IM VETERINARIA #68

49 Las parasitosis más prevalentes Por otro lado, la especialista expone que, desde un punto de vista dermatólogo, “la peligrosidad de los parásitos en la actualidad depende más de las características del paciente (presencia de comorbilidades, estados de inmunosupresión o la edad) que del parásito en sí”. “Gracias a moléculas como la selamectina, el fipronilo o las isoxazolinas (sarolaner, afoxalaner y fluralaner), es posible controlar de forma eficaz la mayoría de las parasitosis externas con un perfil de seguridad elevado”, apunta Elena Diéguez. En cambio, antes de la introducción de las isoxazolinas, por ejemplo, “el manejo de patologías como la sarna demodécica generalizada suponían un reto terapéutico considerable y podían llegar a comprometer gravemente el pronóstico del animal”. Sin embargo, según la Practice Manager AniCura Abros, si se considera la peligrosidad de los parásitos como vectores de otras enfermedades, algunos siguen teniendo una importancia clínica notable. “Las garrapatas continúan siendo relevantes por su papel en la transmisión de hemoparásitos, mientras que los flebotomos son responsables de la transmisión de Leishmania. En este sentido, la leishmaniosis no solo representa un problema dermatológico, sino una enfermedad sistémica grave con implicaciones para la salud animal y pública”, advierte. Por otro lado, la doctora expone que “las parasitosis externas más frecuentes en pequeños animales desde un pisto de vista dermatológico siguen siendo infestaciones por pulgas, especialmente por su relación con la dermatitis atópica a picadura de pulga”. Asimismo, “los piojos pueden observase en animales procedentes de colectividades o en contextos con condiciones higiosanitarias deficientes. Las garrapatas también son habitulaes, sobre todo en determinadas épocas del año, y en animales con acceso a zonas rurales o boscosas”, sostiene. Indica, a este respecto, que “estas patologías afectan tanto a perros como a gatos, si bien existen diferencias en la presentación clínica, la susceptibilidad y la importancia relativa de cada parásito según la especie”. En ambos casos, apostilla, “la infestación puede desencadenar desde cuadros leves hasta procesos dermatológicos crónicos y severos, especialmente en animales sensibilizados o con enfermedades concomitantes”. La buena noticia es que es posible proteger al animal de los parásitos, pues “en la actualidad se dispone de una amplia gama de antiparasitarios con diferentes mecanismos de acción y vías de administración, lo que permite adaptar la prevención a las necesidades individuales de cada animal”. “Existen formulaciones tópicas, como pipetas que contienen moléculas como selamectina, moxidectina o fipronilo, así como tratamientos sistémicos en forma de comprimidos orales basados en isoxazolinas, como sarolaner, afoxalaner o fluralaner”, añade Diéguez en este sentido. Arsenal ‘amplio y versátil’ de antiparasitarios En suma, actualmente el arsenal de antiparasitarios es amplio y versátil. En palabras de la especialista, “existen moléculas y presentaciones adaptadas a diferentes especies, edades, pesos y estado de salud, con presentaciones tópicas y sistémicas”. “El veterinario es el responsable de diseñar un plan de desparasitación individualizado, teniendo en cuenta no solo las características del animal, sino también el riesgo de exposición según su estilo de vida (interior vs exterior, viajes, estancias en residencias, etc.), la zona geográfica y la época del año”, manifiesta. Igualmente, comenta que “la combinación de moléculas con distintos espectros de acción permite diseñar protocolos de desparasitación completos y personalizados, optimizando la eficacia y disminuyendo los riesgos”. Estos productos, prosigue desarrollando, “han demostrado una elevada eficacia frente a pulgas, garrapatas y ácaros, y algunos de ellos ofrecen una duración prolongada del efecto, lo que facilita el cumplimiento por parte de los cuidadores”. “Los beneficios de una desparasitación adecuada son múltiples, tanto para los pacientes como para su entorno. En el animal, previenen enfermedades parasitarias cutáneas y sistémicas, mejoran su bienestar y reducen el riesgo de complicaciones asociadas. Para la familia, disminuye el riesgo de zoonosis y facilitan una convivencia más segura. Desde un punto de vista más amplio, la desparasitación responsable tiene un impacto positivo en la salud pública, al reducir la circulación de agentes patógenos en el entorno”, detalla. No obstante, aclara que “la principal causa de fallo en la protección antiparasitaria no suele ser la falta de eficacia del producto, sino problemas de cumplimiento o una elección inadecuada de la presentación en función del estilo de vida del animal”. “Ejemplos frecuentes son el uso de productos tópicos en animales que se bañan con mucha frecuencia o la administración incorrecta de tratamientos orales”, recalca. Asimismo, el entorno doméstico es, en general, un espacio seguro siempre que se mantengan medidas preventivas adecuadas. “El principal riesgo aparece cuando se introduce en el hogar un animal que no ha sido correctamente desparasitado y que puede actuar como fuente de infestación para otras mascotas”, subraya la experta de AniCura. Por lo tanto, la prevención sistemática es fundamental, pues “un animal correctamente protegido puede entrar en contacto con parásitos en el exterior, pero estos no lograrán establecerse ni reproducirse en el entorno doméstico”. De este modo, “el hogar permanece libre de infestaciones y se reduce el riesgo tanto para los animales como para las personas”, agrega. Bajo el punto de vista de la especialista, “más que un desconocimiento absoluto entre los cuidadores sobre los riesgos invisibles de los parásitos en los animales de compañía, en muchos casos se observa una cierta relajación en el cumplimiento de los programas de desparasitación”. Esto, en su opinión, “puede estar relacionado con una confianza excesiva en productos denominados ‘naturales’ o con una comprensión incompleta del mecanismo de acción de los antiparasitarios convencionales”. “Por ejemplo, algunos cuidadores consideran que bañar al animal con un champú antiparasitario o aplicar un spray tras observar pulgas o garrapatas proporciona una protección duradera, cuando en realidad estos productos carecen de efecto residual prolongado”, incide. Estas situaciones, reflexiona Diéguez para concluir, “subrayan la importancia de seguir reforzando la educación sanitaria y el asesoramiento veterinario, especialmente en lo relativo a enfermedades de gran impacto como la leishmaniosis y la necesidad de una prevención continua y bien planificada”.

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