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El gato no vive la visita al veterinario igual que un perro. Para muchos gatos, el viaje, el transportín, la sala de espera, los olores, los ruidos y la manipulación pueden ser experiencias muy estresantes. Como explica José Manuel Rodríguez Lorenzo, Txetxu, director técnico de Clínica Veterinaria MiVet ampo Volantín, una ...
El gato no vive la visita al veterinario igual que un perro. Para muchos gatos, el viaje, el transportín, la sala de espera, los olores, los ruidos y la manipulación pueden ser experiencias muy estresantes. Como explica José Manuel Rodríguez Lorenzo, Txetxu, director técnico de Clínica Veterinaria MiVet ampo Volantín, una parte importante del trabajo veterinario no consiste solo en tratar enfermedades, sino también en lograr que el gato se sienta lo más seguro posible.
Desde pequeños, los gatos deberían acostumbrarse de forma positiva a diferentes estímulos: personas, transportín, coche, manipulación, cepillado, corte de uñas y visitas al veterinario. Si estas experiencias se hacen con calma, premios y sin miedo, el gato tendrá más probabilidades de aceptar mejor la clínica en el futuro.
"Lo que se trabaja con calma hoy, evita el miedo mañana"
Para Txetxu, la preparación previa es clave para reducir el miedo y mejorar la experiencia clínica. Antes de la visita, el equipo veterinario debería explicar cómo preparar al gato: dejar el transportín siempre accesible en casa, poner dentro una manta o ropa con olor familiar, usar premios, juguetes o feromonas, y acostumbrarlo poco a poco a entrar en él. El transportín no debería aparecer solo el día de la consulta, porque entonces el gato lo asocia con algo negativo. Resulta de gran ayuda rociar el interior del transportín con una feromona sintética (Feliway) unos 30 minutos antes del viaje. Además de todo esto, si el gato lleva muy mal la visita al veterinario, hay ciertos fármacos con efectos secundarios mínimos, pero con efectos muy beneficiosos para que la visita al veterinario no sea tan traumática. En este caso, es el equipo veterinario quien debe informar al propietario sobre este tipo de productos y adaptarlo a cada caso en particular.
"El gato no debe considerar el transportín como una cárcel, sino como un refugio conocido o amigable"
Durante el viaje, es recomendable que el gato vaya en un transportín seguro, cómodo y cubierto con una manta o toalla. Los transportines que se abren por arriba o permiten retirar la parte superior son mejores, porque facilitan examinar al gato sin tener que forzarlo a salir. La mayoría de los gatos se dejan explorar dentro de su transportín, siendo este un sitio seguro para ellos.
En la clínica, conviene reducir al máximo la espera y evitar que el gato esté expuesto a perros, ruidos o personas desconocidas. Cada vez hay más clínicas que separan la zona de perros de la de gatos o incluso clínicas que atienden exclusivamente a gatos.
Si la primera visita es placentera, es probable que las siguientes visitas también lo sean. De este modo, los clientes estarán más dispuestos a llevar nuevamente al gato para sus visitas.
Lo ideal es llevarlo cuanto antes a una consulta tranquila. Una vez dentro, se debe permitir que el gato salga por sí mismo del transportín, explore y tome algo de control sobre la situación.
Durante la exploración, lo más importante es no forzar. El gato debe ser examinado donde se sienta más cómodo: dentro del transportín abierto, sobre una manta, en el suelo, en el regazo del propietario o en una superficie elevada. La sujeción debe ser mínima, porque cuanto más se fuerza a un gato, más miedo y resistencia puede mostrar.
"Un gato menos asustado y estresado será un gato que se dejarça explorar mucho mejor"
No se recomienda tirar del gato para sacarlo del transportín ni sujetarlo fuerte de la nuca como método habitual. Muchos gatos se estresan más con esa manipulación. Es mejor usar toallas, movimientos lentos, premios, caricias suaves en la cabeza o debajo del mentón, y adaptar el orden del examen dejando las zonas más molestas para el final.
En hospitalización, el gato necesita rutinas estables, escondites, olores familiares y, si es posible, contacto con personas conocidas. También puede ayudar que el propietario lo visite. Muchas veces comen cuando el propietario lo visita.
"Un gato tranquilo, se recuperará mejor"
Al volver a casa, algunos gatos pueden tardar horas o incluso días en tranquilizarse, y otros gatos de la casa pueden rechazarlo por el olor del hospital.
Hasta que el gato no se tranquilice, nadie en su casa debe manosearlo ni forzarlo. Más allá de cuánto tiempo ha estado el paciente en el hospital, los otros gatos de la casa podrían no aceptarlo porque su olor no es familiar. En la mayoría de los casos, es suficiente mantener el gato dentro del transportín un tiempo hasta que los otros se tranquilicen (suele ocurrir en pocas horas). Los propietarios tienden a abrir el transportín según llegan a casa, pero esto puede no ser recomendable si convive con otros gatos. Se debe ignorar cualquier grito o bufido y premiar las conductas positivas.
Si la reintroducción causa problemas, el propietario debe frotar a los gatos que están en casa con una toalla y después hacer lo mismo con el gato que estuvo hospitalizado para transferir un olor familiar.
"Después de la consulta, también necesita un tiempo para volver a ser él"
En este sentido, el director técnico de Clínica Veterinaria MiVet Campo Volantín recuerda que los propietarios no deberían evitar llevar a su gato al veterinario simplemente porque el animal tenga una conducta negativa, se estrese mucho, se esconda, bufe, arañe o resulte difícil de manejar en consulta. Ese comportamiento no significa que el gato "sea malo", sino que probablemente está sintiendo miedo, inseguridad o una pérdida de control ante una situación que no comprende.
Retrasar la visita veterinaria por miedo a cómo se va a comportar el gato puede hacer que algunos problemas de salud se detecten tarde. En medicina felina, muchas enfermedades avanzan de forma silenciosa y los gatos tienden a ocultar el dolor o el malestar hasta fases más evidentes. Por eso, la atención veterinaria debe priorizarse siempre, especialmente cuando hay cambios de apetito, pérdida de peso, vómitos, dolor, alteraciones urinarias, cambios de conducta o cualquier signo que preocupe al propietario.
Afortunadamente, hoy en día existen muchas formas de hacer que la visita sea más llevadera. Además de un manejo amable y respetuoso, se pueden utilizar estrategias para reducir el estrés, como adaptar el transporte, minimizar los ruidos, evitar manipulaciones innecesarias y preparar mejor la consulta. Y cuando el gato lo necesita, el veterinario puede pautar medicación ansiolítica o sedante segura, ajustada a cada paciente, para que el miedo, el dolor y el mal rato sean los mínimos posibles.
Esta medicación no debe verse como algo negativo, sino como una herramienta de bienestar. Permite explorar mejor al gato, realizar pruebas complementarias cuando son necesarias y aplicar el tratamiento adecuado sin convertir la visita en una experiencia traumática para el animal, el propietario o el equipo veterinario.
La prioridad siempre debe ser su salud, pero también su bienestar emocional durante todo el proceso.