, esto implica modificar condiciones laborales; en otros, transformar la relación con el trabajo. Por su parte, Bermell observa un aumento en la motivación y en la implicación con el propio bienestar, destacando que los participantes desarrollan una mayor conciencia sobre sus hábitos y necesidades. Un desafío que va más allá del individuo A pesar de los avances, las tres profesionales coinciden en que el problema del burnout no puede abordarse únicamente desde el plano individual. La dimensión estructural y cultural del fenómeno exige cambios más amplios. Desde el punto de vista de Arias, el principal obstáculo es que “sigue muy presente la idea de que hay que poder con todo”. Esta mentalidad dificulta tanto la prevención como la búsqueda de ayuda. De esta forma, se hace necesario intervenir en aspectos como las condiciones laborales, la organización del trabajo y el liderazgo dentro de los equipos. Igualmente, resaltan la importancia de actuar de forma preventiva, sin esperar a que el malestar alcance niveles muy altos. Un cambio de paradigma Tras más de un año de funcionamiento, el balance del programa es positivo. La consolidación de los grupos, la continuidad en la participación y la apertura progresiva para hablar de estos temas reflejan un gran cambio en la cultura profesional. Sin embargo, como advierte Arias, “esto no cambia de un año para otro”. La intención del ICOVV es garantizar la continuidad del programa y su integración como parte estructural del Colegio. Desde una perspectiva más amplia, el objetivo es contribuir a la sostenibilidad de la profesión. “Cuando el problema es colectivo, la respuesta también tiene que serlo”, añade. Por otro lado, Begoña Bermell introduce una visión complementaria basada en la responsabilidad individual: “Nada cambia si yo no cambio”, remarcando la necesidad de compromiso personal dentro de un marco colectivo. Finalmente, Andrea Juste observa una tendencia hacia la toma de conciencia y el cambio, destacando que cada vez más profesionales se implican activamente en su bienestar. Más allá de ofrecer herramientas para gestionar el malestar, el programa se propone establecer un modelo centrado en el cuidado, la conciencia y el apoyo mutuo. Así, se abre la puerta a integrar lo emocional como parte esencial del ejercicio profesional. Begoña Bermell
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