IM VETERINARIA #68

15 pero sí podemos identificar claramente cinco pilares que parecen estar empujando este deterioro: 1.Fatiga y desgaste. Todos escuchamos hablar de la fatiga por compasión y el desgaste empático. Ambos síndromes están presentes en el mundo veterinario por su exposición continuada al trauma lo que les coloca como espectadores del dolor, enfermedad y muerte a diario. Esta profesión, a su vez, viene acompañada de numerosos dilemas éticos que pueden generar una profunda frustración moral. 2.Gestión de expectativas y exigencia de los clientes. Los profesionales veterinarios a menudo requieren habilidades de mediación para gestionar la exigencia, ira o frustración de sus clientes. Están expuestos a situaciones de alta intensidad reactiva y se les exige máxima infalibilidad (el error clínico es apenas tolerado). Todo esto es consecuencia natural del apego con el que las familias viven la relación con sus animales y el permiso que se auto conceden para cuestionar la profesionalidad o vocación del equipo clínico, llevando a proyectar transferencia de culpa sobre el profesional. 3.Factores laborales y sociales. Las largas jornadas, las guardias extenuantes, la responsabilidad médica, la toxicidad en redes sociales, la falta de apoyo emocional o supervisión en casos clínicos, entre otros, agravan la salud mental y emocional de veterinarios/as, llegando a traspasar a planos personales como la autoestima. 4.Sanciones sociales. Pocas personas hablan de que el verdadero techo de cristal veterinario está en la idealización que se tiene de una profesión que debería basarse en el ‘amor por los animales’ y que criminaliza el deseo de crear negocios rentables y sostenibles para sus profesionales. Existe una cierta sanción social a los honorarios y costos del sector veterinario, forzándoles a justificar constantemente su política de precios y hacer públicas sus dificultades e injusticias económicas, reforzando su vulnerabilidad personal y profesional. 5.Habilidades personales y perfil psicológico. No podemos ignorar que en el deterioro emocional de cualquier profesional también inciden aspectos atribuibles al carácter, formación y exposición individual a situaciones críticas. En ocasiones, las profesiones médicas atraen a perfiles RADIOGRAFÍA SOMÁTICA DE LA PROFESIÓN VETERINARIA de alta autoexigencia, dispuestos a cronificar su malestar en lugar de ocuparse de él o que no disponen de herramientas de gestión emocional y resiliencia. Somos una sociedad que arrastra la pobreza educativa emocional en formaciones catalogadas de ‘alto nivel’, algo que no ayuda a remontar el desgaste emocional o a gestionarlo. No cabe duda de que todos estos factores, en mayor o menor medida, terminan por quebrar el sentido de propósito. Desafíos y consecuencias en la salud Cuando todas estas causas se mantienen en el tiempo, se produce un claro deterioro vocacional. El profesional deja de disfrutar de su trabajo, siente desapego por los pacientes (y clientes) y opera en “modo automático” para sobrevivir. Un escenario desolador que contrasta con la ilusión con la que vivían ese amor platónico que tenían con su profesión y que les empujó a estudiarla. Algunas de las consecuencias de este deterioro ya las estamos viendo: 1.Trastornos del sueño. El cerebro no logra desconectar provocando episodios de insomnio y pesadillas. 2.Trastornos psicosomáticos. Ya sabemos que la somatización es la expresión física del malestar psicológico. Son frecuentes cuadros de sintomatología gastrointestinal, contracturas tensionales, cefaleas, brotes de origen nervioso, bajada de defensas… No cabe duda de que el agotamiento es un círculo vicioso que requiere mucha higiene mental.

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