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En el estudio "Representaciones cerebrales de perros de expresiones faciales humanas: Codificación de la felicidad y diferenciación de expresiones negativas específicas", publicado el 7 de agosto en la revista iScience de Cell Press, un equipo de investigadores analizó el cerebro de perros mientras observaban imágenes de diversas expresiones humanas. Los ...
En el estudio "Representaciones cerebrales de perros de expresiones faciales humanas: Codificación de la felicidad y diferenciación de expresiones negativas específicas", publicado el 7 de agosto en la revista iScience de Cell Press, un equipo de investigadores analizó el cerebro de perros mientras observaban imágenes de diversas expresiones humanas. Los escáneres cerebrales revelaron que los perros procesan las sonrisas en una región cerebral única y, por primera vez, aportaron pruebas de que pueden distinguir entre expresiones faciales negativas, como la ira, la tristeza y el miedo. Ahora, los autores planean adoptar una perspectiva más centrada en los perros para comprender cómo integran estas señales cerebrales y dan sentido a las personas que los rodean. Su trabajo futuro también comparará cómo los cerebros humanos y caninos procesan las mismas señales emocionales.
A pesar de la evidencia de la capacidad de los perros para percibir expresiones faciales humanas, con estudios de neuroimagen que han sugerido la influencia de la familiaridad (es decir, presentarles a los perros rostros de personas conocidas), aún se desconoce cómo la familiaridad influye en el procesamiento cerebral de las expresiones faciales humanas en los perros.
Rostros de personas desconocidas
En este proyecto, el objetivo fue revelar los correlatos neuronales del procesamiento de expresiones faciales humanas en perros mediante resonancia magnética funcional (RMf). Para descartar la influencia de la familiaridad, se presentaron a los perros imágenes de rostros de personas desconocidas que expresaban tres expresiones negativas (tristeza, ira, miedo) y una expresión positiva (felicidad).
Los investigadores se centraron primero en la felicidad, una expresión que, según estudios previos, tiene especial relevancia para los perros. Analizaron la actividad cerebral de ocho perros mientras les mostraban imágenes de desconocidos con expresiones alegres o neutras. Los rostros felices activaron la corteza temporal y el núcleo caudado en el cerebro de los perros, regiones asociadas con el procesamiento cognitivo superior y la recompensa, respectivamente.
El equipo se preguntó entonces si las mismas regiones cerebrales respondían a otras emociones. Mostraron imágenes de personas que expresaban felicidad, ira, miedo y tristeza a 12 perros y analizaron su actividad cerebral mediante aprendizaje automático. Descubrieron que los perros no reaccionaban de la misma manera ante estas emociones negativas: la red de la corteza temporal y el núcleo caudado respondía de forma específica a la felicidad, lo que permitió a los investigadores distinguir fácilmente las reacciones cerebrales a las sonrisas de las de las tres expresiones negativas.
Pero el cerebro canino no se limitaba a clasificar el mundo en bueno y malo, según descubrió el equipo. Un análisis cerebral completo reveló patrones de actividad distintos que diferenciaban el miedo de la ira y la tristeza, lo que proporciona la primera evidencia de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas específicas.
En este estudio, todos los perros participantes eran mascotas de familias cariñosas, señalan los autores. Los perros que viven en libertad, como los que viven en la calle, se desenvuelven en un entorno social muy diferente y pueden procesar las señales humanas de manera distinta.
Foto principal: Laura V. Cuaya©