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Detrás de cada brote de enfermedad animal existe un coste que rara vez aparece reflejado en las estadísticas oficiales: animales sacrificados aun estando sanos, el trabajo de toda una vida de los ganaderos destruido, la protección del bienestar animal relegada a un segundo plano y ganaderos y veterinarios obligados a ...
Detrás de cada brote de enfermedad animal existe un coste que rara vez aparece reflejado en las estadísticas oficiales: animales sacrificados aun estando sanos, el trabajo de toda una vida de los ganaderos destruido, la protección del bienestar animal relegada a un segundo plano y ganaderos y veterinarios obligados a llevar a cabo sacrificios que nunca quisieron realizar. Esa fue la realidad expuesta durante un acto celebrado el 1 de julio en el Parlamento Europeo, coincidiendo con el inicio de la Presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea. En el encuentro, científicos, veterinarios, responsables políticos y ganaderos analizaron el verdadero coste de los brotes de enfermedades animales en la UE, apenas una semana antes de la presentación de la futura Estrategia Ganadera Europea de la Comisión Europea.
El evento, organizado conjuntamente por la Federación de Veterinarios de Europa (FVE) y Animal Advocacy & Food Transition (AAFT), contó con la participación de diversos ponentes, entre ellos el eurodiputado Sakis Arnoutoglou, quien destacó que para países como Grecia, afectados por brotes tan devastadores como la viruela ovina, el debate sobre el coste real de las enfermedades animales es una cuestión muy tangible y no meramente teórica.
Durante la jornada se puso de manifiesto que, ante enfermedades como la influenza aviar altamente patógena (IAAP), la peste porcina africana (PPA) o la fiebre aftosa, el sacrificio masivo de animales sigue siendo la respuesta habitual, en lugar de un recurso de última instancia. Solo desde octubre de 2020 se han sacrificado más de 50 millones de aves en Europa debido a la gripe aviar. Los participantes denunciaron que, en muchos casos, se sacrifican animales sanos o incluso vacunados porque las normas internacionales de comercio no aceptan productos procedentes de animales vacunados, una barrera que calificaron de política y no científica.
Los ganaderos explicaron cómo han perdido en cuestión de días rebaños construidos a lo largo de generaciones, mientras que veterinarios relataron haber sufrido insultos, intimidaciones y problemas de salud mental, incluyendo ansiedad, depresión y estrés postraumático, como consecuencia de las labores de sacrificio sanitario.
En representación de la recién estrenada Presidencia irlandesa, Rob Doyle reconoció el impacto de estos episodios: «Los brotes de enfermedades generan consecuencias negativas para el bienestar animal, provocan estrés en los ganaderos y las comunidades locales y aumentan la carga de trabajo de los equipos veterinarios». Asimismo, subrayó que la prevención será una prioridad durante el mandato de Irlanda: «Para la Presidencia irlandesa, esto significa mantener la prevención y la preparación en el centro de la agenda de sanidad animal».
Por su parte, Jonathan Rushton, ponente principal del acto, afirmó que «muchas de nuestras respuestas se centran en eliminar al hospedador en lugar del patógeno» y defendió la importancia de adoptar decisiones basadas en la evidencia científica.
Valerie Jonckheer-Sheehy, asesora sénior de Caring Vets, recordó que la legislación europea reconoce que los animales son seres sintientes, tal y como establece el artículo 13 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Sin embargo, denunció que cuando aparece una enfermedad, la normativa sigue considerando el sacrificio como la primera respuesta y las alternativas como una excepción. «El sacrificio de animales sanos debería ser una auténtica medida de último recurso, recogida expresamente en nuestras leyes», señaló.
En la misma línea, Olga Kikou, directora de AAFT, criticó el actual modelo de gestión de crisis sanitarias: «Sacrificamos animales, pasamos página y vuelve a ocurrir. Crisis, sacrificio y nueva crisis. No estamos abordando las causas profundas: instalaciones masificadas, altas densidades de animales y sistemas intensivos. La solución no pasa por sacrificar más rápido, sino por reducir el número de animales y mejorar sus condiciones de vida».
El presidente de la FVE, Siegfried Moder, defendió un cambio de enfoque hacia la prevención: «El coste de la prevención es previsible; el de un brote no lo es. Debemos trasladar la inversión desde la reacción hacia la prevención mediante visitas veterinarias preventivas, medidas de bioseguridad y estrategias de vacunación que permitan mantener a los animales vivos».
Los eurodiputados Tilly Metz y Paulo do Nascimento Cabral, copatrocinadores del acto, coincidieron en la necesidad de replantear las actuales políticas sanitarias. Metz señaló que a menudo se presenta la despoblación ganadera como una necesidad técnica sin hablar de sus consecuencias reales para los animales, mientras que Cabral destacó que prevenir enfermedades siempre resulta mucho menos costoso que gestionar una epidemia y defendió mayores inversiones en servicios veterinarios, investigación científica, bioseguridad, vacunación y formación.
También intervinieron Julien Le Tual y Gloria Hylviu, quienes compartieron su experiencia durante los brotes de dermatitis nodular contagiosa en Francia y de peste de los pequeños rumiantes en Albania. Ambos coincidieron en destacar la enorme carga emocional y social que generan estas crisis. «Todo el mundo tuvo que tomar decisiones y realizar acciones que nadie quería llevar a cabo», afirmó Le Tual. Por su parte, Hylviu recordó que «detrás de cada animal sacrificado hay un ganadero, un veterinario y una comunidad tratando de recuperarse».
Los organizadores concluyeron que Europa vive una etapa marcada por el aumento de enfermedades animales emergentes y reemergentes. Ante la próxima publicación del informe de evaluación de la Ley de Sanidad Animal y de la Estrategia Ganadera Europea, AAFT y la FVE reclamaron a la Comisión Europea y a la Presidencia irlandesa un cambio de rumbo que priorice la prevención frente al control de enfermedades, impulse la inversión en el medio rural y refuerce el papel de la vacunación estratégica y el bienestar animal dentro del modelo ganadero europeo.