12 tico grave o una decisión difícil, puede continuar escuchando y haciendo preguntas, pero su capacidad para procesar y recordar toda la información puede verse reducida. Una persona preocupada no escucha igual que una persona tranquila. Una persona que siente miedo o culpa tampoco interpreta igual las palabras del profesional. El veterinario conoce los protocolos, las opciones terapéuticas y probablemente ha vivido situaciones similares muchas veces. Para él, puede ser el cuarto caso complejo del día. Para el tutor, en cambio, puede ser uno de los momentos más difíciles del año. No están viviendo emocionalmente la misma consulta. Por eso comunicar mejor no significa únicamente explicar correctamente la información clínica. Significa comprender desde qué estado emocional se recibe. Como indicábamos al hablar de la consulta slow, no se trata necesariamente de realizar consultas más largas, sino “más habitadas, más intencionales y, sobre todo, más comprensibles para quienes están al otro lado de la mesa”2. El veterinario como ‘traductor’ entre ciencia y emoción Las emociones también forman parte del proceso de decidir. Cuando un veterinario presenta diferentes opciones diagnósticas o terapéuticas, en la decisión del tutor intervienen el miedo, la culpa, las experiencias anteriores, la confianza en el profesional, la situación económica y, sobre todo, el vínculo con el animal. Aquí cobra especial sentido la cocreación. Como destacábamos en un artículo anterior, “la cocreación se materializa cuando el plan clínico deja de ser una propuesta cerrada y se convierte en un proceso compartido”3. Cocrear no significa perder autoridad clínica, sino integrar la realidad emocional y práctica del tutor para construir un plan que pueda llevarse a cabo en la vida real. LA CONFIANZA SE CONSTRUYE A TRAVÉS DE LA COHERENCIA, LA ESCUCHA, LA CLARIDAD Y LOS PEQUEÑOS DETALLES Elaboración: NotebookLM
RkJQdWJsaXNoZXIy NTI5ODA=