El CBD y el THC mejoran la calidad de vida de un caballo rescatado con dolor crónico

El paciente era un caballo macho castrado de edad avanzada que había sido encontrado abandonado en un terreno baldío

Estado: Esperando

02/06/2026

Investigadores de Italia y Brasil han documentado un caso clínico que podría abrir nuevas vías para el uso terapéutico de cannabinoides en medicina equina. El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, analiza la evolución de un caballo rescatado que recibió durante diez meses una combinación de ...

Investigadores de Italia y Brasil han documentado un caso clínico que podría abrir nuevas vías para el uso terapéutico de cannabinoides en medicina equina. El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, analiza la evolución de un caballo rescatado que recibió durante diez meses una combinación de aceites de cannabis ricos en THC y CBD como parte de un tratamiento paliativo para controlar el dolor crónico y mejorar su calidad de vida.

El paciente era un caballo macho castrado de edad avanzada que había sido encontrado abandonado en un terreno baldío. Presentaba un estado de extrema desnutrición, una gran herida ulcerada en la extremidad posterior izquierda y una cojera severa que le impedía apoyar la pata. Los exámenes posteriores revelaron que sufría un sarcoide fibroblástico equino, uno de los tumores cutáneos más frecuentes en caballos, además de una rotura completa del ligamento suspensor, signos tempranos de osteomielitis y enfermedad articular crónica.

Opciones terapéuticas limitadas

Los veterinarios intentaron inicialmente controlar la situación mediante antibióticos, antiinflamatorios, cuidados locales de la herida y analgésicos convencionales. Sin embargo, la respuesta fue insuficiente. El animal continuaba sufriendo un dolor intenso, pérdida de apetito y comportamientos de automutilación, mordiendo repetidamente la zona lesionada.

La gravedad de las lesiones, la falta de respuesta a los tratamientos tradicionales y las limitaciones económicas hicieron inviable recurrir a procedimientos quirúrgicos complejos o a terapias avanzadas como la electroquimioterapia. Ante este escenario, se llegó incluso a plantear la eutanasia.

Antes de tomar esa decisión, el caballo fue derivado a un programa especializado en terapias con cannabis medicinal para animales, donde se diseñó un protocolo basado en la administración oral y tópica de cannabinoides.

Una combinación de THC y CBD

El tratamiento consistió en la administración de aceites de espectro completo con una concentración de 100 mg/ml de THC y otros 100 mg/ml de CBD. Ambos compuestos se suministraron en proporción 1:1 mediante una pauta progresiva que aumentó gradualmente la dosis hasta alcanzar 0,5 mg/kg de cada cannabinoide cada doce horas. Además, la misma formulación se aplicó directamente sobre la herida una o dos veces al día.

Los investigadores eligieron una escalada lenta de dosis para minimizar posibles efectos adversos como sedación, alteraciones gastrointestinales o problemas neurológicos. Durante todo el tratamiento se realizaron controles clínicos periódicos para vigilar la seguridad del protocolo.

Mejoras visibles en pocas semanas

Según los autores, los primeros cambios positivos aparecieron rápidamente. El apetito aumentó de forma notable y el caballo comenzó a recuperar peso. Su condición corporal pasó de una puntuación extremadamente baja de 1 sobre 5 a 4 sobre 5 en apenas cinco meses. También desaparecieron los episodios de automutilación asociados al picor y al dolor de la herida.

La evolución de las lesiones cutáneas fue igualmente destacable. La gran herida ulcerada mostró una reducción progresiva del tejido de granulación excesivo, una mejor cicatrización y una reepitelización más uniforme. Una de las lesiones secundarias desapareció completamente tras cuatro meses de tratamiento y la otra redujo considerablemente su tamaño.

En términos funcionales, el caballo pasó de una cojera máxima de grado 5 sobre 5 a recuperar parcialmente la movilidad. Volvió a tumbarse y levantarse por sí solo e incluso llegó a trotar brevemente durante algunos periodos del seguimiento clínico.

Sin efectos adversos relevantes

Uno de los aspectos más destacados del estudio es el buen perfil de seguridad observado. Durante los diez meses de tratamiento no se detectaron alteraciones gastrointestinales, cardiovasculares ni neurológicas significativas relacionadas con las dosis habituales de cannabinoides. Los análisis sanguíneos tampoco mostraron daños hepáticos o renales.

Solo durante los últimos días de vida, cuando los veterinarios recurrieron a dosis mucho más elevadas para intentar controlar un dolor ya refractario, aparecieron efectos secundarios transitorios como sedación, somnolencia y ataxia. Aun así, los investigadores subrayan que no se observaron signos de toxicidad sistémica.

El límite de la terapia

Pese a los resultados positivos, el cannabis no logró detener la progresión de la osteomielitis ni revertir el deterioro estructural de la extremidad afectada. Durante los últimos meses la infección ósea avanzó y el dolor volvió a intensificarse hasta hacerse incontrolable incluso con el apoyo de morfina y dosis elevadas de cannabinoides.

Finalmente, tras diez meses de seguimiento y una vez agotadas las opciones disponibles, los propietarios optaron por la eutanasia humanitaria del animal. Sin embargo, los autores consideran que el objetivo principal de los cuidados paliativos sí se alcanzó, ya que el caballo disfrutó durante gran parte de ese tiempo de una calidad de vida notablemente superior a la que presentaba al inicio del tratamiento.