41 crónico articular en perros y gatos. “Se trata de una enfermedad muy prevalente y progresiva que no afecta solo a animales geriátricos, sino también a pacientes jóvenes, especialmente aquellos con enfermedades ortopédicas de base como la displasia de cadera o de codo, la rotura del ligamento cruzado craneal, las incongruencias articulares, las inestabilidades o las secuelas postraumáticas”, responde. La enfermedad del ligamento cruzado craneal, luxación de rótula y displasias, de cadera y codo, son condiciones articulares también muy frecuentes que causan dolor y cojera en perros, y menos en gatos. Y en “perros deportivos y de trabajo, además, vemos con frecuencia lesiones articulares por sobreuso, tendinopatías asociadas y degeneración articular precoz. En el gato, la artrosis sigue estando claramente infradiagnosticada, a pesar de que hoy sabemos que una gran proporción de gatos adultos y senior presentan cambios degenerativos clínicamente relevantes, aunque con signos mucho más sutiles que en el perro”, declara Lafuente. Manejo multimodal e individualizado El abordaje actual del dolor articular se basa en un manejo multimodal e individualizado, apoyado por la evidencia científica. Así lo ve Lafuente: “Ya no se habla de un único tratamiento, sino de la combinación de diferentes estrategias adaptadas a cada paciente”. En esta línea, habla del tratamiento farmacológico, que incluye antiinflamatorios no esteroideos cuando están indicados, analgésicos centrales y, más recientemente, terapias biológicas como los anticuerpos monoclonales frente al NGF, que han supuesto un cambio importante en el manejo del dolor crónico, especialmente en perros y gatos con artrosis. También en el control del peso, fundamental para reducir la carga articular y la inflamación sistémica, y uno de los factores con mayor impacto clínico demostrado en la evolución de la artrosis. Junto a la nutrición y suplementación, orientadas a modular la inflamación y apoyar la salud articular. “Las dietas específicas para artrosis, enriquecidas en ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), han demostrado beneficios en la reducción del dolor y la mejora de la función. La suplementación con otros condroprotectores/nutracéuticos, como condroitin sulfato, glucosamina, colágeno o antioxidantes puede ser útil como parte del manejo global, aunque su efecto es variable y no sustituye a otros tratamientos con mayor nivel de evidencia, como los ácidos grasos omega 3”. Otra estrategia se centra en la modificación del ejercicio, clave para mantener la función articular sin exacerbar el dolor. Para Lafuente, se recomienda ejercicio regular, controlado, corto y de bajo impacto, evitando picos de carga, actividades explosivas o cambios bruscos de intensidad. “El objetivo es preservar la masa muscular, estabilidad articular y movilidad, adaptando siempre la actividad a la fase de la enfermedad y a la respuesta individual del animal”. Mientras que la rehabilitación y fisioterapia veterinaria, actualmente una parte esencial del tratamiento, incluye terapias manuales, ejercicios terapéuticos y agentes físicos como el láser, la electroterapia o las ondas de choque extracorpóreas, que han demostrado efectos beneficiosos en animales con artrosis. “La hidroterapia es una herramienta especialmente completa, ya que permite trabajar fuerza, rango de movimiento, control del peso y analgesia, con un bajo impacto articular”, señala Lafuente. También destaca la medicina regenerativa, como el uso de plasma rico en plaquetas o terapias celulares, que se emplea cada vez más como tratamiento complementario. “Aunque algunos estudios y la experiencia clínica sugieren beneficios en determinados pacientes, la evidencia sigue siendo limitada y heterogénea, por lo que su indicación debe ser individualizada y basada en expectativas realistas”, añade. Y también se destaca la cirugía, indicada en los casos en los que existe una causa estructural corregible (por ejemplo, inestabilidad articular o incongruencias), ya sea mediante cirugía estabilizadora o artroscopia para mejorar la sintomatología y posiblemente ralentizar la progresión de la enfermedad, o procedimientos de rescate orientados a aliviar la sintomatología. “La clave está en tratar al paciente, no solo a la articulación, y adaptar el plan terapéutico a su edad, actividad, comorbilidades y expectativas del tutor”. ‘Manejo más precoz y más específico’ Las innovaciones se dirigen hacia un manejo más precoz, más específico y menos dependiente exclusivamente de fármacos tradicionales. Destacan especialmente las terapias biológicas y moduladoras del dolor, como los anticuerpos monoclonales, que permiten un control sostenido del dolor con un buen perfil de seguridad. Lafuente menciona la medicina regenerativa, con avances en el uso racional de PRP, células madre mesenquimales y otros productos biológicos, aunque todavía necesitamos más estudios bien diseñados para definir protocolos, dosis, etc. Además del diagnóstico más temprano, gracias a una mejor concienciación clínica, herramientas de evaluación funcional, análisis de la marcha y técnicas de imagen más precisas; y la integración de la medicina deportiva, aplicando principios de entrenamiento, de prevención de lesiones, nutricionales y de rehabilitación también en pacientes no deportivos. “SE BUSCA MÁS EVIDENCIA DE CALIDAD QUE PERMITA TOMAR DECISIONES CLÍNICAS BASADAS EN DATOS Y NO SOLO EN EXPERIENCIA INDIVIDUAL”
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