IM VETERINARIA #69

94 res y formadores en naturaleza, no solamente en EAI (Equitación Asistida e Inclusiva), las actividades ecuestres adaptadas que buscan mejorar habilidades y favorecer la participación. Por todo ello, nuestro equipo es muy amplio y contamos con profesionales como médicos, fisioterapeutas, psicólogas, pedagogas, terapeuta ocupacional, educadora social y especial, integradora social, pedagoga y logopeda, veterinarios, instructores de equitación, entre otros”, destaca el presidente de AEDEQ. Y qué decir de los animales, actores principales de estas terapias. Por eso, los criterios que se utilizan para seleccionar a los caballos que participan en las intervenciones deben ser muy cuidadosos, sobre todo, porque se evalúa la condición física y el equilibrio psicológico del equino, siempre dependiendo del tipo de actividad que se vaya a realizar y con qué tipo de usuario deberán relacionarse. “Para actividades básicas, casi cualquier caballo podría servir; sin embargo, si queremos producir beneficios terapéuticos en el jinete, y nos preocupamos por el bienestar del caballo, vamos a procurar siempre evaluar la situación del caballo para evitar someterlo a estresores, estímulo o cualquier otra situación demasiado intensos. Por eso, siempre intentamos hacerle trabajar solamente con aquellos usuarios con los que se lleva bien”, matiza. En este sentido, tal y como explica Lorenzo Lucarelli, el primer paso es evaluar el temperamento, la experiencia social y capacidad para trabajar con usuarios que tiene el caballo. “Un profesional de la equitación, montando un caballo alrededor de 10-15 minutos, puede dar una descripción muy detallada y precisa del temperamento, experiencia y capacidad, sobre la base de sus reacciones a las órdenes, resistencias y/o sumisión. Este tipo de evaluación es muy efectivo, porque la gran mayoría de centros de IAE trabaja con caballos domados, sometidos, adiestrados con métodos tradicionales. Sin embargo, hay algunas actividades que dan mejores resultados si se trabaja sin sumisión, sin la obligación del caballo a obedecer a las órdenes del jinete/domador. Desde mi punto de vista, en esas actividades, los criterios de evaluación también deberían ser diferentes, no basados en la obediencia, sino en una espontánea tendencia a la colaboración, que puede ser mermada por las experiencias y por el estilo de adiestramiento que recibió. Nosotros intentamos evaluar más su bienestar y la buena relación que pueda establecer con según qué usuario, en lugar que evaluar su capacidad de trabajo”. Trabajar desde la ética Tras establecer cuál es el caballo más indicado para el tipo de usuario y terapia que se vaya a llevar a cabo, llega el momento de valorar la eficacia del programa. Por lo que preguntamos si, llegados a este punto, es posible tener en cuenta las opiniones de familiares y usuarios a la hora de la planificación. “En la medida de lo posible, siempre tenemos en cuenta tanto las opiniones de los familiares como la de los pacientes, si bien los indicadores dependen del tipo de actividad”. Por ejemplo, en el caso de las actividades asistidas de educación y formación, por lo general se evalúan la atención, la comunicación, la coordinación, las habilidades técnicas, el equilibrio en la relación con el caballo, o con el terapeuta, e, incluso, con los otros participantes. Por ello, es importante saber determinar qué modalidad es adecuada para cada usuario. “¿Y cómo se hace eso?”, preguntamos. “En general, lo dice el usuario mismo, o su diagnóstico. El objetivo principal es que los participantes disfruten de la actividad y se lo pasen bien interactuando con los caballos. Por eso, en caso de que sea posible, hacemos lo que el usuario prefiera, evidentemente siempre que sea compatible con los objetivos del terapeuta (en el caso de las terapias) o del instructor, ya sea en la escuela, en las actividades educativas que realizamos o cuando se trata de la formación”. Este tipo de terapias aprovechan la sensibilidad y el comportamiento del animal para favorecer procesos emocionales, cognitivos y sociales. A nivel emocional, ayudan al aumento de la autoestima o la reducción del estrés, mientas que respecto a los beneficios sociales permite una mejora de la comunicación, el trabajo en equipo, así como el desarrollo de la empatía. Por último, cabe señalar que las terapias con caballos exigen una focalización constante, por lo que, a nivel cognitivo, puede ayudar a entrenar la atención sostenida, además de la resolución de problemas. Pero no todo está hecho en el sector de las IAE. Por eso preguntamos al presidente de AEDEQ qué necesidades detecta actualmente. “Sobre todo, información y formación de calidad, práctica, vivencial. Y también visibilidad y fondos para aumentar la accesibilidad y la democratización, de las IAE, fundamentalmente para todas aquellas personas que no tienen un nivel adquisitivo suficiente”. Otro de los grandes retos, como apuntan desde la asociación, tiene que ver con la ética y el respeto: “debemos conseguir que se deje de considerar a los equinos, y a otros animales, como herramientas o recursos para explotar. Cambiando eso, cambiaría también el modo de tratarlos y sus condiciones de vida, que están estudiadas para facilitar el condicionamiento del animal, para que trabaje dócilmente toda su vida, sin recibir, en la mayoría de los casos, ni un mínimo de cariño, atención o afecto por parte de quienes lo explotan hasta límites inhumanos. Creo que se debería estudiar y aplicar la ética, mucho más de lo que se hace”, puntualiza Lucarelli. “EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE, SIEMPRE TENEMOS EN CUENTA TANTO LAS OPINIONES DE LOS FAMILIARES COMO LA DE LOS PACIENTES, SI BIEN LOS INDICADORES DEPENDEN DEL TIPO DE ACTIVIDAD”

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