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La ganadería porcina europea se enfrenta a una amenaza silenciosa pero devastadora: la Peste Porcina Africana (PPA). Esta enfermedad viral, sin vacuna eficaz disponible, puede arrasar explotaciones enteras y provocar enormes pérdidas económicas. En este contexto, en el que la prevención es prácticamente la única defensa, la ciencia acaba de ...
La ganadería porcina europea se enfrenta a una amenaza silenciosa pero devastadora: la Peste Porcina Africana (PPA). Esta enfermedad viral, sin vacuna eficaz disponible, puede arrasar explotaciones enteras y provocar enormes pérdidas económicas. En este contexto, en el que la prevención es prácticamente la única defensa, la ciencia acaba de dar un paso decisivo.
Un equipo de investigadores españoles liderado por el Grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología (SaBio) del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM), ha estudiado 40 explotaciones intensivas de ganado porcino de Aragón, Cataluña y Murcia (estas tres regiones concentran casi el 58% del censo estatal de cabaña porcina), que han servido como modelo para desarrollar el primer protocolo científico estandarizado que permite evaluar la bioseguridad externa en granjas porcinas intensivas frente a la fauna silvestre, con especial atención en el jabalí (Sus scrofa) y la Peste Porcina Africana.
El avance, publicado en la revista internacional Preventive Veterinary Medicine, marca un antes y un después en la forma de proteger estas explotaciones ganaderas.
Tradicionalmente, la bioseguridad en granja se ha centrado en medidas generales: vallados, control de accesos o desinfección. Sin embargo, hasta ahora faltaba una herramienta específica que analizara de forma sistemática el riesgo que supone la interacción entre la fauna silvestre y el ganado en sistemas intensivos.
Este nuevo protocolo parte de la idea de que no todas las granjas son iguales ni están expuestas a los mismos riesgos. Por eso, en lugar de ofrecer recomendaciones genéricas, permite diseñar planes de acción específicos para cada explotación. Para lograrlo, combina entrevistas con los responsables de la granja, análisis del entorno y auditorías de campo detalladas, dando como resultado un diagnóstico preciso que identifica puntos críticos y propone soluciones prácticas adaptadas a cada caso.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio que ha permitido desarrollar este protocolo es la confirmación de algo que ya se intuía: el jabalí juega un papel clave en el riesgo sanitario. No tanto por el contacto directo con los cerdos —poco frecuente en explotaciones intensivas—, sino por su presencia en el entorno.
De hecho, los investigadores detectaron signos de actividad de jabalí en cerca de la mitad de las explotaciones analizadas. Y esto es importante, porque el virus puede llegar a estas instalaciones de forma indirecta, a través de vehículos, ropa, herramientas o materiales contaminados. En otras palabras, el problema no es solo el animal salvaje que porta la PPA y que puede contagiarla, sino todo lo que conecta su entorno con las explotaciones ganaderas de su entorno.
El estudio revela que el sector porcino español cuenta con un buen nivel general de bioseguridad. Sin embargo, también identifica vulnerabilidades claras. Entre los principales riesgos destacan el control de vehículos, especialmente aquellos que entran en la explotación (piensos, animales, estiércol), ya que las ruedas o la ropa de los conductores pueden transportar el virus; y sobre todo, la gestión de las actividades del personal de la explotación, incluyendo la frecuente falta de separación entre la zona limpia y sucia a la entrada de las instalaciones; las actividades que realizan en el entorno de la granja, ya que cultivos, masas forestales o puntos de agua cercanos pueden atraer a los jabalíes, o la vinculación del personal a prácticas como la caza.
Curiosamente, muchas de las explotaciones ganaderas usadas como modelo de estudio para desarrollar el protocolo cumplían la normativa, pero eso no siempre se traducía en una protección real. Por ejemplo, aunque la mayoría tenía vallado perimetral, solo una pequeña parte era realmente eficaz a la hora de impedir la entrada de fauna silvestre, y los accesos frecuentemente se encontraban desatendidos. El estudio revela que solo el 22,5% de los vallados analizados se consideraron impenetrables para el jabalí. Además, la mitad de las puertas de las granjas eran ineficaces para evitar la entrada de jabalíes en el recinto de la explotación incluso cuando estaban cerradas.
Una de las grandes innovaciones del protocolo de bioseguridad desarrollado es que transforma la evaluación en acción. A partir de los datos recogidos, se generan planes específicos de bioseguridad que priorizan medidas según el riesgo real de cada explotación ganadera. Esto permite pasar de un enfoque uniforme a uno adaptativo, donde cada explotación puede mejorar de forma progresiva y eficiente. Desde reforzar vallados hasta rediseñar accesos o mejorar la formación del personal, todas las soluciones son concretas y aplicables.
Los autores del protocolo insisten en que la bioseguridad no debe verse como un requisito burocrático, sino como una inversión estratégica de carácter voluntario. España es el mayor productor de porcino de Europa y uno de los principales exportadores mundiales. Un brote de PPA no solo afectaría a las explotaciones, sino a toda la cadena económica que deriva de la producción de esta carne: empleo rural, industria alimentaria y comercio internacional. En este contexto, mejorar la bioseguridad significa proteger la viabilidad del sector.
El protocolo desarrollado, que ha servido de base para la Guía de bioseguridad que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación español publicará próximamente, no solo es útil para España. Su carácter estandarizado y flexible lo convierte en una herramienta transferible a otros países y sistemas productivos. Además, el propio estudio subraya la importancia de acompañar estas herramientas con formación y sensibilización. La percepción de los ganaderos sobre los riesgos influye directamente en la aplicación de las medidas, por lo que el conocimiento es tan importante como la infraestructura.
La PPA seguirá siendo una amenaza mientras no exista una vacuna eficaz y haya un reservorio silvestre abundante. Pero este nuevo protocolo demuestra que hay margen para actuar desde la prevención. Por primera vez, el sector porcino cuenta con una herramienta científica que permite entender cómo, por dónde y por qué puede entrar el virus en una explotación ganadera, lo que identificar vulnerabilidades reales de bioseguridad y actuar de forma precisa para evitar el contagio.
Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en: