42 Con todo, “la investigación actual se centra en comprender mejor la artrosis como una enfermedad de órgano completo, no solo del cartílago, sino que afecta al hueso subcondral, la membrana sinovial, los músculos y el sistema nervioso”. Resalta así un gran interés en los mecanismos del dolor crónico, sensitización central y neuroinflamación, así como en los biomarcadores que permitan diagnosticar artrosis de forma más temprana o monitorizar la respuesta al tratamiento. “Asimismo otro punto de gran interés son las estrategias preventivas, especialmente en razas predispuestas o en pacientes jóvenes con patologías ortopédicas. También se sigue estudiando la evaluación de la calidad de vida de los pacientes con artrosis, como graduarla y monitorizarla para establecer si el manejo recibido está siendo adecuado”, remarca. Cada vez se busca más evidencia de calidad que permita tomar decisiones clínicas basadas en datos y no solo en experiencia individual. “EL ABORDAJE ACTUAL DEL DOLOR ARTICULAR SE BASA EN UN MANEJO MULTIMODAL E INDIVIDUALIZADO, APOYADO POR LA EVIDENCIA CIENTÍFICA” Una especialidad en auge La veterinaria está viviendo una evolución enorme, con tutores cada vez más informados y exigentes, con pacientes que viven más años y requieren un manejo del dolor y de la calidad de vida mucho más sofisticado, y con tecnología, conocimientos y formación veterinarios cada vez más avanzados. “Este aumento en la complejidad asistencial no siempre va acompañado de una correcta comprensión del valor real del acto veterinario, especialmente cuando se habla de precios y costes”. En su especialidad, la cirugía de pequeños animales combinada con la medicina deportiva y la rehabilitación, se refleja muy bien este cambio y el auge que ha experimentado en los últimos años, “en paralelo al incremento de los deportes caninos y del trabajo especializado con perros de servicio, seguridad o rescate”. Según la veterinaria y profesora, estos animales son auténticos atletas de élite y requieren un conocimiento biomecánico, fisiológico y clínico muy específico. “Aquí, ya no se trata solo de operar, sino de acompañar al paciente a lo largo de su condición, optimizar su recuperación y funcionalidad, prevenir lesiones y controlar el dolor crónico”. Presión constante Lafuente lo señala como un campo en continua evolución, con investigación constante y estudios clínicos que permiten generar evidencia sobre técnicas quirúrgicas, programas de rehabilitación y terapias complementarias que realmente mejoren la función y el bienestar de los animales de compañía. “Sin embargo, todo este nivel de especialización, formación continua, tecnología y tiempo clínico tiene un coste que no siempre es percibido ni aceptado socialmente ni oficialmente. En España, además, los servicios veterinarios están gravados con un IVA del 21%, lo que encarece directamente la atención sanitaria animal y dificulta que muchos tutores entiendan por qué determinados tratamientos, cirugías o programas de rehabilitación tienen el precio que tienen”, aclara. Y ello genera una presión constante sobre el veterinario, que se ve obligado a justificar honorarios que, en muchos casos, no reflejan ni la responsabilidad ni el nivel de cualificación requerido. Hay otros retos importantes. Según Lafuente, nuevas legislaciones y marcos regulatorios están limitando o dificultando el uso de determinadas terapias, a veces sin una diferenciación clara entre prácticas sin base científica y tratamientos respaldados por evidencia. “Y en España existe una falta de reconocimiento oficial de los veterinarios como profesionales sanitarios, o de las especialidades veterinarias y de los diplomados internacionales, lo que frena el desarrollo de la especialización en nuestro país, dificulta el reconocimiento social y profesional, y no siempre refleja el nivel real de formación y competencia”, destaca. En este contexto, la reciente creación de la escala de formación de especialidades de la Organización Colegial Veterinaria (OCV) supone un paso adelante importante hacia un reconocimiento oficial y estatal de las especializaciones, alineado con la realidad formativa y profesional de muchos veterinarios. “Aunque queda camino por recorrer, es una señal positiva de avance”, valora. A pesar de todo, Lafuente reconoce que se trata de un área exigente y muy gratificante, que requiere formación continua, pensamiento crítico y una visión integral del paciente. “Creo que el futuro de la profesión pasa por la especialización real, la colaboración multidisciplinar y la medicina basada en la evidencia, acompañadas de un mayor reconocimiento institucional y social del valor del trabajo y especialización del veterinario, incluidos unos honorarios justos y una fiscalidad acorde a la labor sanitaria que desempeñamos, siempre con el bienestar animal y la calidad de vida como eje central”, concluye.
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