Crece el riesgo de zoonosis parasitarias y la resistencia a antiparasitarios

La rápida evolución genética de los parásitos, junto con factores como la globalización y la urbanización, impulsa un cambio de paradigma hacia estrategias de control más sostenibles, en línea con el enfoque One Health, que integra la salud animal, humana y ambiental.

Estado: Esperando

13/07/2026

En el contexto actual de la medicina veterinaria, las enfermedades parasitarias son uno de los desafíos sanitarios más complejos y dinámicos. Los especialistas coinciden en que su evolución responde a un proceso continuo de coadaptación entre parásitos y hospedadores, en el que factores ambientales, biológicos y antrópicos interactúan de forma constante. Esta realidad ...

En el contexto actual de la medicina veterinaria, las enfermedades parasitarias son uno de los desafíos sanitarios más complejos y dinámicos. Los especialistas coinciden en que su evolución responde a un proceso continuo de coadaptación entre parásitos y hospedadores, en el que factores ambientales, biológicos y antrópicos interactúan de forma constante. Esta realidad ha transformado el enfoque clásico de la parasitología, situándola en el centro de la sanidad animal, la producción ganadera y la salud pública global.

Los parásitos presentan una elevada capacidad de adaptación evolutiva, favorecida por sus ciclos de vida cortos y su alta tasa reproductiva. Este rasgo les permite acumular cambios genéticos en periodos relativamente breves, lo que se traduce en una rápida aparición de resistencias frente a los tratamientos antiparasitarios. En consecuencia, se observa una disminución progresiva de la eficacia de determinados fármacos, especialmente en sistemas de producción intensiva donde su uso ha sido prolongado y, en ocasiones, indiscriminado.

El fenómeno de resistencia farmacológica es uno de los principales retos actuales en la veterinaria. La necesidad de optimizar el uso de antiparasitarios y evitar la presión selectiva sobre las poblaciones parasitarias ha impulsado un cambio de paradigma hacia estrategias más racionales y sostenibles.

Tipos de parásitos

Desde el punto de vista biológico, los parásitos se clasifican en endoparásitos y ectoparásitos, en función de su localización en el hospedador. Los primeros incluyen organismos como nematodos, cestodos y protozoos, responsables de afecciones intestinales, sistémicas o tisulares. Los ectoparásitos, por su parte, comprenden artrópodos como pulgas, garrapatas, ácaros y mosquitos, cuya importancia radica en su papel como vectores de enfermedades.

Muchos de estos ectoparásitos presentan ciclos biológicos complejos, con fases tanto en el hospedador como en el ambiente, lo que dificulta su control. Por ejemplo, las pulgas pueden desarrollar gran parte de su ciclo fuera del animal, mientras que las garrapatas pueden implicar varios hospedadores a lo largo de su desarrollo. Estas características obligan a implementar estrategias de control que aborden tanto al animal como a su entorno.

Impacto económico y productivo de las parasitosis

Desde el punto de vista económico, las parasitosis continúan siendo una de las principales limitaciones en la producción pecuaria a nivel mundial. Enfermedades como la haemonchosis en pequeños rumiantes provocan pérdidas asociadas a la disminución del crecimiento, la reducción de la producción y el aumento de la mortalidad. Más allá del impacto directo sobre la salud animal, los parásitos comprometen la eficiencia productiva al debilitar el sistema inmunitario del hospedador, facilitando la aparición de infecciones secundarias.

A estos factores se suma el impacto creciente del cambio climático, considerado un elemento clave en la reconfiguración de la epidemiología parasitaria. El aumento de las temperaturas, la modificación de los patrones de precipitación y la suavización de los inviernos están favoreciendo la supervivencia y expansión de vectores como garrapatas, mosquitos y flebótomos. Como consecuencia, enfermedades tradicionalmente restringidas a determinadas regiones están ampliando su distribución geográfica.

Zoonosis y enfoque One Health

En este sentido, la globalización y el incremento de la movilidad de animales de compañía y de producción también desempeñan un papel determinante. El transporte de animales entre regiones y países facilita la introducción de parásitos en nuevas áreas, contribuyendo a la emergencia de focos epidemiológicos en zonas previamente libres de estas patologías. Asimismo, la creciente urbanización ha modificado los patrones de transmisión, observándose una progresiva `urbanización' de enfermedades que anteriormente se consideraban propias de entornos rurales.

Uno de los aspectos más relevantes en este nuevo escenario es el aumento de las zoonosis parasitarias. Se estima que una gran proporción de los patógenos emergentes tiene origen animal, lo que refuerza la importancia del enfoque One Health (Una Sola Salud). Bajo este paradigma, se reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental, promoviendo una colaboración interdisciplinar para el control de enfermedades transmisibles.

En el ámbito de la salud pública, las zoonosis parasitarias continúan siendo motivo de preocupación. Enfermedades como la toxoplasmosis, la giardiosis o la equinococosis representan riesgos constantes, especialmente en poblaciones vulnerables. La transmisión puede producirse a través de diversas vías, incluyendo el contacto directo con animales, el consumo de agua o alimentos contaminados, o la exposición a ambientes infectados.

