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El comportamiento de los perros de asistencia puede ofrecer pistas clave sobre el tipo de carrera para el que están mejor preparados. Así lo concluye un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science, que analiza cómo determinados rasgos conductuales se relacionan con el éxito de estos animales en distintas funciones ...
El comportamiento de los perros de asistencia puede ofrecer pistas clave sobre el tipo de carrera para el que están mejor preparados. Así lo concluye un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science, que analiza cómo determinados rasgos conductuales se relacionan con el éxito de estos animales en distintas funciones de apoyo a personas con discapacidad.
La investigación, titulada Decoding the path to success: unveiling how behavior drives assistance dog career outcome, ha sido realizada por Emma Hilby y Molly McCue, del Departamento de Medicina de Poblaciones de la Universidad de Minnesota. El trabajo se basa en datos de seis organizaciones de perros de asistencia de Estados Unidos y Canadá, todas ellas acreditadas por Assistance Dogs International.
El estudio incluyó 678 perros de asistencia colocados con éxito y 1.082 perros retirados del entrenamiento. En total, los investigadores analizaron 7.012 evaluaciones conductuales mediante el llamado Behavior Checklist —BCL—, una herramienta estandarizada utilizada en el sector para valorar rasgos como la sensibilidad corporal, la excitabilidad, el miedo a estímulos nuevos, la capacidad de relajarse o la respuesta al estrés.
Los autores partieron de una distinción entre dos grandes tipos de perros de asistencia. Por un lado, los perros de "alerta", que detectan una necesidad antes de que la persona sea consciente de ella, como una bajada de azúcar, un sonido en el hogar o una situación de tráfico. Por otro, los perros de "respuesta", que actúan cuando su compañero humano les comunica una necesidad concreta, por ejemplo, recoger un objeto caído, interrumpir una conducta repetitiva o prestar apoyo en tareas de movilidad.
Los resultados muestran que existen diferencias conductuales medibles entre ambos grupos. Según el estudio, por cada empeoramiento de una unidad en la variable "dificultad para asentarse o relajarse", las probabilidades de que el perro terminara desempeñando una función de respuesta aumentaban un 58,7%. También se observó que una mayor puntuación en la relación entre el guía y el perro incrementaba en un 50,2% las probabilidades de pertenecer a este grupo. Además, los machos presentaron un aumento del 60,8% en las probabilidades de ser perros de respuesta frente a las hembras.
Aunque algunas asociaciones no alcanzaron significación estadística, los investigadores observaron que los perros de alerta tendían a ser más excitables, más sensibles al contacto corporal y más atentos al entorno. Este perfil encaja con las exigencias de trabajos en los que el animal debe mantenerse vigilante y detectar señales externas o fisiológicas sin una orden directa de su compañero.
El análisis también identificó diferencias dentro de carreras concretas. Los perros de alerta médica, por ejemplo, mostraron una mayor relación con la excitabilidad, mientras que los perros de instalación —utilizados en entornos como hospitales, colegios o juzgados para proporcionar apoyo y confort— presentaron un perfil conductual diferenciado del de los perros de asistencia tradicionales. Para los autores, esto refuerza la idea de que no todos los perros entrenados en estos programas encajan necesariamente bajo una misma categoría funcional.
El trabajo también examinó las causas más frecuentes de retirada del entrenamiento. De los 1.082 perros liberados del programa, 812 lo fueron por motivos conductuales y 270 por razones médicas. La principal causa conductual fue la falta de solidez ambiental, una categoría que incluye problemas ante ruidos, tráfico, superficies, objetos nuevos, entornos desconocidos o viajes en vehículo. También destacaron la inhibición por estrés, la excitabilidad, el miedo a extraños y la agresividad hacia desconocidos.
Entre los motivos médicos, la causa más habitual de retirada fueron las alergias cutáneas, seguidas de problemas oftalmológicos y digestivos. Los autores señalan que, aunque las alergias pueden diagnosticarse y tratarse, el coste mensual de la medicación puede ser elevado y difícil de asumir para personas que ya conviven con otros gastos médicos.
La investigación subraya que formar a un perro de asistencia requiere una inversión considerable. Los programas suelen necesitar alrededor de dos años desde el nacimiento del animal hasta su colocación con una persona usuaria, con costes que pueden oscilar entre 30.000 y 50.000 dólares por perro. Por ello, mejorar incluso en un 10% las tasas de éxito podría suponer un ahorro económico notable para las organizaciones y, al mismo tiempo, aumentar la disponibilidad de perros para personas con discapacidad.
Los autores advierten, no obstante, de que el estudio es retrospectivo y no permite afirmar que el comportamiento prediga de forma definitiva el resultado profesional de cada perro. La evaluación conductual también mantiene cierto componente subjetivo, aunque los evaluadores estén certificados. Además, los datos proceden de seis organizaciones norteamericanas consolidadas, por lo que los resultados podrían no ser directamente extrapolables a todos los programas.
Aun así, el estudio plantea una vía prometedora para mejorar tanto la eficacia de los programas como el bienestar animal. Asignar a cada perro una carrera más acorde con sus tendencias naturales podría reducir el estrés, evitar emparejamientos inadecuados y ayudar a que más animales completen con éxito su formación. Como concluyen Hilby y McCue, el objetivo no debería ser evaluar únicamente si un perro "sirve" o "no sirve", sino comprender para qué tipo de trabajo puede estar mejor preparado.