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Localizan niveles elevados de retardantes BFR en animales que viven siempre en el interior.

Expertos de la Universidad de Estocolmo (Suecia) han llevado a cabo un estudio que ha desvelado niveles elevados de retardantes de llama bromados (BFR, en inglés), un grupo de productos químicos potencialmente tóxicos, en análisis de sangre de gatos domésticos. Tal y como recoge el portal web de La Vanguardia, los autores afirman que los gatos que viven siempre en sitios cerrados acumulan restos de BFR que se desprenden de materiales sintéticos y plásticos.

Según apunta el estudio, publicado en la edición de febrero de 2017 de la revista Environmental Science Technology, los BFR se utilizan en la fabricación de plásticos, materiales de electrónica, tapicería, sofás, alfombras, almohadas y muchos otros complementos para reducir el riesgo de incendio. Al desprenderse de estos tejidos y pasar al polvo que se acumula en el interior de las viviendas, los BFR puede acabar afectando a las personas y otros seres vivos, en este caso los gatos. LV añade que diversos estudios indican que algunos BFR perjudican la salud, actuando como disruptores endocrinos (alteran el funcionamiento hormonal) y causando daños neurotóxicos. Este tipo de contaminación también puede llegar a los gatos a través de la alimentación.

Los autores analizaron la sangre de gatos que viven principalmente en espacios abiertos y otros ejemplares que viven casi siempre en el interior de hogares. Los niveles de BFR fueron mucho más elevados en los gatos que viven siempre en recintos cerrados, tal y como se esperaba. Los responsables de la investigación han recordado que es muy posible que los niños más pequeños -que también viven de forma cotidiana en el interior de los hogares- estén expuestos a un problema similar de contaminación.

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