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Según el informe I índice de medición de la experiencia en el sector veterinaria, elaborado por Lukkap, el sector veterinario en España sigue creciendo gracias a la combinación de factores demográficos, culturales y tecnológicos. El sector ya se sitúa por encima de los 2.000 millones de euros, articulado en torno a más de 11.000 centros ...
Según el informe I índice de medición de la experiencia en el sector veterinaria, elaborado por Lukkap, el sector veterinario en España sigue creciendo gracias a la combinación de factores demográficos, culturales y tecnológicos. El sector ya se sitúa por encima de los 2.000 millones de euros, articulado en torno a más de 11.000 centros clínicos y más de 30.000 profesionales en activo.
Por lo tanto, hoy en día la actividad veterinaria es un pilar del sistema sanitario. Este desarrollo ha estado impulsado principalmente por el aumento de la población de animales de compañía, que supera ya los 29 millones, así como por un cambio cultural que sitúa a las mascotas en el núcleo familiar.
El nuevo paradigma ha traído consigo una mayor demanda de servicios especializados, el avance de la tecnología diagnóstica y una creciente complejidad clínica. En paralelo, este proceso convive con una estructura empresarial donde el 72 % de las clínicas siguen siendo independientes, frente a un 21 % perteneciente a corporaciones y un 7 % a grupos de independientes, lo que evidencia un sector aún fragmentado, pero en transición.
En este contexto, las tensiones estructurales afectan directamente a la experiencia laboral. La elevada feminización del sector, la presión emocional inherente al ejercicio clínico y unas condiciones laborales percibidas como exigentes configuran un escenario donde los profesionales se enfrentan a numerosos desafíos.
La realidad profesional veterinaria
Uno de los rasgos más distintivos del sector veterinario es su alto grado de feminización, con cerca del 70 % de mujeres entre sus profesionales. Este dato influye en las expectativas laborales, especialmente en aspectos como la conciliación, el desarrollo profesional y la estabilidad.
A ello se suma el fuerte componente vocacional que caracteriza a la profesión veterinaria. La motivación inicial de quienes acceden a este ámbito suele estar vinculada al cuidado animal, al compromiso ético y a la satisfacción derivada del impacto positivo en la salud y bienestar de los pacientes. No obstante, esta vocación, que actúa como motor de entrada, no siempre encuentra correspondencia en las condiciones reales del ejercicio profesional. El informe pone de manifiesto una brecha persistente entre la vocación y la realidad cotidiana. Las exigencias emocionales del trabajo clínico, las largas jornadas y las crecientes demandas organizativas generan un entorno que puede erosionar progresivamente la motivación inicial.
Entre el compromiso y la insatisfacción latente
El análisis de los principales indicadores de experiencia de empleado revela una realidad compleja y, en cierto modo, contradictoria. Por un lado, los profesionales muestran un elevado grado de vinculación con sus clínicas, con una puntuación media de 8,3 sobre 10, muy por encima de la media nacional situada en 6 puntos.
Sin embargo, este vínculo no se traduce necesariamente en estabilidad laboral. La intención de cambio profesional alcanza el 20 %, frente al 12 % del resto de sectores, lo que supone una diferencia de ocho puntos porcentuales. Este dato resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que el sector veterinario presenta un eNPS (Employee Net Promoter Score) –que mide el compromiso y la lealtad del empleado hacia la empresa– de -7, el mejor dentro de los sectores analizados, pero todavía en terreno negativo.
Cuando se analiza únicamente a los veterinarios asalariados, la situación se deteriora: su eNPS cae hasta -34, es decir, 27 puntos por debajo del promedio del sector. Esta diferencia evidencia una fractura interna que condiciona la experiencia global.
Desigualdades internas
Constituyendo un colectivo heterogéneo, el sector veterinario presenta al menos tres realidades diferenciadas: propietarios o socios, profesionales autónomos y trabajadores asalariados. Los propietarios alcanzan niveles de recomendación positivos en torno a +42, mientras que los autónomos se sitúan en +16, frente al -34 de los asalariados.
Estas diferencias no solo afectan a la percepción del trabajo, sino también a la intención de cambio. Mientras que entre propietarios esta se sitúa en torno al 10 %, entre los asalariados puede alcanzar el 30 %, triplicando prácticamente el riesgo de rotación.
