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En España, el 6,5% del alumnado sufre acoso escolar con frecuencia y el 15,8% es víctima al menos varias veces al mes, según los últimos datos del informe PISA[1]. Las víctimas presentan mayores niveles de infelicidad, miedo y malestar emocional, y la violencia puede extenderse y amplificarse a través de ...
En España, el 6,5% del alumnado sufre acoso escolar con frecuencia y el 15,8% es víctima al menos varias veces al mes, según los últimos datos del informe PISA[1]. Las víctimas presentan mayores niveles de infelicidad, miedo y malestar emocional, y la violencia puede extenderse y amplificarse a través de las redes sociales. Ante esta realidad, la lucha contra el acoso se aborda principalmente desde el entorno educativo, pero el hogar también puede ser un espacio clave de prevención. En este contexto, la Fundación Affinity pone el foco en un aliado que puede contribuir desde casa: el vínculo con un animal de compañía.
Un amplio estudio publicado en la revista científica The Journal of Pediatrics, -basado en datos de una de las investigaciones poblacionales [2] más sólidas a nivel internacional que ha analizado a más de 7.800 niños de entre 5 y 7 años-, concluye que convivir con un animal de compañía, y en especial con un perro, se asocia con un mayor desarrollo de conductas prosociales -como ayudar, cooperar y compartir-, menos problemas emocionales y menos dificultades en la relación con iguales. De hecho, los niños que convivían con un perro han presentado alrededor de un 20% menos de probabilidad de mostrar problemas socioemocionales clínicamente relevantes en comparación con aquellos sin animal de compañía.
Aunque el estudio no analiza directamente el acoso escolar y no permite establecer relaciones causales, la conexión con el bullying es relevante. Las dinámicas de acoso no surgen de forma aislada: están ligadas a factores como las dificultades en la relación con iguales, la baja competencia social, los problemas emocionales y los déficits en empatía. Precisamente en estos cuatro ejes es donde la investigación encuentra beneficios asociados a la convivencia con animales. En este sentido, los resultados permiten plantear que los animales de compañía pueden actuar como un factor protector indirecto, contribuyendo a construir el tipo de perfil social y emocional que hace que las dinámicas de acoso sean menos probables.
"Convivir con un animal no es una solución directa frente al bullying, pero sí puede favorecer el desarrollo de habilidades clave para relacionarse desde el respeto. Cuidar de un perro, por ejemplo, implica aprender a reconocer señales emocionales, respetar sus límites y asumir una responsabilidad diaria. En ese proceso cotidiano se fortalecen la empatía y las conductas prosociales, que están en la base de cómo los niños se relacionan entre sí y de cómo se construyen —o se reducen— las dinámicas de acoso", explica Loreto Sánchez, psicóloga colaboradora de la Fundación Affinity.
Los animales, un "amortiguador social" que empieza en casa
El estudio señala varios mecanismos a través de los cuales los animales pueden favorecer el desarrollo socioemocional de los niños. Por un lado, actúan como un amortiguador frente al estrés, ayudándoles a gestionar mejor situaciones de ansiedad o tensión. Por otro, favorecen el desarrollo de la empatía y la responsabilidad, ya que el cuidado diario de un animal enseña a los niños a ponerse en el lugar de otro y a asumir compromisos. Además, funcionan como un espacio seguro de interacción, donde el menor puede ensayar conductas sociales -acercarse, comunicarse, interpretar señales- sin el miedo al rechazo que puede existir en las relaciones con iguales, lo que refuerza su confianza y sus habilidades sociales.
Un hallazgo especialmente relevante es que en niños y niñas sin hermanos, los animales pueden desempeñar un papel similar al de un compañero, facilitando el aprendizaje de habilidades sociales básicas. De hecho, en hogares con un solo hijo, la convivencia con un animal se asoció con una probabilidad significativamente menor de presentar dificultades en conducta prosocial.
En este sentido, el Dr. Jaume Fatjó, director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona, añade que "el vínculo con los animales de compañía puede proporcionar un entorno de seguridad emocional y de aprendizaje, que el niño puede trasladar a sus relaciones fuera del ámbito familiar. El apoyo que ofrece el animal, junto con la necesidad de comprenderlo y cuidarlo, constituyen una oportunidad valiosa para que el niño desarrolle competencias sociales. Cuando estas experiencias se integran adecuadamente, pueden contribuir a una mejor adaptación en ámbitos como la escuela. Sin embargo, para que este potencial se materialice, es fundamental el papel de los adultos, que deben acompañar y modelar la relación para que el niño aprenda a entender y cuidar al animal de forma correcta."
"No te juzga, siempre está ahí": un testimonio en primera persona
Esta dimensión protectora del vínculo con los animales cobra un significado especial cuando se escucha en primera persona. Claudia Figuerola, de 27 años, sufrió acoso escolar entre los 12 y los 14 años -insultos, agresiones verbales, aislamiento por parte de sus compañeros durante tres cursos de la ESO- y explica cómo sus dos perros, Bram y Peton, con los que convivía desde los cinco años, fueron un apoyo fundamental durante esos años: "Me sentía muy sola y, cuando llegaba a casa, mis perros eran como mis mejores amigos. Podía pasar la tarde con ellos y me sentía tranquila. Con la gente me costaba hablar, pero con los perros me salía de forma natural, y me hacían sentir muy acompañada".
Claudia también destaca que el vínculo que tenía fue fundamental en esos momentos: "si no los hubiera tenido me habría sentido mucho más sola. Tener un perro con el que tienes un vínculo te ayuda a gestionar lo que sientes y a explicarlo de una forma más tranquila y segura, dentro de lo posible", concluye.