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Una investigación publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science ha detectado ADN de Leishmania en una pequeña proporción de muestras de carcinoma de células escamosas de gatos. Los resultados confirman que la infección parasitaria y este tipo de tumor pueden aparecer simultáneamente en una misma lesión, aunque no ...
Una investigación publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science ha detectado ADN de Leishmania en una pequeña proporción de muestras de carcinoma de células escamosas de gatos. Los resultados confirman que la infección parasitaria y este tipo de tumor pueden aparecer simultáneamente en una misma lesión, aunque no aportan pruebas de que exista una relación causal entre ambas enfermedades.
El trabajo, realizado por investigadores de diferentes instituciones portuguesas, analizó 219 muestras de carcinoma de células escamosas conservadas en un laboratorio de diagnóstico veterinario. Los tejidos procedían de gatos atendidos en Portugal entre 2020 y 2023.
El ADN del parásito fue localizado en tres de las muestras estudiadas, lo que representa el 1,4% del total. Los tumores positivos estaban situados en el pabellón auricular, el plano nasal y el párpado, tres zonas de la cabeza especialmente relevantes porque pueden verse afectadas tanto por este tipo de cáncer como por las manifestaciones cutáneas de la leishmaniosis felina.
El carcinoma de células escamosas es uno de los tumores cutáneos más frecuentes en gatos. Suele aparecer en zonas con poco pelo, escasa pigmentación y una mayor exposición a la radiación ultravioleta, como las orejas, la nariz y los párpados.
La leishmaniosis felina también puede provocar lesiones en estas localizaciones. Entre sus manifestaciones se encuentran la dermatitis ulcerativa, la aparición de costras, la descamación o la formación de nódulos, principalmente en la cabeza y en las zonas distales de las extremidades.
Esta coincidencia puede dificultar el diagnóstico, ya que determinadas lesiones causadas por el parásito pueden confundirse inicialmente con un tumor. Del mismo modo, la confirmación de un carcinoma no permite descartar automáticamente que el animal presente también una infección por Leishmania.
Los investigadores revisaron histológicamente los tres casos positivos y confirmaron la presencia del carcinoma de células escamosas en todos ellos. Sin embargo, solo en la lesión localizada en el plano nasal encontraron estructuras compatibles con amastigotes, la forma del parásito que se desarrolla en el interior de las células del hospedador.
En este caso, las estructuras fueron observadas dentro de macrófagos presentes en el infiltrado inflamatorio asociado al tumor. El análisis molecular permitió además obtener resultados compatibles con Leishmania infantum, la especie que circula habitualmente en Portugal y la principal responsable de la leishmaniosis en la cuenca mediterránea.
Los autores señalan que este es el mayor estudio molecular sistemático realizado hasta ahora para buscar Leishmania en tejidos tumorales felinos. Hasta el momento, la información disponible procedía principalmente de casos clínicos aislados.
La baja frecuencia de detección observada indica que la presencia del parásito en los carcinomas de células escamosas felinos no es habitual. Por ello, los resultados no respaldan que la infección contribuya al desarrollo o a la progresión del tumor.
Una posible explicación es que se trate de una infección incidental en animales que viven en zonas endémicas. Tampoco puede descartarse que el entorno inflamatorio o las alteraciones inmunológicas existentes alrededor del tumor faciliten la permanencia local del parásito. No obstante, el estudio únicamente demuestra que ambas patologías pueden coincidir en un mismo tejido.
Los investigadores advierten, además, de que la detección de ADN no implica necesariamente la existencia de una enfermedad clínica activa. Para establecer el estado del animal sería necesario valorar de forma conjunta los signos clínicos, los antecedentes, las pruebas laboratoriales y los factores epidemiológicos.
El hallazgo tiene especial interés para la práctica veterinaria en áreas donde la leishmaniosis es endémica. Ante un gato con lesiones compatibles y factores de riesgo, la confirmación histopatológica de un carcinoma no debería impedir que se investigue una posible infección simultánea por Leishmania.
El estudio presenta algunas limitaciones. Al tratarse de tejidos archivados y fijados en formalina, el ADN podía encontrarse fragmentado, lo que reduce la sensibilidad de las técnicas moleculares. Tampoco se dispuso de información clínica completa sobre los animales, como su estado inmunitario, posibles infecciones por los virus de la inmunodeficiencia o de la leucemia felina, tratamientos anteriores y evolución posterior.
Los autores consideran necesarios nuevos estudios prospectivos y multicéntricos con un mayor número de animales, tejidos no tumorales comparables y técnicas complementarias. Esto permitiría conocer mejor la distribución del parásito y aclarar su posible interacción con el entorno inflamatorio de los tumores.
Por ahora, la investigación concluye que la leishmaniosis y el carcinoma de células escamosas pueden coexistir en una misma lesión felina, pero no demuestra que el parásito sea responsable de la aparición del cáncer.