Situación epidemiológica en España y Europa

En España, la situación epidemiológica refleja estas tendencias globales. Existe una elevada prevalencia de enfermedades vectoriales, especialmente en el área mediterránea. Entre ellas, la leishmaniosis canina se mantiene como una de las patologías más comunes, con tasas de prevalencia que en algunas regiones pueden alcanzar cifras elevadas. Esta enfermedad, transmitida por flebótomos, constituye un riesgo para la salud pública.

Otra enfermedad de especial relevancia es la dirofilariosis o `gusano del corazón', cuya expansión en el territorio español ha sido notable. Estudios recientes indican una alta prevalencia, con presencia en prácticamente todas las provincias. Aunque las zonas costeras y las islas continúan siendo las áreas de mayor riesgo, la distribución del parásito se ha generalizado, lo que pone de manifiesto la capacidad de adaptación de los vectores implicados.

A su vez, se ha registrado un incremento de otras enfermedades transmitidas por vectores, como la babesiosis, la ehrlichiosis o la angiostrongilosis. Estas patologías, en muchos casos emergentes, están adquiriendo mayor relevancia clínica y epidemiológica, complicando el diagnóstico diferencial debido a la similitud de sus manifestaciones clínicas.

A nivel europeo, la situación sigue una tendencia similar. Informes recientes destacan la expansión de la leishmaniosis hacia el norte del continente, así como la emergencia de la angiostrongilosis en nuevas áreas. La movilidad de mascotas entre países, ya sea por turismo, adopciones o comercio, se identifica como un factor clave en la dispersión de estas enfermedades.

Ectoparásitos en perros y gatos

Los ectoparásitos son una de las principales amenazas para la salud de perros y gatos, no solo por los efectos directos que provocan en la piel, sino por su papel como transmisores de enfermedades. Según la guía del Consejo Europeo para el Control de las Parasitosis (ESCCAP), estos parásitos –entre los que se incluyen pulgas, garrapatas, piojos, flebotomos y mosquitos– pertenecen a distintos grupos de artrópodos y tienen la capacidad de causar desde irritaciones leves hasta patologías graves, algunas de ellas con implicaciones para la salud pública.

Aunque las lesiones cutáneas como el picor, la dermatitis o la pérdida de pelo son las manifestaciones más visibles, el verdadero riesgo reside en las enfermedades que estos organismos pueden transmitir. Las denominadas enfermedades transmitidas por vectores incluyen infecciones bacterianas, virales y parasitarias que, en muchos casos, resultan más graves que la propia infestación. Entre ellas se encuentran patologías como la babesiosis, la enfermedad de Lyme o la leishmaniosis, algunas de las cuales pueden afectar también a los humanos.

Entre los ectoparásitos más comunes, las pulgas ocupan un lugar destacado por su elevada frecuencia y su capacidad de adaptación. La especie Ctenocephalides felis es la más habitual en perros y gatos, y presenta un ciclo biológico complejo que combina fases sobre el animal y en el entorno. Una sola hembra puede poner hasta 50 huevos al día, que se dispersan en alfombras, camas o suelos, lo que dificulta su eliminación. Estas infestaciones pueden provocar desde prurito hasta anemia en casos graves, además de actuar como vectores de otros parásitos y bacterias.

De igual forma, las garrapatas son consideradas uno de los vectores más eficaces de enfermedades infecciosas. Especies como Ixodes ricinus o Rhipicephalus sanguineus están ampliamente distribuidas en Europa y pueden transmitir una amplia variedad de patógenos, incluidos protozoos, bacterias y virus. Su ciclo biológico, que implica varios hospedadores, y su capacidad para permanecer adheridas al animal durante días o semanas aumentan el riesgo de transmisión de enfermedades.

Otros ectoparásitos, como los piojos, los flebotomos y los mosquitos, presentan también relevancia sanitaria. Mientras que los piojos suelen afectar a animales debilitados o en malas condiciones, los flebotomos –presentes principalmente en la región mediterránea– son los responsables de transmitir la leishmaniosis, una enfermedad grave y zoonósica. Los mosquitos también actúan como vectores de la dirofilariosis, conocida como `gusano del corazón', una patología que puede resultar letal si no se trata a tiempo. Ante este escenario, la guía subraya la necesidad de adoptar estrategias de control integrales. Estas incluyen el uso de tratamientos antiparasitarios tanto para eliminar infestaciones activas como para prevenir nuevas, así como la limpieza y desinfección del entorno del animal. En el caso de las pulgas, por ejemplo, se insiste en la importancia de actuar no solo sobre el animal, sino también sobre el ambiente, donde se encuentra la mayor parte del ciclo del parásito.

Prevenir y controlar con un enfoque integral

En este contexto, la prevención se posiciona como la herramienta más eficaz para el control de las enfermedades parasitarias. Las recomendaciones actuales incluyen programas de desparasitación interna y externa de forma periódica, el uso de productos repelentes frente a vectores y la adopción de medidas de higiene ambiental. La limpieza regular de los espacios donde habitan los animales, el control de heces y la adecuada gestión de la alimentación son aspectos clave para interrumpir los ciclos biológicos de los parásitos.

De igual forma, se insiste en la importancia de las visitas veterinarias periódicas, que permiten establecer protocolos de prevención personalizados en función del riesgo individual de cada animal. Factores como la edad, el estado inmunitario, el estilo de vida o la exposición al medio ambiente influyen en la susceptibilidad a las parasitosis.

Puedes leer el artículo completo en el PDF adjunto.