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En el mundo viven algo más de 750 millones de cerdos, y aproximadamente la mitad se encuentra en China. El gigante asiático es el líder mundial indiscutible en la cría de cerdos, tras recuperarse de la crisis de peste porcina africana (PPA) iniciada en 2018. Detrás de China aparece la Unión ...
En el mundo viven algo más de 750 millones de cerdos, y aproximadamente la mitad se encuentra en China. El gigante asiático es el líder mundial indiscutible en la cría de cerdos, tras recuperarse de la crisis de peste porcina africana (PPA) iniciada en 2018.
Detrás de China aparece la Unión Europea como segunda potencia mundial en la producción porcina. Con un censo superior a los 127 millones de cerdos, el viejo continente supera a Estados Unidos, prácticamente duplicando la población del país norteamericano.
Dentro de la Unión Europea destaca España, con una población de cerdos cercana a los 35 millones, lo que la convierte en el país europeo con más cerdos y representa cerca del 25 % del total.
El impacto de la PPA en la cría de cerdos ha sido evidente, sobre todo en los últimos años de la década de 2010. A finales del siglo XX, la población mundial de cerdos rondaba los 1.000 millones de animales, una cifra considerablemente superior a la actual.
Ahora bien, esto no ha impedido que cada año se sacrifiquen alrededor de 1.500 millones de cerdos para consumo humano, lo que supone aproximadamente un cerdo por cada cinco personas en el mundo.
En relación con el consumo, Alemania, España, Vietnam, Polonia y Austria son los países donde más se consume carne de cerdo en la dieta.
Más allá de China y la Unión Europea, la cría de cerdos también ha crecido en los últimos años en Estados Unidos (75 millones), Brasil (34 millones) y Rusia (28 millones). La producción es algo menor en México (16 millones), Canadá (14 millones), Corea del Sur (11 millones) y Japón (9 millones).
La expansión de la ganadería porcina industrial ha sido clave para entender el crecimiento global del sector en las últimas décadas. Este modelo de producción intensiva, basado en grandes explotaciones altamente tecnificadas, ha permitido aumentar la oferta mundial de carne de cerdo y responder a una demanda en constante crecimiento, especialmente en países como China y los miembros de la Unión Europea. Gracias a ello, se ha logrado una mayor eficiencia productiva y una estabilización relativa de los precios en los mercados internacionales.
Sin embargo, este desarrollo también tiene un impacto ambiental significativo. Según la FAO, la ganadería —incluida la porcina— es responsable de alrededor del 14,5 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, además de ser una de las principales fuentes de emisiones de amoníaco, que contribuyen a la contaminación del aire y la acidificación de suelos. En el caso del porcino industrial, la gestión de purines puede generar problemas de contaminación de aguas subterráneas por nitratos en zonas de alta densidad ganadera. A pesar de estos retos, el modelo intensivo sigue siendo el eje central de la producción mundial de carne de cerdo y el que permite sostener los volúmenes actuales de consumo global.
