Impacto de la caza de perdiz roja con reclamo en el águila perdicera: un conflicto con solución

El análisis de datos recopilados a lo largo de 14 años revela que la tradicional caza de perdiz roja con reclamo puede interrumpir el comportamiento de incubación del águila perdicera. El trabajo también aporta las claves necesarias para encontrar el equilibrio entre la actividad cinegética y la conservación de estas majestuosas rapaces protegidas.

Estado: Esperando

15/05/2026

Las actividades recreativas al aire libre, y de manera muy particular la caza, interactúan de forma constante con la fauna silvestre, lo que frecuentemente genera un intenso debate sobre cómo equilibrar ésta y otras aficiones humanas con la conservación de la biodiversidad. En España, la caza representa tanto un motor ...

Las actividades recreativas al aire libre, y de manera muy particular la caza, interactúan de forma constante con la fauna silvestre, lo que frecuentemente genera un intenso debate sobre cómo equilibrar ésta y otras aficiones humanas con la conservación de la biodiversidad. En España, la caza representa tanto un motor económico importante para las zonas rurales como una afición con gran arraigo tradicional.

Entre las especies de caza menor destaca la perdiz roja (Alectoris rufa), y en amplias regiones del centro y sur peninsular se practica la popular «caza con reclamo», un método ancestral que consiste en colocar a un macho de perdiz enjaulado como señuelo sonoro para atraer a otras perdices silvestres del entorno, las cuales son posteriormente abatidas por un cazador que permanece oculto en un puesto o escondite próximo.

El conflicto biológico surge por un problema de calendario: la temporada de caza con reclamo se desarrolla a lo largo  del invierno, un periodo que coincide peligrosamente con la sensible época de cría e incubación del águila perdicera (Aquila fasciata). Esta majestuosa rapaz se encuentra catalogada como especie vulnerable en España tras décadas de declive provocado por electrocuciones en tendidos eléctricos y la persecución humana. Además, dado que la perdiz roja es una presa destacada del águila perdicera, la competencia territorial entre el ser humano y el ave rapaz es directa.

Para arrojar luz sobre este conflicto potencial, un trabajo científico liderado por la Universidad de Murcia, en el que también han participado dos investigadores del Grupo de Investigación en Ecología y Gestión de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) y otros científicos independientes, llevó a cabo un seguimiento de nidos de águila perdicera durante 14 años en la Región de Murcia, con el objetivo de evaluar si la caza de perdiz roja con reclamo podría alterar el comportamiento de incubación de estas rapaces en las inmediaciones de sus nidos y, en consecuencia, perjudicar su éxito de eclosión.

A través de telescopios de largo alcance y técnicas no invasivas que evitaron alterar el comportamiento de las aves y de los propios cazadores, el equipo científico documentó 112 eventos de caza en 14 territorios diferentes ocupados por águilas perdiceras. Sus meticulosas observaciones confirmaron que la presencia de la actividad cinegética perturba la tranquilidad de los nidos, aunque la magnitud de dicho impacto depende de factores muy específicos.

En primer lugar, la distancia resultó ser un factor crítico. Los análisis estadísticos demostraron que, si el puesto de caza se ubica a una distancia inferior a los 600 metros del nido, existe una alta probabilidad de que el águila experimente una reacción de alarma. Este "susto" provoca que el animal interrumpa su incubación, se ponga en pie e incluso levante el vuelo, abandonando temporalmente su puesta y exponiendo los huevos al fracaso.

Sin embargo, el hallazgo más sorprendente de la investigación residió en el tipo de estímulo percibido por la rapaz. Los investigadores comprobaron que el impacto de la caza en el águila se agrava profundamente cuando entran en juego los estímulos acústicos. De hecho, los datos revelaron que la duración de la perturbación (el tiempo que el ave deja los huevos desatendidos) es casi tres veces mayor cuando se produce un disparo que ante la simple presencia del cazador oculto en su puesto de caza. Para las águilas, el ruido estruendoso, agudo e impredecible de una detonación es interpretado como un riesgo letal inminente, generando una intensa respuesta de huida.

Por otra parte, la topografía del terreno juega un papel que hasta ahora había pasado desapercibido. La investigación demostró una clara relación entre el éxito reproductivo del nido y la diferencia de altitud entre este y el puesto del cazador. Concretamente, se constató que la probabilidad de que los huevos no llegasen a eclosionar aumentaba significativamente cuando los nidos se encontraban a una cota de altitud inferior al lugar donde se ocultaba el cazador. La interpretación ecológica de este fenómeno sugiere que, al estar situado el puesto de caza por encima del nido (por ejemplo, en lo alto de una loma), el ave que incuba puede detectar visualmente la presencia humana con mayor facilidad, disparando su percepción de vulnerabilidad y propiciando un mayor abandono del nido.

Lejos de avivar el conflicto, los hallazgos de este artículo ofrecen soluciones prácticas, objetivas y basadas en la evidencia científica para reconciliar la gestión cinegética y la protección de la fauna amenazada. Los autores concluyen que la medida de gestión más eficaz sería la creación de una «zona de amortiguación» o perímetro de protección de 600 metros alrededor de los nidos ocupados de águila perdicera durante la época de cría. Esta sencilla restricción espacial sería suficiente para eliminar por completo el impacto perturbador de la caza de perdiz con reclamo sobre las águilas. Adicionalmente, sería clave instruir a los cazadores para que eviten instalar sus puestos de caza en puntos más altos que las ubicaciones de los nidos.

En definitiva, estos reveladores hallazgos demuestran que estudiar con rigor el comportamiento animal es esencial para adoptar medidas que garanticen la coexistencia pacífica entre las actividades humanas y la conservación de joyas ecológicas como el águila perdicera.

Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en: