IM VETERINARIA #67

54 ETOLOGÍA LA ETOLOGÍA CLÍNICA HA IDO GANANDO PESO EN LA MEDICINA VETERINARIA A MEDIDA QUE SE CONSOLIDA UNA VISIÓN INTEGRAL DE LA SALUD ANIMAL, EN LA QUE EL COMPORTAMIENTO Y EL BIENESTAR EMOCIONAL SON INSEPARABLES DE LA DIMENSIÓN FÍSICA. EN ESTE CONTEXTO, LA ESPECIALIDAD SE ENFRENTA TODAVÍA A IMPORTANTES RETOS FORMATIVOS, CLÍNICOS Y ESTRUCTURALES PARA SU PLENA INTEGRACIÓN EN LA PRÁCTICA VETERINARIA GENERALISTA. Desde muy pequeño quiso ser veterinario. Un amigo de la familia, que lo sabía, le regaló un libro de etología, Etología: La conducta animal, un modelo para el hombre, de Klaus Thews. Era un libro muy denso para su edad, pero le llamaron mucho la atención los estudios clásicos que ahí se describían, desvela Tomàs Camps, doctor en medicina veterinaria y diplomado por el European College of Animal Welfare and Behavioural Medicine (ECAWBM) El año en el que terminó la carrera, se impartió por primera vez el Máster de Etología Clínica de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Se enteró de casualidad. En ese momento estaba tramitando los papeles para hacer el internado en el Hospital de la UAB. Así que tuvo que elegir, internado o el máster y, sin tener un motivo muy claro, se decidió por el Máster. “La verdad, no me arrepiento, sino todo lo contrario. Supongo que del otro camino tampoco me arrepentiría, porque me apasiona la medicina animal en general. Pero se dio así, sin más”, describe. Como diplomado por el ECAWBM, considera que el principal valor que aporta la acreditación a la práctica clínica diaria reside en el conocimiento adquirido, ya que “el aprendizaje que se obtiene al cursar una diplomatura es incuestionable”. “La capacitación clínica para hacer frente a cualquier caso que se te pueda plantear, por difícil que sea, es excelente. Todo veterinario que ha pasado por un proceso de residencia y ha superado un examen como el de la diplomatura, ofrece una garantía de calidad científica al veterinario que quiera remitir”. Y prosigue: “Con esto no estoy diciendo que los veterinarios diplomados sean mejores que los veterinarios generalistas, para nada. Solo es una garantía de que te has preparado en la excelencia en una especialidad en concreto y que estás al día. Es importante recordar que las diplomaturas deben renovarse -al menos en mi colegio- cada cinco años)”. Sin embargo, según su punto de vista, hay dos puntos negativos en relación con las diplomaturas. “El primero es que la inmensa mayoría del público en ge- “La inmensa mayoría del público en general desconoce el sistema de especialización veterinaria”

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