"Los perros de asistencia son un ejemplo del impacto positivo que los animales pueden tener en la vida de las personas"

La colaboración con CANEM pone de relieve el compromiso de Purina por favorecer la salud y el bienestar de las personas, gracias al vínculo humano-animal, además de pretender dar visibilidad a la importancia de los perros de asistencia.

Estado: Esperando

22/09/2026

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por la aparición de crisis recurrentes e impredecibles que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo. En este contexto, Purina sigue reforzando su compromiso con la salud y el bienestar de ...

La epilepsia es una enfermedad neurológica crónica caracterizada por la aparición de crisis recurrentes e impredecibles que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo. En este contexto, Purina sigue reforzando su compromiso con la salud y el bienestar de las personas apostando por la formación de perros de asistencia especializados en detección de crisis epilépticas, a través de su colaboración con CANEM Perros de Alerta. Sobre todo, porque los perros de alerta epiléptica se han convertido en un apoyo cada vez más relevante para mejorar la seguridad y calidad de vida de quienes conviven con esta patología. En este sentido, el programa integra el trabajo técnico de adiestramiento, por parte de CANEM, con el conocimiento en nutrición avanzada de Purina, clave para cubrir las necesidades energéticas y cognitivas de los perros durante su etapa de formación y servicio. "En Purina creemos firmemente en el poder transformador del vínculo entre las personas y los animales. De hecho, llevamos años trabajando para demostrar cómo los perros pueden contribuir de forma positiva a la salud física, emocional y social de las personas, especialmente en situaciones de vulnerabilidad", señala Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España. "Nuestra colaboración con CANEM surge, precisamente, de esa convicción. Los perros de alerta médica representan un ejemplo extraordinario de cómo el vínculo humano-animal puede convertirse en una herramienta de apoyo real para personas con epilepsia o diabetes y sus familias. Además, se trata de una labor que combina bienestar animal, innovación, formación especializada e impacto social, valores con los que nos sentimos profundamente identificados", sostiene.

Cabe señalar que, en España, la epilepsia afecta a entre 400.000 y 500.000 personas, con entre 12.400 y 22.000 nuevos casos anuales, muchos de los cuales también se dan en la infancia. De ahí que los perros de alerta epiléptica se hayan convertido en una herramienta de apoyo complementaria dentro del abordaje integral de la epilepsia, ya que este tipo de animales han sido especialmente seleccionados y entrenados para detectar determinadas señales asociadas a una posible crisis y comunicar esa información a la persona o a su entorno mediante conductas previamente aprendidas. "Además de esa función de alerta, muchos de estos perros también realizan tareas de asistencia durante o después de la crisis, como buscar ayuda, permanecer junto a la persona para ofrecer apoyo y seguridad, activar sistemas de aviso o acompañarla durante la recuperación. Por eso, su papel va mucho más allá de la alerta; se convierten en compañeros que aportan estabilidad, confianza y apoyo cotidiano", matiza.

Sensación de seguridad

Y aunque todavía se sigue investigando cuáles son exactamente los mecanismos implicados respecto a la capacidad de algunos perros para detectar de forma anticipada una crisis epiléptica, y, como apunta Saperas, "no todos los perros presentan esta capacidad de la misma manera", sí es cierto que existe un creciente consenso en que ciertos perros pueden percibir señales biológicas o conductuales imperceptibles para las personas. "Precisamente, por ello, son tan importantes los programas especializados de selección, evaluación y entrenamiento continuo como los que desarrolla CANEM. Fundamentalmente, porque estos perros pueden llegar a detectar cambios sutiles en el organismo o el comportamiento de la persona antes de una crisis; por ejemplo, cambios en el olor corporal, derivados de variaciones metabólicas o químicas previas a una crisis. También podrían detectar cambios muy sutiles en la postura, el movimiento, la respiración, el tono muscular o determinados patrones de comportamiento.

Lo fascinante es que los perros poseen capacidades sensoriales extraordinarias y pueden integrar múltiples señales simultáneamente, algo que todavía estamos tratando de comprender en profundidad desde la ciencia", asegura. Pero, más allá de la alerta, estos perros también contribuyen a la recuperación postcrisis, permaneciendo junto a la persona y facilitando una transición más segura tras el episodio. Por otro lado, la presencia de estos animales junto a la persona también se asocia a una mejora de la percepción de autonomía y reducción de la ansiedad anticipatoria, factores especialmente relevantes en una enfermedad caracterizada por su imprevisibilidad.

Por todo ello, el impacto que tiene contar con un perro de alerta médica en la sensación de seguridad y autonomía de las personas afectadas es, sin duda, muy elevado. De hecho, uno de lose beneficios que más destacan las personas usuarias es, precisamente, la mayor sensación de seguridad. Saber que cuentan con un compañero entrenado para acompañarlas y responder ante determinadas situaciones les permite afrontar el día a día con más confianza. "Esto puede traducirse en una mayor autonomía personal, una mayor disposición a participar en actividades sociales o educativas y una reducción del miedo asociado a sufrir una crisis fuera del entorno familiar. Aunque cada caso es diferente, muchas personas describen una mejora significativa en su independencia y calidad de vida", destaca la veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España. Pero los perros de alerta médica no solo contribuyen a mejorar la calidad e vida y el bienestar emocional de los pacientes, sino, sobre todo, de sus familias. Porque la epilepsia puede generar una gran incertidumbre tanto en quien la padece como en su entorno. "Muchas familias viven con el temor constante a que se produzca una crisis inesperada. Por ello, la presencia de un perro de alerta médica puede ayudar a reducir parte de esa ansiedad porque aporta una sensación adicional de acompañamiento y apoyo. Además, el vínculo emocional que se desarrolla entre la persona y el perro favorece el bienestar psicológico, combate el aislamiento social y contribuye a una mayor participación en actividades cotidianas", indica. De ahí que, como nos comentan desde Purina España, en muchos casos el impacto emocional es tan importante como el funcional. Y esto se aprecia en las historias o casos reales que reflejan, especialmente, el impacto que estos perros pueden tener en la vida de las personas con epilepsia. "Lo que más nos emociona son las historias que hablan de pequeños grandes cambios. Personas que vuelven a salir solas a la calle, que recuperan actividades que habían abandonado por miedo o familias que consiguen reducir la preocupación constante asociada a la enfermedad. De ahí que, más allá de casos concretos, hemos apreciado un denominador común en todos los testimonios: la sensación de recuperar confianza y calidad de vida. Es ahí donde realmente se aprecia el valor de estos perros y el enorme trabajo que hay detrás de su formación", añade.