De esta forma, la segmentación interna pone de relieve la necesidad de abordar la experiencia del empleado desde una perspectiva diferenciada, especialmente en un sector donde el 50 % de los profesionales trabaja por cuenta ajena y un 28 % como autónomo.
Deterioro de las condiciones laborales
El análisis de las condiciones laborales revela uno de los principales focos de tensión en el sector. Los profesionales valoran la conciliación entre vida personal y laboral con un 5,3 sobre 10, mientras que las condiciones básicas, como salario o jornada, alcanzan un 5,5. La satisfacción global se sitúa en 6,8 y la percepción de reconocimiento en 6,6, cifras que reflejan un margen de mejora considerable.
La carga de trabajo aparece como uno de los factores más determinantes, siendo señalada por el 49 % de los profesionales como motivo de malestar, mientras que el 62 % menciona el salario por debajo de expectativas y el 60 % la falta de conciliación. Esta realidad repercute directamente en el bienestar emocional y en la sostenibilidad de la carrera profesional, especialmente en los primeros años.
Mayor desgaste profesional
Otro de los aspectos preocupantes es el impacto de las condiciones laborales en la salud emocional de los profesionales. Siete de cada diez veterinarios afirman convivir a diario con emociones negativas, destacando el estrés (24 %), las ganas de dejar el trabajo (18 %) o la sensación de sentirse sobrepasado (12 %).
Estos datos se enmarcan en un contexto más amplio, donde los problemas de salud mental se han convertido en una de las principales causas de incapacidad temporal en España, con cientos de miles de casos anuales.
En el caso del sector veterinario, la combinación de presión asistencial, carga emocional y falta de apoyo organizativo genera un riesgo elevado de desgaste profesional, especialmente entre perfiles jóvenes y auxiliares, donde la intención de abandono alcanza el 34 % en algunos casos.
El liderazgo, clave en la experiencia profesional
El papel del liderazgo emerge como uno de los elementos más influyentes en la experiencia del empleado. En el sector veterinario, el eNPS del manager se sitúa en -23, por debajo de la media nacional (-21), lo que sugiere una debilidad estructural en la gestión de equipos.
Por otro lado, el impacto del liderazgo es notable entre los profesionales que valoran positivamente a su responsable, el eNPS puede alcanzar +26, mientras que entre los detractores cae hasta -86, lo que supone una diferencia de 112 puntos.
A pesar de esta relevancia, el 42 % de los profesionales no recibe apoyo en su incorporación, el 48 % considera que su responsable no se preocupa por sus motivaciones y solo el 41 % recibe feedback continuo. Estas carencias tienen un impacto directo en la intención de salida, que puede incrementarse hasta el 50 % en entornos con bajo liderazgo.
Vinculándose con el cliente
Del mismo modo, la relación con los propietarios de los animales es un componente central de la experiencia profesional veterinaria. Los profesionales valoran con un 7,8 sobre 10 su confianza en el criterio clínico y con un 6,9 la calidad del trato ofrecido a los clientes.
Aun así, existe una brecha en la formación en habilidades relacionales. Solo el 45 % ha recibido formación para comunicar información sensible, y apenas el 24 % ha sido preparado para gestionar situaciones emocionalmente complejas.
Este dato contrasta con el hecho de que las experiencias positivas con clientes se valoran con un 8,8 sobre 10 en términos de impacto en la motivación, lo que evidencia el potencial de mejora en este ámbito.
Proveedores y entorno operativo
El ecosistema en el que opera el veterinario incluye también a los proveedores, cuya influencia en la experiencia profesional es decisiva. Los proveedores de medicamentos presentan un NPS (Net Promoter Score) –que mide la satisfacción del cliente hacia productos o servicios– de 34, frente a 24 en materiales clínicos, 15 en alimentación y -3 en equipamientos.
Asimismo, existen diferencias internas de hasta 50 puntos entre proveedores de una misma categoría, lo que indica que la calidad de la relación y el servicio prestado son determinantes. De hecho, por cada punto de mejora en el NPS del proveedor, el eNPS del veterinario aumenta en 0,7 puntos.
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