Aumenta la prevalencia de enfermedades parasitarias

La leishmaniosis y la echrlichiosis se consolidan como dos de las principales enfermedades parasitarias que afectan a mascotas, especialmente en el área mediterránea. Requieren un enfoque integral que combine prevención, diagnóstico precoz y seguimiento clínico continuado para mejorar el pronóstico de los animales afectados. 

Estado: Esperando

17/07/2026

En el ámbito de la medicina veterinaria de pequeños animales, se observa un incremento de las enfermedades parasitarias. Clínicos y especialistas coinciden en que factores como el cambio climático, la movilidad de animales y personas, y la expansión de artrópodos hematófagos han favorecido la aparición y consolidación de patologías que anteriormente se consideraban ...

En el ámbito de la medicina veterinaria de pequeños animales, se observa un incremento de las enfermedades parasitarias. Clínicos y especialistas coinciden en que factores como el cambio climático, la movilidad de animales y personas, y la expansión de artrópodos hematófagos han favorecido la aparición y consolidación de patologías que anteriormente se consideraban limitadas a determinadas áreas geográficas. Entre ellas, la leishmaniosis y la ehrlichiosis canina ocupan un lugar destacado por su prevalencia, su impacto clínico, y su complejidad diagnóstica y terapéutica.

Ambas enfermedades comparten características epidemiológicas: dependen de vectores para su transmisión –flebótomos en el caso de la leishmaniosis y garrapatas en la ehrlichiosis–, presentan una elevada incidencia en la cuenca mediterránea y afectan principalmente a perros, aunque no exclusivamente. 

Asimismo, la experiencia clínica ha demostrado que la coinfección entre ambas patologías es relativamente frecuente, lo que introduce un grado adicional de dificultad en el manejo de los pacientes. Este escenario obliga a los profesionales veterinarios a adoptar un enfoque integral, en el que la prevención, la detección precoz y el seguimiento continuado resultan esenciales.

Leishmaniosis canina: una enfermedad crónica 

La leishmaniosis canina es descrita como una enfermedad parasitaria grave causada por protozoos del género Leishmania, siendo Leishmania infantum el agente etiológico predominante en Europa. Se trata de una zoonosis de gran relevancia, no solo por su impacto en la salud animal, sino también por sus implicaciones en salud pública. En la práctica clínica, se reconoce como una enfermedad crónica, de evolución variable y potencialmente mortal, especialmente cuando afecta a órganos vitales como el riñón.

La transmisión se produce a través de la picadura de flebótomos, pequeños insectos que actúan como vectores biológicos. Estos artrópodos presentan hábitos nocturnos y encuentran en las condiciones climáticas de la región mediterránea un entorno ideal para su desarrollo, lo que explica la elevada endemicidad de la enfermedad en estas zonas. Se ha señalado que factores ambientales como la temperatura, la humedad y la presencia de materia orgánica influyen directamente en la densidad poblacional de estos insectos, incrementando el riesgo de transmisión.

Uno de los aspectos más relevantes desde el punto de vista clínico es la capacidad de la enfermedad para permanecer asintomática durante largos periodos. Diversos estudios indican que un alto porcentaje de perros infectados no desarrolla signos clínicos evidentes, al menos en fases iniciales, lo que dificulta enormemente su detección. Durante este tiempo, el animal puede actuar como reservorio del parásito, contribuyendo a la perpetuación del ciclo epidemiológico sin que el propietario sea consciente de ello.

Cuando la enfermedad se manifiesta clínicamente, lo hace con una sintomatología muy variada. Los signos cutáneos son frecuentes e incluyen alopecia, descamación, dermatitis, úlceras y crecimiento anómalo de las uñas. A nivel sistémico, se observan signos como pérdida de peso, apatía, fiebre intermitente y linfadenopatía. También son habituales las alteraciones oculares, digestivas y articulares. Sin embargo, es el compromiso renal el que determina en gran medida el pronóstico, siendo la insuficiencia renal una de las principales causas de muerte en perros afectados.

El diagnóstico de la leishmaniosis requiere un enfoque combinado. En la práctica clínica se utilizan test rápidos para la detección de anticuerpos, que permiten una primera aproximación diagnóstica. No obstante, para confirmar la infección y evaluar su evolución, se recurre a técnicas más específicas como ELISA, inmunofluorescencia indirecta o PCR.

En cuanto al tratamiento, los especialistas coinciden en que no existe una cura definitiva para la leishmaniosis. Sin embargo, los protocolos terapéuticos actuales permiten controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida del animal.

El uso combinado de fármacos como antimoniales, miltefosina y alopurinol ha demostrado ser eficaz para reducir la carga parasitaria y modular la respuesta inmunitaria. Aun así, el manejo suele ser crónico y requiere revisiones periódicas, lo que implica un compromiso a largo plazo por parte del propietario. 

La prevención se erige como el pilar en la lucha contra la leishmaniosis. Se ha demostrado que la combinación de medidas repelentes, como collares y pipetas, con estrategias de inmunización ofrece una protección más eficaz. Igualmente, se recomienda evitar la exposición del animal durante las horas de mayor actividad del vector, así como implementar medidas ambientales que reduzcan la presencia de flebótomos. La vacunación, aunque no proporciona una protección absoluta, contribuye a disminuir la probabilidad de desarrollar enfermedad clínica.

Ehrlichiosis canina: una patología bacteriana emergente

La ehrlichiosis canina es una enfermedad infecciosa causada por bacterias intracelulares del género Ehrlichia, siendo Ehrlichia canis la especie más relevante en la clínica veterinaria. Tradicionalmente considerada poco frecuente en determinadas regiones, su incidencia ha aumentado notablemente en los últimos años, en gran parte gracias a la mejora de las técnicas diagnósticas. La transmisión se produce a través de la picadura de garrapatas, principalmente Rhipicephalus sanguineus. Este vector presenta una gran capacidad de adaptación a distintos entornos, incluyendo áreas urbanas y periurbanas, lo que facilita la expansión de la enfermedad. Se ha documentado que la garrapata puede mantener la capacidad de transmitir la infección durante meses tras haberse alimentado de un animal infectado, lo que incrementa el riesgo de propagación.

Desde el punto de vista clínico, la ehrlichiosis se caracteriza por un curso evolutivo en tres fases: aguda, subclínica y crónica. En la fase aguda, que puede pasar desapercibida, los signos son inespecíficos e incluyen fiebre, letargia, anorexia y pérdida de peso. A medida que la enfermedad progresa, puede entrar en una fase subclínica en la que el animal no presenta síntomas evidentes, aunque persisten alteraciones hematológicas.

En los casos en los que la infección no se resuelve, se desarrolla una fase crónica que puede resultar grave e incluso mortal. En esta etapa, se observan signos como anemia, trombocitopenia, hemorragias –especialmente epistaxis–, debilidad generalizada y alteraciones neurológicas o renales. La variabilidad clínica es amplia, lo que dificulta el diagnóstico basado únicamente en la sintomatología.

El diagnóstico de la ehrlichiosis se basa en la combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio. El hemograma suele revelar alteraciones características como trombocitopenia y anemia. Las pruebas serológicas permiten detectar anticuerpos, mientras que la PCR ofrece una mayor sensibilidad y especificidad, especialmente en fases tempranas. La observación de mórulas en frotis sanguíneo puede ser útil en la fase aguda, aunque su sensibilidad es limitada. El tratamiento de elección es la doxiciclina, un antibiótico con alta penetración intracelular que ha demostrado una gran eficacia frente a Ehrlichia canis. Los clínicos señalan que la respuesta al tratamiento suele ser rápida cuando se instaura en fases iniciales, con mejoría evidente en las primeras 24-48 horas. No obstante, en casos crónicos o con afectación severa, pueden ser necesarias terapias de soporte adicionales.

La prevención de la ehrlichiosis se centra en el control de las garrapatas. El uso regular de antiparasitarios externos, junto con la inspección frecuente del animal y el mantenimiento de un entorno limpio, son medidas fundamentales. Se destaca la importancia de intensificar estas medidas durante los periodos de mayor actividad vectorial, coincidiendo con la primavera y el verano.

Riesgo de coinfección

En la práctica veterinaria actual, la coinfección por múltiples patógenos transmitidos por vectores se ha convertido en un fenómeno habitual. Estudios recientes han puesto de manifiesto la elevada prevalencia de infecciones simultáneas en perros.

Investigaciones prospectivas han evidenciado que los perros con leishmaniosis clínica presentan una mayor probabilidad de estar infectados por Ehrlichia canis en comparación con animales sanos. Este hallazgo sugiere una posible interacción entre ambos patógenos, posiblemente relacionada con la modulación del sistema inmunitario del hospedador. A su vez, se ha observado la presencia de otros agentes transmitidos por vectores en estos pacientes, lo que complica aún más el cuadro clínico.

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