87 “LOS AVANCES MÁS RELEVANTES SE HAN PRODUCIDO EN VIGILANCIA EPIDEMIOLÓGICA, DIAGNÓSTICO MOLECULAR Y ESTRATEGIAS GLOBALES DE CONTROL” Pruebas y diagnósticos para detectar la rabia en animales El diagnóstico de la rabia continúa basándose en técnicas de laboratorio altamente específicas. La prueba de referencia sigue siendo la inmunofluorescencia directa (IFD) realizada sobre tejido cerebral post mortem, considerada el gold standard por organismos internacionales como la OMS y la WOAH. En los últimos años también se han incorporado y estandarizado técnicas moleculares como la RT-PCR en tiempo real, que permiten detectar material genético viral con una elevada sensibilidad y especificidad, además de facilitar la caracterización epidemiológica de las cepas identificadas. La experta refleja que, en determinadas situaciones, también pueden emplearse técnicas de secuenciación genética que permiten conocer el origen geográfico de los aislados virales y establecer relaciones epidemiológicas entre diferentes casos. Desde el punto de vista clínico, “el principal reto sigue siendo que no existe una prueba validada capaz de descartar de forma fiable la enfermedad en animales vivos con sospecha clínica. Por ello, la valoración epidemiológica continúa siendo fundamental: antecedentes de viaje, importación de animales, contacto con fauna susceptible y presencia de signos neurológicos compatibles”, analiza. Ante cualquier sospecha, la doctora analiza que la notificación inmediata a las autoridades competentes es esencial para activar los protocolos oficiales de control y salud pública. Principales manifestaciones clínicas Según Ramírez, la rabia produce una encefalomielitis viral progresiva y presenta manifestaciones clínicas variables según la especie afectada y la fase evolutiva de la enfermedad. En perros, suelen describirse dos formas clínicas clásicas. La forma furiosa se caracteriza por cambios de comportamiento, hiperexcitabilidad, agresividad, alteración de los patrones de vocalización y tendencia a la deambulación. La forma paralítica, por su parte, cursa con paresia progresiva, alteraciones de la deglución, sialorrea y parálisis ascendente. En gatos, aunque la casuística es significativamente menor, “suele predominar la presentación furiosa, con episodios de agresividad marcada, hipersensibilidad a estímulos y alteraciones neurológicas rápidamente progresivas”, destaca. Independientemente de la especie, la aparición de signos neurológicos suele preceder a una evolución fatal en pocos días. Los beneficios de la vacuna antirrábica La vacunación antirrábica constituye la medida más eficaz para prevenir la enfermedad tanto en animales como en personas. Para Ramírez, las vacunas actuales disponibles en Europa son inactivadas, con perfiles de seguridad y eficacia muy elevados. “Además de proporcionar protección individual frente a una enfermedad prácticamente mortal, generan una barrera poblacional que dificulta enormemente la circulación y eventual reintroducción del virus”, detalla. Avances en la enfermedad de la rabia Para la experta, los avances más relevantes se han producido en vigilancia epidemiológica, diagnóstico molecular y estrategias globales de control. “Actualmente disponemos de herramientas de secuenciación genética y análisis filogenético que permiten rastrear con gran precisión el origen de los virus detectados y monitorizar posibles introducciones desde áreas endémicas. Estas tecnologías han mejorado enormemente la capacidad de respuesta frente a casos importados”, puntualiza. También se han optimizado los métodos moleculares de detección, especialmente las técnicas de RT-PCR, que ofrecen resultados más rápidos y sensibles que hace una década y han reforzado la capacidad diagnóstica de los laboratorios de referencia. En el ámbito internacional, la experta avanza que continúan desarrollándose programas masivos de vacunación canina impulsados por la OMS, la WOAH y la FAO, dado que más del 95 % de los casos de rabia humana en el mundo siguen estando asociados a la transmisión por perros. “El objetivo global sigue siendo alcanzar la iniciativa ‘Zero by 30’, que busca eliminar las muertes humanas por rabia transmitida por perros mediante vacunación, vigilancia y cooperación internacional. Los progresos conseguidos en numerosos países durante la última década demuestran que se trata de una meta realista cuando existe una estrategia sostenida de salud pública y sanidad animal”, concluye.
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