IM VETERINARIA #67

55 neral desconoce el sistema de ‘especialización veterinaria’. A veces no entienden por qué mis servicios tienen un coste tres o cuatro veces superior a los de un educador canino, por ejemplo”. La falta de cobertura legal es el segundo aspecot que menciona Camps: “Aunque se están haciendo pasitos hacia nuestro reconocimiento en el país, lo cierto es que es un sistema que no está reconocido por el Estado Español y, legalmente, no somos especialistas. Creo que es uno de los grandes debe que tenemos hoy en día. Es decir, la profesión ha avanzado mucho más que las leyes que la regulan, que se han quedado totalmente obsoletas a la realidad de la sociedad actual”. Así, Camps definiría la etología clínica como “imprescindible” dentro del contexto de la medicina veterinaria generalista:“Creo que no se puede dar un buen servicio de medicina veterinaria sin tener en cuenta el comportamiento. A día de hoy, sabemos que es imposible separar la salud física de la mental. Creo que todo veterinario generalista debería tener un conocimiento bueno de medicina del comportamiento -y es un gran debe del plan de estudios de veterinaria de este y muchos otros países-. Asimismo, todos los centros veterinarios deberían tener un veterinario especializado en comportamiento de confianza a quien poder remitirle los casos con los que se sientan menos cómodos”. Desafíos Como ya ha mencionado, Camps cree que el primer desafío de la especialidad pasa por el mismo plan de estudios, que deja muy de lado la capacitación en medicina del comportamiento y bienestar animal a los estudiantes. Hay facultades que no imparten la materia, y otras lo hacen dentro de otra otra asignatura más amplia, dejándole muy pocas horas reales. “La verdad es que es algo que no puedo entender: que, a las puertas de 2026, no se haya solucionado este grave problema resulta increíble. ¿Cómo puede ser que los veterinarios no tengamos una base sólida y excelente en bienestar animal cuando finalizamos la carrera? ¿Qué otra titulación debería tenerla, si no es la nuestra?”. El poco conocimiento sobre etología clínica y bienestar animal “conlleva que los veterinarios tengan poca seguridad a la hora de hacer diagnósticos o plantear tratamiento en medicina del comportamiento y tiendan a remitir estos casos”. Por otro lado, “el segundo gran problema -apunta- es el tiempo que requiere la etología clínica. Es cierto que cada sesión dura aproximadamente una hora, aunque en la realidad no es mucho más que otras especialidades cuando quieres profundizar en un caso. En muchos centros este tiempo lo entienden como un lastre -de ocupación de espacios y de recursos en personal- para las otras especialidades y tienden a externalizar el servicio. Además, para la modificación de conducta, se suele necesitar un espacio amplio que no todos los centros tienen”. Problemas de comportamiento más habituales Al tratarse de un servicio de referencia, Camps explica que habitualmente atienden casos de mayor complejidad. No obstante, como ocurre en cualquier especialidad, conviven situaciones muy sencillas con otras especialmente complejas que, en algunos casos, no tienen solución. “Porcentualmente, lo que más atiendo en perros son casos relacionados con agresividad, ansiedad y fobias. En gatos, lo que más vemos con diferencia son problemas de agresividad y eliminación inadecuada”. Aunque también ven trastornos compulsivos, problemas en la calle con el manejo del animal, prevención en cachorros. Para Camps, resulta imposible desvincular los problemas médicos de los trastornos de conducta. “Siempre, sin excepción, tenemos que analizar la salud física del animal. Valoramos tanto el historial médico como el estado actual. Cuando realizamos la primera aproximación a un caso, a parte del historial etológico -adopción, entorno del animal, manejo, etc.-, siempre realizamos también un examen físico general, un examen neurológico y, con mucha frecuencia, pruebas de laboratorio y de imagen”. A partir de toda esta información, se elabora un diagnóstico diferencial que marca el protocolo de diagnóstico, es decir, los siguientes pasos a llevar a cabo. “Es fundamental, en muchos casos, la colaboración con otras especialidades”, añade Camps. En relación con los retos clínicos y sociales que, a su juicio, están frenando la consolidación de la etología clínica como parte integral de la práctica veterinaria, considera que esta disciplina se ha afianzado más a nivel social que en numerosos ámbitos profesionales. “Con la irrupción de los grandes grupos de inversión pensaba que se iba a profesionalizar más la especialidad, que nos verían más como a un servicio de psiquiatría en medicina humana, sin embargo, creo que hay grandes reticencias en algunos -no todos- de estos grupos en apostar fuerte por la especialidad en sus centros. Seguro que cambiará en un futuro no muy lejano, porque es algo que la sociedad demanda”. Por otro lado, insta a que “los veterinarios seamos los principales garantes del bienestar animal. La forma de relacionarnos con nuestros pacientes en consulta tendría que ser el primer ejemplo, y el ‘manejo con poco estrés’ debería ser el pilar básico de abordaje de cualquier paciente. Todos los veterinarios deberíamos salir muy bien formados -en teoría y práctica- sobre este tipo de manejo. Aparte de esto, también es fundamental la identificación y tratamiento adecuado del dolor (no solo el agudo, también el dolor crónico), identificar señales sutiles de estrés o ansiedad en los pacientes, identificar problemas ambientales que estén siendo la causa del pro- “EL SISTEMA EMOCIONAL DE LOS ANIMALES ES MUY PARECIDO AL NUESTRO”

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