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La resistencia a los antibióticos sigue creciendo también entre las mascotas. Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science ha revelado que las bacterias del género Staphylococcus aisladas en perros y gatos en Polonia presentan elevados niveles de resistencia antimicrobiana, especialmente en los perros y, en concreto, ...
La resistencia a los antibióticos sigue creciendo también entre las mascotas. Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Veterinary Science ha revelado que las bacterias del género Staphylococcus aisladas en perros y gatos en Polonia presentan elevados niveles de resistencia antimicrobiana, especialmente en los perros y, en concreto, en la especie Staphylococcus pseudintermedius.
La investigación analizó 281 aislamientos bacterianos obtenidos en 2024 a partir de muestras clínicas enviadas por centros veterinarios a laboratorios de diagnóstico en Varsovia y Łódź. De ellas, 211 procedían de perros y 70 de gatos. Los investigadores estudiaron tanto la distribución de las especies bacterianas como su sensibilidad frente a diferentes antibióticos mediante pruebas basadas en concentración mínima inhibitoria (MIC), consideradas una referencia en microbiología clínica.
Los resultados mostraron que las mayores tasas de resistencia se registraron frente a penicilina, trimetoprim-sulfametoxazol y tetraciclina. En concreto, el 86,5% de los aislamientos fueron resistentes a la penicilina y el 77,2% al trimetoprim-sulfametoxazol. Por el contrario, no se detectaron cepas resistentes a vancomicina ni teicoplanina.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la diferencia entre especies animales. Las muestras procedentes de perros presentaron una carga de resistencia significativamente mayor que las de gatos, además de una mayor frecuencia de multirresistencia. Según el estudio, el 72,5% de los aislamientos caninos mostraron resistencia a antibióticos de al menos tres familias distintas, frente al 55,7% en gatos.
El principal responsable de esta situación fue Staphylococcus pseudintermedius, una bacteria muy habitual en perros y vinculada a infecciones dermatológicas, otitis y problemas oculares. Los investigadores destacan que esta especie mostró los niveles más altos de resistencia y multirresistencia entre todas las analizadas. En los gatos, la especie predominante fue Staphylococcus felis, con una menor carga de resistencia.
Los autores advierten de que estos datos son relevantes no solo para la medicina veterinaria, sino también desde la perspectiva "One Health", que conecta la salud humana, animal y ambiental. Algunas especies de Staphylococcus pueden transmitirse entre mascotas y personas, lo que aumenta la preocupación por la circulación de bacterias resistentes dentro de los hogares.
Además, el estudio recuerda que el uso frecuente de antibióticos en pequeños animales podría estar favoreciendo la aparición de cepas resistentes. Por ello, los investigadores insisten en la necesidad de reforzar la vigilancia microbiológica y promover un uso prudente de los antimicrobianos en clínicas veterinarias.
Entre las limitaciones del trabajo, los autores reconocen que no disponían de información detallada sobre tratamientos previos, historial clínico o enfermedades de los animales analizados. Tampoco se realizaron pruebas moleculares específicas para detectar resistencia a meticilina, uno de los problemas más preocupantes asociados a estafilococos resistentes.
Pese a ello, consideran que los resultados ofrecen una fotografía útil de la situación actual de la resistencia antimicrobiana en mascotas en Polonia y refuerzan la necesidad de seguir investigando este problema emergente en animales de compañía.