44 Francisco José Rodríguez Fragoso escogió especializarse en clínica equina desde el principio de su carrera. Cuenta que una vez terminada la licenciatura de Veterinaria y realizado un periodo de prácticas con varios especialistas equinos en la Península y dos países europeos, “comencé mi trayectoria de veterinario especialista en clínica equina en Tenerife, donde he desarrollado la actividad durante veintiocho años ininterrumpidamente”. Desde el inicio, optó por centrar más la actividad con el caballo que se albergaba en el domicilio del propietario y menos en el estabulado en centros hípicos, “realizando una apuesta por transmitir métodos de manejo adecuados, y sobre todo, una función didáctica sobre todas las patologías que nos íbamos encontrando, para que comprendieran el porqué ocurrían y cómo prevenirlas y tratarlas”, continúa relatando Rodríguez Fragoso. Pasados los años se ha dado cuenta de “que tienen muchos más conocimientos que los clientes de centros hípicos que no eran tan receptivos a aprender”. De hecho, pone de relieve que “han sido unos enfermeros ejemplares desde el momento en el que dejaba las cuadras” y su implicación para que todo Francisco José Rodríguez Fragoso (Hospital Equino de Tenerife, Tenerife) “ES IMPORTANTE SEGUIR REALIZANDO UNA CLÍNICA DE NIVEL ‘IN SITU’, LLEVANDO TODOS LOS ADELANTOS TECNOLÓGICOS A LAS PUERTAS DE LA CUADRA DEL PACIENTE” funcionara correctamente “ha sido ejemplar”. A día de hoy, “las sensaciones son que tienen un gran respeto y confianza en el veterinario que les ha ido dando una formación continuada a lo largo de los años”. El profesional resume también cómo ha cambiado la labor del profesional desde sus inicios. “Posiblemente coincida con mis otros colegas veterinarios equinos en la dedicación intensiva, sin horarios, con mucho riesgo personal en la manipulación de la especie, y con muchos kilómetros al volante (un millón y medio de kilómetros)”. Todo esto considera que sigue igual. Es más, afirma que “cada vez entraña más riesgos por la alta densidad de tráfico en una isla como Tenerife”. Por otro lado, apunta que “hemos pasado de trabajar con caballos cruzados con manejo más complicado a caballos para deporte de razas puras más dóciles y aportando una mayor seguridad personal”. Como en todas las especialidades, ha requerido una formación continuada desde el principio, “estando inscrito a revistas especializadas, asistencia a congresos y al contacto permanente entre compañeros”. “Es cierto que en los últimos años la formación se ha complementado con cursos y seminarios ‘online’”, añade, aunque en su opinión no cabe duda que la formación presencial aporta «el factor humano de cambio de impresiones y experiencias personales”. A día de hoy, esgrime, “encontrar información rápida y precisa desde el celular es de gran ayuda para agilizar diagnósticos y tratamientos, prescindiendo de llevar en el coche verdaderas bibliotecas para hacer consultas”. Respecto al papel de los clientes en esta evolución, destaca que “cada vez tienen mayor acceso a la información para llevar a cabo un mejor manejo y alimentación de los equinos”. Pero, por otro lado, “se ha convertido en una herramienta controvertida que utilizan para discrepar de nuestros diagnósticos y tratamientos y en otras ocasiones automedicar a sus equinos”. Su experiencia de casi 30 años como veterinario equino le ha permitido a Francisco José Rodríguez Fragoso vivir en carne propia un gran salto cualitativo y cuantitativo en cuanto a avances tecnológicos se refiere. Así, “llevamos hasta el paciente todo tipo de aparatos de diagnóstico y tratamiento, los cuales cada vez tienen mayor resolución y ocupan menos espacio (Rayos X digitales, Ecografía, Termografía, Centrifugadora para PRP, ondas de choque, magnetoterapia, láser frío, etc.)”. Esto permite realizar tratamientos in situ, así como ayudar a mejorar el diagnóstico, pronóstico y tratamiento, “y lo que es muy importante: poder demostrar la patología al cliente con imágenes para que a su vez pueda tener una segunda opinión de otro especialista”. En la otra cara de la moneda, la de los retos de los veterinarios, pone sobre la mesa en primer lugar “la importancia de reducir la burocracia que se nos ha impuesto en el día a día y que para los veterinarios que trabajamos en el campo se nos hace muy complicado de llevar con rigor”. Asimismo, considera relevante de cara al futuro, “seguir realizando una clínica de nivel ‘in situ’, llevando todos los adelantos tecnológicos a las puertas de la cuadra del paciente”. “Respetarnos como compañeros para poder continuar creciendo como especialistas equinos y no perder nunca el contacto directo con una llamada telefónica”, es, en opinión del experto, otro desafío. Así como continuar haciendo función didáctica con los clientes, “lo que siempre repercutirá en una mejor salud para nuestros pacientes, un mejor entendimiento de nuestra labor clínica y un mayor respeto a nuestra profesión”.
RkJQdWJsaXNoZXIy NTI5ODA=