Un estudio del RVC analiza el impacto de la epilepsia canina en la vida de sus cuidadores

Una investigación del Royal Veterinary College ha analizado el impacto que tiene cuidar de un perro con epilepsia idiopática en la vida de sus propietarios. El estudio, basado en 590 cuidadores de 29 países, revela consecuencias emocionales, físicas, sociales y económicas, con especial incidencia en la ansiedad, la calidad del sueño y las limitaciones en la vida cotidiana.

Estado: Esperando

02/09/2026

Una nueva investigación del Royal Veterinary College (RVC) ha revelado que convivir y cuidar de un perro con epilepsia puede tener importantes consecuencias emocionales, físicas, sociales y económicas para sus propietarios. El estudio también señala que las personas responsables de estos animales pueden sufrir niveles elevados de ansiedad, alteraciones del ...

Una nueva investigación del Royal Veterinary College (RVC) ha revelado que convivir y cuidar de un perro con epilepsia puede tener importantes consecuencias emocionales, físicas, sociales y económicas para sus propietarios. El estudio también señala que las personas responsables de estos animales pueden sufrir niveles elevados de ansiedad, alteraciones del sueño y limitaciones en su vida social, experiencias que guardan importantes similitudes con las de algunos padres de niños con epilepsia grave.

Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de tener en cuenta el bienestar de los cuidadores como parte del manejo de la epilepsia en la práctica veterinaria.

La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos crónicos más frecuentes tanto en personas como en perros. Los perros con epilepsia sufren crisis recurrentes cuya frecuencia y gravedad pueden variar y que, en muchos casos, requieren tratamiento y seguimiento durante toda la vida.

Aunque las consecuencias de la epilepsia sobre los perros afectados han sido ampliamente estudiadas, existe mucha menos investigación sobre cómo repercute la enfermedad en las personas responsables de sus cuidados. Conocer este impacto resulta fundamental, ya que el bienestar del cuidador puede influir en la calidad de vida del animal y estas personas pueden necesitar un mayor apoyo y reconocimiento social.

Por este motivo, una investigación liderada por el RVC encuestó a 590 cuidadores de perros con epilepsia idiopática de 29 países. Esta es la forma más común de epilepsia y se caracteriza por la aparición repetida de crisis sin que exista una causa identificable, como un tumor cerebral o una infección.

Los participantes completaron un cuestionario online que incluía una nueva evaluación de diez apartados para medir el impacto sobre los cuidadores, adaptada a partir de un modelo desarrollado originalmente para analizar la carga que supone para los padres cuidar de niños con epilepsia.

La evaluación analizó cuatro ámbitos del bienestar de los cuidadores: salud física, salud emocional, vida social y situación laboral y económica. Posteriormente, se utilizaron análisis estadísticos para identificar los factores asociados a una mayor carga para el cuidador, mientras que las respuestas abiertas permitieron conocer con mayor detalle sus experiencias personales.

El estudio reveló que más de uno de cada cinco cuidadores experimentaba consecuencias negativas en los cuatro ámbitos analizados: salud emocional, salud física, vida social y trabajo o economía.

La salud emocional fue el área más afectada, con un 84,9 % de los encuestados que reconoció consecuencias negativas. La salud física también se vio perjudicada en el 77,6 % de los cuidadores.

Los problemas señalados con mayor frecuencia fueron:

  • aumento de la ansiedad o la preocupación (83,7 %);
  • peor calidad del sueño (68,8 %);
  • empeoramiento de la economía familiar (58,4 %); y
  • cansancio (57,1 %).

La carga asociada a los cuidados fue significativamente mayor entre quienes tenían perros con antecedentes de status epilepticus, es decir, crisis prolongadas o sucesivas que requieren atención veterinaria urgente. También fue superior entre los cuidadores de animales que recibían simultáneamente más de un medicamento anticonvulsivo para tratar de controlar la frecuencia o la gravedad de las crisis.

Las mujeres cuidadoras también declararon una mayor carga que los hombres. Por otro lado, cuanto más tiempo había transcurrido desde el diagnóstico, menor era el impacto registrado, lo que podría indicar una cierta adaptación a la enfermedad con el paso del tiempo.

Las respuestas escritas por los participantes reflejaron importantes cambios en su vida cotidiana. Muchos describieron una situación de ansiedad constante, aislamiento social e hipervigilancia. Algunos explicaron que se despertaban repetidamente durante la noche para comprobar el estado de su perro, mientras que otros habían reducido su jornada laboral o evitaban determinados compromisos sociales por miedo a que el animal sufriera una crisis mientras se encontraba solo.

Los resultados apuntan a que la carga que soportan los cuidadores debería considerarse un aspecto importante en el manejo de la epilepsia canina. Mejorar la comunicación con los profesionales veterinarios, ofrecer apoyo práctico y abordar las consecuencias que los tratamientos pueden tener sobre la vida cotidiana podría contribuir a reducir este impacto y, al mismo tiempo, favorecer el bienestar de los perros afectados.

Las futuras investigaciones deberán estudiar la eficacia de diferentes medidas de apoyo a los cuidadores, así como tecnologías capaces de reducir las exigencias derivadas de la vigilancia de las crisis y el desarrollo de herramientas específicas para evaluar la carga de los cuidadores en el ámbito veterinario.

La Dra. Rowena Packer, profesora titular de Comportamiento y Bienestar de Animales de Compañía del RVC y autora principal del estudio, señaló:

«Nuestros resultados demuestran que la epilepsia afecta a mucho más que al propio perro. Muchos cuidadores describieron que viven en un estado de vigilancia constante, preocupados por cuándo se producirá la siguiente crisis y por si estarán presentes para poder ayudar. Resultó especialmente llamativo comprobar hasta qué punto habían adaptado aspectos importantes de sus vidas a la enfermedad de su perro, desde el trabajo y la economía hasta el sueño y las actividades sociales.

»Estos resultados nos recuerdan que manejar con éxito la epilepsia no consiste únicamente en reducir las crisis, sino también en comprender y apoyar a las personas que se ocupan diariamente de estos animales. Ahora debemos estudiar detenidamente cómo los equipos veterinarios pueden contribuir al bienestar de los cuidadores, ya sea mediante una mejor información, consejos prácticos, redes de apoyo entre personas que atraviesan situaciones similares o nuevas tecnologías que reduzcan la carga asociada al cuidado de perros con epilepsia».

La Dra. Zoe Belshaw, especialista veterinaria y coautora del estudio, afirmó:

«Este estudio muestra cómo algunas personas pueden verse afectadas de forma muy negativa y en múltiples aspectos de su vida cuando su perro desarrolla una enfermedad crónica como la epilepsia. Nuestras investigaciones anteriores ya habían identificado posibles similitudes con el cuidado de un niño con epilepsia, pero no esperábamos encontrar tantos cuidadores de perros con epilepsia que sufrieran ansiedad persistente y falta de sueño.

»Esta investigación se suma a las crecientes evidencias que demuestran que cuidar de un animal de compañía con una enfermedad crónica puede resultar enormemente difícil y, sin embargo, esta labor sigue teniendo muy poco reconocimiento social. Esperamos que este estudio contribuya a cambiar esta situación».