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El bienestar de los animales de compañía no depende únicamente de su salud física. Su estado emocional también influye de manera directa en cómo se relacionan con su entorno y afrontan las situaciones cotidianas1. Detrás de un objeto roto, un escondite repentino o un ladrido constante puede haber mucho más ...
El bienestar de los animales de compañía no depende únicamente de su salud física. Su estado emocional también influye de manera directa en cómo se relacionan con su entorno y afrontan las situaciones cotidianas1. Detrás de un objeto roto, un escondite repentino o un ladrido constante puede haber mucho más que un simple "mal comportamiento". Por ello, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, AniCura pone el foco en la importancia de cuidar la salud emocional de las mascotas y de aprender a reconocer las señales que pueden estar indicando que algo no va bien.
Y es que, el estado emocional de las mascotas de compañía puede verse alterado ante estímulos cotidianos: ruidos fuertes, periodos de soledad, cambios bruscos de rutina o la llegada de un nuevo miembro a la familia pueden desencadenar miedo, ansiedad o estrés2. Un claro reflejo de ello es la sensibilidad al ruido, el rasgo de ansiedad más frecuente identificado en un estudio realizado en perros de compañía, donde un 32% de los animales se vio afectado3.
Ante esta realidad, conviene comprender el trasfondo de lo que ocurre detrás de cada comportamiento para garantizar una mejor calidad de vida. "La salud emocional es una parte fundamental del bienestar de los animales. Observar cómo reaccionan ante su entorno y detectar cambios en su comportamiento nos ayuda a identificar posibles situaciones de malestar y a entender qué necesitan", explica Isabel Luño, veterinaria de AniCura Emvet y Diplomada Europea en Medicina del Comportamiento.
No todos los animales expresan por igual su malestar emocional
Las manifestaciones del malestar emocional pueden ser muy variadas y, a menudo, pasan desapercibidas en los hogares. En este sentido, es fundamental que los cuidadores comprendan que perros y gatos expresan de manera diferente las situaciones que les generan malestar. Mientras que los perros pueden manifestarlo de forma más explícita, con vocalizaciones excesivas, búsqueda constante de atención o intentos de huida4, los felinos tienden a mostrar respuestas más sutiles, como esconderse, evitar la interacción, marcar con orina o modificar sus hábitos de descanso4.
Frente al desconocimiento sobre estas señales, es habitual que los cuidadores piensen que se trata de desobediencia; sin embargo, estas conductas raramente responden a un simple `mal comportamiento' de educación, sino a una llamada de incomodidad o malestar emocional que el animal necesita comunicar. "Detrás de un cambio de conducta puede haber miedo, ansiedad o dificultades para adaptarse a una situación. Es importante no quedarse únicamente con lo que vemos en la superficie, sino tratar de comprender qué puede estar provocándolo", señala Luño.
En este contexto, las guías veterinarias recomiendan evitar métodos punitivos y castigos. Cuandoun comportamiento cambia de forma repentina, se mantiene en el tiempo o altera la convivencia familiar, es recomendable acudir a un veterinario. Una valoración clínica profesional permite estudiar el contexto, identificar posibles factores desencadenantes o descartar patologías o dolor físico que puedan explicar o potenciar esa conducta.
"La intervención de un especialista permite abordar el problema desde su origen y ofrecer pautas adaptadas a cada animal y a su entorno. Pedir ayuda no es solo mejorar la convivencia, sino también cuidar de su bienestar emocional", concluye la veterinaria de AniCura.