70 A su vez, se ha registrado un incremento de otras enfermedades transmitidas por vectores, como la babesiosis, la ehrlichiosis o la angiostrongilosis. Estas patologías, en muchos casos emergentes, están adquiriendo mayor relevancia clínica y epidemiológica, complicando el diagnóstico diferencial debido a la similitud de sus manifestaciones clínicas. A nivel europeo, la situación sigue una tendencia similar. Informes recientes destacan la expansión de la leishmaniosis hacia el norte del continente, así como la emergencia de la angiostrongilosis en nuevas áreas. La movilidad de mascotas entre países, ya sea por turismo, adopciones o comercio, se identifica como un factor clave en la dispersión de estas enfermedades. Ectoparásitos en perros y gatos Los ectoparásitos son una de las principales amenazas para la salud de perros y gatos, no solo por los efectos directos que provocan en la piel, sino por su papel como transmisores de enfermedades. Según la guía del Consejo Europeo para el Control de las Parasitosis (ESCCAP), estos parásitos –entre los que se incluyen pulgas, garrapatas, piojos, flebotomos y mosquitos– pertenecen a distintos grupos de artrópodos y tienen la capacidad de causar desde irritaciones leves hasta patologías graves, algunas de ellas con implicaciones para la salud pública. Aunque las lesiones cutáneas como el picor, la dermatitis o la pérdida de pelo son las manifestaciones más visibles, el verdadero riesgo reside en las enfermedades que estos organismos pueden transmitir. Las denominadas enfermedades transmitidas por vectores incluyen infecciones bacterianas, virales y parasitarias que, en muchos casos, resultan más graves que la propia infestación. Entre ellas se encuentran patologías como la babesiosis, la enfermedad de Lyme o la leishmaniosis, algunas de las cuales pueden afectar también a los humanos. Entre los ectoparásitos más comunes, las pulgas ocupan un lugar destacado por su elevada frecuencia y su capacidad de adaptación. La especie Ctenocephalides felis es la más habitual en perros y gatos, y presenta un ciclo biológico complejo que combina fases sobre el animal y en el entorno. Una sola hembra puede poner hasta 50 huevos al día, que se dispersan en alfombras, camas o suelos, lo que dificulta su eliminación. Estas infestaciones pueden provocar desde prurito hasta anemia en casos graves, además de actuar como vectores de otros parásitos y bacterias. De igual forma, las garrapatas son consideradas uno de los vectores más eficaces de enfermedades infecciosas. Especies como Ixodes ricinus o Rhipicephalus sanguineus están ampliamente distribuidas en Europa y pueden transmitir una amplia variedad de patógenos, incluidos protozoos, bacterias y virus. Su ciclo biológico, que implica varios hospedadores, y su capacidad para permanecer adheridas al animal durante días o semanas aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades. Otros ectoparásitos, como los piojos, los flebotomos y los mosquitos, presentan también relevancia sanitaria. Mientras que los piojos suelen afectar a animales debilitados o en malas condiciones, los flebotomos –presentes principalmente en la región mediterránea– son los responsables de transmitir la leishmaniosis, una enfermedad grave y zoonósica. Los mosquitos también actúan como vectores de la dirofilariosis, conocida como ‘gusano del corazón’, una patología que puede resultar letal si no se trata a tiempo. Ante este escenario, la guía subraya la necesidad de adoptar estrategias de control integrales. Estas incluyen el uso de tratamientos antiparasitarios tanto para eliminar infestaciones activas como para prevenir nuevas, así como la limpieza y desinfección del entorno del animal. En el caso de las pulgas, por ejemplo, se insiste en la importancia de actuar no solo sobre el animal, sino también sobre el ambiente, donde se encuentra la mayor parte del ciclo del parásito. Prevenir y controlar con un enfoque integral En este contexto, la prevención se posiciona como la herramienta más eficaz para el control de las enfermedades parasitarias. Las recomendaciones actuales incluyen programas de desparasitación interna y externa de forma periódica, el uso de productos repelentes frente a vectores y la adopción de medidas de higiene ambiental. La limpieza regular de los espacios donde habitan los animales, el control de heces y la adecuada gestión de la alimentación son aspectos clave para interrumpir los ciclos biológicos de los parásitos. De igual forma, se insiste en la importancia de las visitas veterinarias periódicas, que permiten establecer protocolos de prevención personalizados en función del riesgo individual de cada animal. Factores como la edad, el estado inmunitario, el estilo de vida o la exposición al medio ambiente influyen en la susceptibilidad a las parasitosis. En el ámbito diagnóstico, los avances tecnológicos han permitido mejorar la detección de estas enfermedades. Técnicas como la serología, la coprología o la biología molecular facilitan la identificación de los agentes parasitarios, incluso en fases tempranas o en infecciones subclínicas. No obstante, se reconoce que el diagnóstico sigue siendo un reto, especialmente en contextos donde coexisten múltiples patógenos con signos clínicos similares. Expertos destacan la necesidad de combinar el uso de antiparasitarios con estrategias de control biológico, manejo ambiental y desarrollo de nuevas herramientas terapéuticas. Del mismo modo, se considera fundamental la implementación de modelos predictivos que permitan anticipar la distribución de vectores en función de variables climáticas y ecológicas. LAS PARASITOSIS CONTINÚAN SIENDO UNA DE LAS PRINCIPALES LIMITACIONES EN LA PRODUCCIÓN PECUARIA A NIVEL MUNDIAL
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