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La obesidad en perros y gatos podría evaluarse con nuevos criterios que permitan determinar no solo la cantidad de grasa corporal que acumulan, sino también si ese exceso está perjudicando su salud. Un artículo publicado en la revista científica Journal of the American Veterinary Medical Association (JAVMA) propone un sistema ...
La obesidad en perros y gatos podría evaluarse con nuevos criterios que permitan determinar no solo la cantidad de grasa corporal que acumulan, sino también si ese exceso está perjudicando su salud. Un artículo publicado en la revista científica Journal of the American Veterinary Medical Association (JAVMA) propone un sistema de diagnóstico en dos fases para diferenciar entre los animales que presentan obesidad como factor de riesgo y aquellos que ya padecen una enfermedad asociada al exceso de grasa.
La propuesta, presentada por la World Pet Obesity Association (WPOA) el pasado 16 de octubre, pretende mejorar la identificación de la obesidad clínica en los animales de compañía y facilitar que los veterinarios puedan establecer tratamientos adaptados a la situación de cada paciente.
Actualmente, una de las herramientas más utilizadas en las consultas veterinarias para evaluar el estado físico de perros y gatos es la puntuación de condición corporal, conocida como BCS por sus siglas en inglés. Este sistema permite estimar la cantidad de grasa que presenta un animal mediante una escala de nueve puntos, teniendo en cuenta aspectos como la acumulación de tejido adiposo, la visibilidad de la cintura y la facilidad para palpar las costillas.
Sin embargo, los investigadores señalan que esta clasificación presenta una limitación importante: permite identificar el exceso de grasa, pero no determina por sí sola si está provocando alteraciones en la salud del animal.
El nuevo modelo propone que los veterinarios realicen una primera evaluación de la condición corporal utilizando la escala de nueve puntos. Según esta clasificación, los animales con una puntuación de entre 6 y 7 se consideran con sobrepeso, mientras que aquellos que alcanzan entre 8 y 9 presentan obesidad.
Una vez identificada la acumulación excesiva de grasa, se plantea una segunda fase destinada a determinar si el animal padece obesidad clínica. Para ello, los especialistas deberán comprobar tres criterios: la existencia de una cantidad de grasa corporal situada en el rango de obesidad, la presencia de una alteración de salud clínicamente significativa y la existencia de evidencias que permitan atribuir dicha alteración al exceso de grasa.
De esta manera, un perro o un gato no recibiría automáticamente un diagnóstico de obesidad clínica por presentar una elevada puntuación de condición corporal, sino que sería necesario demostrar que esa acumulación está afectando a su organismo.
El sistema también contempla aquellos casos en los que no se dispone de información suficiente para establecer una relación entre el exceso de grasa y los problemas de salud detectados. En estas situaciones, los autores recomiendan ampliar la evaluación veterinaria antes de emitir un diagnóstico definitivo.
Una de las principales novedades de la propuesta es la distinción entre obesidad clínica y obesidad preclínica, dos situaciones que, aunque comparten una acumulación excesiva de grasa corporal, presentan diferencias desde el punto de vista médico.
La obesidad preclínica se aplicaría a los animales que presentan una cantidad de grasa correspondiente al rango de obesidad, pero en los que, tras una evaluación adecuada, no se han identificado alteraciones de salud atribuibles a esa acumulación.
En estos casos, el exceso de grasa constituye un factor de riesgo que puede favorecer la aparición de problemas de salud, aunque todavía no se haya demostrado que esté causando una enfermedad.
Por el contrario, la obesidad clínica se diagnosticaría cuando existen alteraciones de salud relacionadas con el exceso de tejido adiposo. Esta diferenciación permitiría establecer distintas estrategias de seguimiento, prevención y tratamiento en función de las necesidades de cada animal.
Los autores consideran que esta clasificación puede adquirir especial relevancia ante el desarrollo de nuevos medicamentos y tratamientos destinados a combatir la obesidad en animales de compañía. Disponer de criterios diagnósticos más precisos ayudaría a identificar qué pacientes presentan una enfermedad y cuáles se encuentran en una situación de riesgo.
El modelo ha sido desarrollado por Ernie Ward, veterinario y fundador de la World Pet Obesity Association y de la Association for Pet Obesity Prevention, junto con Julie A. Churchill, especialista en nutrición veterinaria de la Universidad de Minnesota.
La propuesta adapta al ámbito veterinario los criterios planteados en 2025 por una comisión internacional sobre obesidad clínica, cuyos resultados se publicaron en la revista médica The Lancet Diabetes & Endocrinology.
Asimismo, da continuidad a un trabajo publicado en 2025 en Veterinary Record, en el que varios investigadores defendían la necesidad de actualizar las definiciones de obesidad clínica en animales de compañía.
Los autores subrayan que el objetivo no es limitar la atención veterinaria a la reducción del peso, sino incorporar una evaluación más completa del estado de salud de cada paciente. En los animales con obesidad clínica, el tratamiento debería abordar tanto el exceso de grasa corporal como las alteraciones médicas asociadas.
La publicación constituye, por el momento, una propuesta de criterios diagnósticos y no un nuevo protocolo clínico de aplicación obligatoria. Su finalidad es contribuir al debate científico sobre cómo identificar y tratar la obesidad en perros y gatos, diferenciando el exceso de peso de sus posibles consecuencias sobre la salud.
Fuente original: Ernie Ward y Julie A. Churchill. Should veterinarians apply a 2-step framework to classify adiposity and diagnose clinical obesity in dogs and cats? Journal of the American Veterinary Medical Association, octubre de 2026.