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Antes de nada, conviene aclarar qué es exactamente ese chip y qué información guarda, porque hay bastante confusión al respecto. Muchas personas creen que permite seguir la ubicación del perro en tiempo real, y acaban buscando una función que el chip no tiene. Si lo que preocupa es saber dónde ...
Antes de nada, conviene aclarar qué es exactamente ese chip y qué información guarda, porque hay bastante confusión al respecto. Muchas personas creen que permite seguir la ubicación del perro en tiempo real, y acaban buscando una función que el chip no tiene. Si lo que preocupa es saber dónde está el animal en cada momento, lo adecuado es informarse sobre un localizador GPS para perros, un dispositivo distinto que cumple otra función.
El microchip es una cápsula del tamaño de un grano de arroz que el veterinario coloca bajo la piel, normalmente en el lado izquierdo del cuello. No tiene batería ni emite señal por sí solo. Es un transpondedor pasivo que solo se activa cuando un lector específico le envía energía por radiofrecuencia.
Además, el chip no almacena el nombre del dueño ni su teléfono. Solo contiene un código numérico de 15 dígitos. Ese número sirve para consultar los datos del propietario en el registro de identificación animal correspondiente, que en España depende de cada comunidad autónoma.
La mayoría de los smartphones incorporan tecnología NFC, la misma que se usa para los pagos sin contacto. El problema es que el NFC funciona en una frecuencia de 13,56 MHz, mientras que los microchips de animales siguen la norma ISO 11784/11785 y trabajan a 134,2 kHz. Hablan «idiomas» diferentes, así que el teléfono, por sí solo, no puede leer el chip.
Por eso conviene desconfiar de las aplicaciones que prometen escanear el microchip con solo acercar el móvil. En el mejor de los casos no hacen nada; en el peor, piden permisos innecesarios o datos personales.
Existen lectores de microchip externos que se conectan al teléfono por Bluetooth o por cable. El lector capta el código y la aplicación asociada lo muestra en pantalla. Son útiles para protectoras, voluntarios o personas que colaboran a menudo en rescates, aunque a un particular no suele compensarle comprar uno.
Otra opción cada vez más común son las chapas inteligentes con código QR o etiqueta NFC que se cuelgan del collar. Estas sí pueden leerse con cualquier móvil y muestran los datos de contacto que el dueño haya decidido incluir. Eso sí, no sustituyen al microchip, que es obligatorio y no se pierde.
Lo más sensato es llevar al animal a una clínica veterinaria, a la policía local o a una protectora. Todos disponen de lectores adecuados y de acceso a los registros oficiales, así que pueden localizar al propietario en pocos minutos y con total garantía de privacidad.
Y si tienes perro, revisa de vez en cuando que tus datos de contacto estén actualizados en el registro. Un chip asociado a un teléfono antiguo es casi tan poco útil como no tenerlo.