La UCO coopera en un estudio que revela la huella de caballo español en razas barrocas y caballería americana

El trabajo sitúa el origen de la Pura Raza Española en la segunda mitad del siglo XVI, en torno a la fundación en 1568 de la Yeguada Real de Córdoba por orden de Felipe II, germen de las históricas Caballerizas Reales de Córdoba --construidas junto al Alcázar y que siglos más tarde Federico García Lorca inmortalizaría como 'la catedral de los caballos'--.

Estado: Esperando

16/07/2026

Un estudio internacional con participación de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba (UCO) ha analizado por primera vez el genoma completo de los caballos de razas barrocas y desvela la huella imborrable de la Pura Raza Española (PRE) en el Lipizzano, Lusitano, Murgese y ...

Un estudio internacional con participación de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Córdoba (UCO) ha analizado por primera vez el genoma completo de los caballos de razas barrocas y desvela la huella imborrable de la Pura Raza Española (PRE) en el Lipizzano, Lusitano, Murgese y en las razas criollas de América del Sur.

Según informa la UCO en una nota, durante siglos, la tradición oral y los archivos históricos han repetido una misma idea: que el caballo español, forjado en las dehesas y caballerizas de Córdoba y del Sur de la Península Ibérica desde el siglo XVI, fue la semilla de la que nacieron algunas de las razas de caballos más admiradas de Europa y América.

Ahora, por primera vez, la genética le da la razón a la historia, pues un equipo científico internacional, en el que participa la Universidad de Córdoba y el Laboratorio de Investigación Aplicada de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas, ha publicado en la revista 'Italian Journal of Animal Science' el primer estudio (aceptado en enero de 2026) de diversidad genómica a gran escala centrado en las razas de caballo barrocas, confirmando que la Pura Raza Española (PRE), también conocida como caballo andaluz, actuó como auténtico eje genético en la construcción de estas estirpes.

El trabajo sitúa el origen de la Pura Raza Española en la segunda mitad del siglo XVI, en torno a la fundación en 1568 de la Yeguada Real de Córdoba por orden de Felipe II, germen de las históricas Caballerizas Reales de Córdoba --construidas junto al Alcázar y que siglos más tarde Federico García Lorca inmortalizaría como 'la catedral de los caballos'--.

Allí, mediante una cría selectiva impulsada por la nobleza y las órdenes religiosas, se forjó el prototipo del caballo andaluz: compacto, ágil, dócil y de temperamento noble, ideal para la naciente Alta Escuela de las cortes europeas y la tauromaquia a caballo. Ese caballo, nacido en las dehesas y caballerizas cordobesas, se convirtió con el tiempo en el referente sobre el que se edificaron otras razas Barrocas como el Lipizzano, el Lusitano o el Murgese.

Para comprobarlo con rigor científico, el equipo investigador --integrado por especialistas de las universidades de Córdoba, Molise y Perugia, y con la participación preeminente del Laboratorio de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas, ubicado en Córdoba.- analizó y comparó el ADN de 440 caballos pertenecientes a 15 razas de todo el mundo, combinando técnicas de genómica poblacional de última generación (análisis de componentes principales, Admixture, redes filogenéticas y modelos de migración genética TreeMix).

Los resultados son contundentes. Todas las razas barrocas y sus descendientes forman un bloque genético "coherente y claramente diferenciado" de los caballos de sangre fría (tipo tiro) y de los de sangre caliente o pura (como el Pura Sangre Inglés o el Árabe).

Dentro de ese bloque, la Pura Raza Española aparece como la raza más singular y, al mismo tiempo, como la que más huella ancestral ha dejado en el resto: su firma genética se detecta de forma clara tanto en el Lusitano --con el que comparte un origen común hasta que se separaron administrativamente como razas distintas en 1967-- como, en menor medida, en el Lipizzano y el Murgese, cuya cercanía genética responde a un tronco compartido posterior modelado por la geografía y la historia (la presencia de caballos andaluces en Italia durante la dominación española, o su papel fundacional en la creación del Lipizzano en 1580 por encargo de la casa de Habsburgo).

El estudio aporta además una confirmación genética de gran valor cultural: la expansión del comercio español hacia América a partir del siglo XVI llevó también el caballo andaluz al otro lado del Atlántico, donde se convirtió en la base de razas criollas como el Paso Fino Puertorriqueño, el Paso Peruano y el Mangalarga Paulista brasileño.

El análisis genómico confirma que estas razas 'barrocas-derivadas' se agrupan genéticamente junto a sus parientes europeos y conservan, cientos de años después, un componente ancestral heredado de la Pura Raza Española, especialmente visible en el Paso Peruano y el Paso Fino.

REFORZAR ESTRATEGIAS DE CONSERVACIÓN

El estudio no es solo un homenaje al pasado: lanza también una advertencia para el futuro. La Pura Raza Española presenta niveles de diversidad genética moderados y signos de endogamia superiores a los de otras razas barrocas, un rasgo típico de poblaciones criadas de forma cerrada durante generaciones que, según los autores, "subraya la necesidad de reforzar las estrategias de conservación" de la raza para garantizar su viabilidad genética a largo plazo.

Los investigadores destacan igualmente que, junto a esa impronta española ancestral, el ADN revela cruces más recientes con razas de sangre caliente --como el Árabe en el caso del Lipizzano, o el Pura Sangre Inglés en el Murgese durante el siglo XX-- introducidos para mejorar el rendimiento deportivo, sin que ello haya diluido la identidad genética común de las razas Barrocas.

Para el equipo investigador, estos resultados "sientan las bases para esclarecer el origen y el impacto de las razas barrocas en la biodiversidad equina mundial" y ponen cifras y evidencia molecular a un relato que, hasta ahora, se apoyaba sobre todo en la documentación histórica y la tradición ecuestre.

El caballo nacido en las caballerizas cordobesas y andaluzas hace más de cuatro siglos no solo cabalgó por las cortes europeas y los ruedos taurinos: su legado genético sigue vivo hoy en los picaderos de Viena, en las plazas portuguesas, en el sur de Italia y en los llanos de Perú y Puerto Rico, convertido en patrimonio genético compartido por medio mundo.