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El artículo "Clinical Response to Imatinib Mesylate and Toxicity Profile in 35 Dogs With Mast Cell Tumours", publicado en la revista Veterinary and Comparative Oncology, destaca que el imatinib, un inhibidor de la tirosina quinasa, es eficaz y seguro en el tratamiento de mastocitomas caninos no operables o metastásicos. Los autores sugieren su utilización como ...
El artículo "Clinical Response to Imatinib Mesylate and Toxicity Profile in 35 Dogs With Mast Cell Tumours", publicado en la revista Veterinary and Comparative Oncology, destaca que el imatinib, un inhibidor de la tirosina quinasa, es eficaz y seguro en el tratamiento de mastocitomas caninos no operables o metastásicos. Los autores sugieren su utilización como medicamento de primera línea, así como medicamento de rescate cuando no funcionen el toceranib o el masitinib.
El mastocitoma representa entre el 7% y el 21% de los tumores cutáneos en perros. El tratamiento más eficaz es la escisión quirúrgica del tumor. Sin embargo, en los tumores no operables o en caso de metástasis, se debe recurrir al tratamiento médico, que suele combinar prednisolona con algún quimioterápico (vinblastina, lomustina e inhibidores de la tirosina quinasa).
Los inhibidores de la tirosina quinasa más empleados son el masitinib y el toceranib, que generan respuestas positivas en el 50% y 42,8% de los casos, respectivamente. Otro fármaco menos conocido de esta familia es el imatinib. Aunque no existen protocolos definidos para este producto, parece ser menos tóxico que sus homónimos.
Por ello, el objetivo de los investigadores es evaluar la eficacia y la seguridad del imatinib. Este estudio analiza de forma retrospectiva la respuesta de 35 perros con mastocitomas no operables que recibieron esta medicación.
Mejorías clínicas
Los resultados demuestran mejorías clínicas en el 77% de los perros que recibieron imatinib, con un tiempo medio de supervivencia de 270 días. Estos resultados son superiores a los obtenidos anteriormente con otros fármacos de la misma familia. No obstante, los autores recuerdan que estos pacientes también recibieron prednisolona, lo cual pudo contribuir a la mejoría observada.
En la mayoría de los perros del estudio no se realizó la escisión ni el análisis de ganglios linfáticos, lo que impide conocer la prevalencia de metástasis regional. Por el contrario, se realizaron ecografías hepáticas y esplénicas en todos los casos, identificando metástasis en el 17% de ellos.
La decisión de administrar imatinib fue debida a motivos como la falta de toceranib, la aparente menor toxicidad del imatinib o como terapia de rescate en pacientes que no habían respondido a otros inhibidores de la tirosina quinasa. Asimismo, el rango de dosis terapéutica fue de 5-13,8 mg/kg, aunque los autores recomiendan optar por una dosis de unos 8 mg/kg.
Finalmente, en relación con la toxicidad, solo se observaron efectos adversos hematológico y gastrointestinales en el 3% y el 2% de los pacientes, respectivamente. Ningún perro desarrolló signos de toxicidad hepática, la cual fue descartada mediante técnicas de imagen y análisis séricos.
En conclusión, los autores señalan que la administración de imatinib es segura y eficaz para el tratamiento de mastocitomas caninos no operables o metastásicos. Los investigadores recomiendan una posología de 8 mg/kg y utilizar prednisolona como terapia adyuvante, ayudando de esta forma a mejorar el cuadro clínico del paciente.