Equilibrados y sociables

Para que estos perros puedan desempeñar esa labor, su formación puede prolongarse entre uno y dos años. Un proceso largo y muy exigente. "En primer lugar, se realiza una selección de perros que presentan las aptitudes adecuadas desde el punto de vista conductual y sanitario. Posteriormente, comienza una fase de socialización y educación básica, fundamental para que el perro pueda desenvolverse con seguridad en distintos entornos. Después se trabaja la detección y asociación de señales relacionadas con las crisis, así como las conductas de alerta y asistencia. Finalmente, se lleva a cabo un periodo de adaptación junto a la persona usuaria para construir una relación sólida y asegurar que el binomio funcione de forma eficaz en la vida cotidiana", afirma. Es decir, se trata de programas altamente estructurados que combinan bienestar animal, adiestramiento técnico y seguimiento continuo. Aparte de que es muy recomendable seguir haciendo un seguimiento con profesionales para reforzar estos comportamientos adquiridos y detectar cuanto antes cualquier variación.

En este sentido, entre las características principales que debe reunir un perro para convertirse en candidato a este tipo de programas de asistencia especializada, se buscan, sobre todo, "perros equilibrados, sociables, motivados para trabajar con las personas, con buena capacidad de aprendizaje y adaptación, y que mantengan la concentración incluso en entornos complejos. Además, es imprescindible que gocen de una excelente salud física y emocional. Destacar, asimismo, que la estabilidad del temperamento es, probablemente, uno de los factores más importantes, porque estos perros deben desempeñar una labor muy exigente durante muchos años", apostilla.

Pero, a pesar de los múltiples beneficios y de todo lo que nos está comentando Saperas, todavía existe un gran desconocimiento sobre los perros de alerta médica. Por eso preguntamos a la veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España, cuáles son los principales mitos o ideas erróneas que se tienen actualmente. "Uno de los mitos más extendidos es pensar que cualquier perro puede convertirse, automáticamente, en perro de alerta médica. La realidad es que se requiere una selección muy cuidadosa y un entrenamiento altamente especializado. Otra idea errónea es pensar que la formación y el entrenamiento del perro solo es trabajo de los especialistas. Para conseguir el éxito en su formación es vital la implicación de las familias. Y, por último, pero no menos importante, es considerar que estos perros sustituyen la atención médica. No es así. Son una herramienta complementaria que puede aportar apoyo y mejorar la calidad de vida, pero nunca reemplazan el seguimiento clínico ni los tratamientos prescritos por los profesionales sanitarios. También es importante entender que la capacidad de alerta puede variar entre individuos y que estamos ante un campo en continua investigación", puntualiza. De ahí que todavía queden muchos retos y desafíos importantes para lograr una mayor visibilidad, reconocimiento y acceso a este tipo de perros de asistencia en nuestro país. Por ejemplo, tal y como nos indican desde Purina, uno de ellos es aumentar el conocimiento social sobre la función que desempeñan estos perros y el impacto que pueden tener en la vida de las personas con epilepsia. "Asimismo, también es fundamental seguir impulsando la investigación científica, favorecer la colaboración entre entidades especializadas, administraciones y profesionales sanitarios, y avanzar hacia marcos normativos que faciliten el reconocimiento y acceso a este tipo de perros de asistencia. Cuanta más información y evidencia generemos, más personas podrán beneficiarse de este recurso", concluye.

Nutrición y función cognitiva

Junto a estos programas de formación de perros de asistencia especializados en detección de crisis epilépticas, Purina participa aportando conocimiento en nutrición avanzada. Porque, sin duda, el papel que juega la alimentación en el rendimiento, la salud y la capacidad de aprendizaje de los perros de asistencia es muy importante. Así nos lo explica Saperas: "La nutrición es uno de los pilares fundamentales del bienestar y del rendimiento de cualquier perro de trabajo. Un perro de asistencia necesita mantener una condición física óptima, una buena salud cognitiva y altos niveles de energía y concentración y ahí es donde entra Purina. Por eso, una alimentación completa, equilibrada y adaptada a las necesidades de cada animal contribuye a apoyar el sistema inmunitario, al mantenimiento de la masa muscular, la salud digestiva y el bienestar de los animales". Además, está claro que existe una estrecha relación entre nutrición y función cognitiva, "por eso contamos con productos especialmente enfocados a retrasar la aparición de los primeros síntomas de declive cognitivo, algo especialmente relevante en perros que deben aprender, retener y ejecutar tareas complejas de manera constante".

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