7 experiencias, comprender su malestar y construir estrategias que les permitan ejercer su profesión de forma más saludable y sostenible. Del silencio a la acción Como explica María Vitoria Arias, secretaria del ICOVV y coordinadora del programa, el detonante fue que la realidad del sector “no era una percepción: era algo que estaba pasando aquí y ahora, también en nuestro propio colectivo”. La encuesta interna realizada por el ICOVV confirmó que un alto porcentaje de profesionales reconocía encontrarse en un estado emocional negativo, con síntomas sostenidos en el tiempo. Este punto de partida llevó a replantear el enfoque institucional. En palabras de Arias, “esto no es un tema individual ni algo secundario, sino una cuestión que afecta directamente a la profesión”. Por lo tanto, la decisión fue integrar el bienestar emocional dentro de una estrategia más amplia, vinculada a la calidad asistencial, la sostenibilidad laboral y la continuidad del ejercicio profesional. Causas del ‘desgaste’ El análisis del problema revela una combinación de factores que se potencian entre sí. La práctica veterinaria se caracteriza por una elevada exigencia técnica, una responsabilidad y una exposición constantes a situaciones emocionalmente complejas. Desde la perspectiva psicológica, la psicóloga sanitaria, instructora ‘mindfulness’ y formadora Andrea Juste identifica como un patrón que los profesionales “se encuentran con una sensación de indefensión, no poder cambiar o no poder parar en el ámbito laboral”. Esta percepción surge de la carga de trabajo, así como de la dificultad para introducir cambios en dinámicas normalizadas. Entre ellas, destaca la tendencia a asumir jornadas prolongadas y la dificultad para establecer límites. Según señala, “se ha normalizado trabajar horas extras, estar siempre disponibles y no poder rechazar clientes o pacientes”, lo que genera un contexto propicio para la aparición de ansiedad, agotamiento y problemas de salud asociados. A esta realidad se suma un componente emocional especialmente intenso. La veterinaria clínica experta en bienestar emocional Begoña Bermell, quien dinamizó junto con Andrea Juste los grupos de apoyo del programa, indica que “la sobrecarga de trabajo, los conflictos con los clientes, la burocracia, que las decisiones médicas dependan del nivel económico del cliente o la exposición al sufrimiento” son elementos centrales del desgaste. Asimismo, introduce como factor clave la actitud del propio profesional. En este sentido, apunta que “somos autoexigentes, perfeccionistas, nos cuesta desconectar, confundimos vocación con entrega total”, lo que refuerza dinámicas de sobreimplicación difíciles de sostener en el tiempo. Señales de alerta El programa ha permitido identificar las principales manifestaciones del malestar emocional en el colectivo. Se observa que son un conjunto de síntomas persistentes que afectan tanto al ámbito personal como profesional. La psicóloga sanitaria menciona, entre los más habituales, la “indefensión aprendida, sensación de estar quemado, ansiedad, problemas de sueño o dificultad para poner límites, ritmos de trabajo y actividad acelerados”. Los síntomas muestran un exceso de carga, además de una progresiva pérdida de control percibido sobre la propia situación. Desde la experiencia en los grupos, la veterinaria clínica describe un estado emocional que muchos participantes comparten al inicio del proceso: “La sensación de ‘no poder más’, agotados emocional y físicamente, desilusionados, con impotencia de no saber cómo mejorar su situación”. Esto pone de manifiesto la necesidad de intervención temprana antes de que el deterioro se cronifique. Andrea Juste María Vitoria Arias
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