"La inmensa mayoría del público en general desconoce el sistema de especialización veterinaria"

La etología clínica ha ido ganando peso en la medicina veterinaria a medida que se consolida una visión integral de la salud animal, en la que el comportamiento y el bienestar emocional son inseparables de la dimensión física. En este contexto, la especialidad se enfrenta todavía a importantes retos formativos, clínicos y estructurales para su plena integración en la práctica veterinaria generalista.

Estado: Esperando

14/04/2026

Desde muy pequeño quiso ser veterinario. Un amigo de la familia, que lo sabía, le regaló un libro de etología, Etología: La conducta animal, un modelo para el hombre, de Klaus Thews. Era un libro muy denso para su edad, pero le llamaron mucho la atención los estudios clásicos que ahí se describían, desvela ...

Desde muy pequeño quiso ser veterinario. Un amigo de la familia, que lo sabía, le regaló un libro de etología, Etología: La conducta animal, un modelo para el hombre, de Klaus Thews. Era un libro muy denso para su edad, pero le llamaron mucho la atención los estudios clásicos que ahí se describían, desvela Tomàs Camps, doctor en medicina veterinaria y diplomado por el European College of Animal Welfare and Behavioural Medicine (ECAWBM)

El año en el que terminó la carrera, se impartió por primera vez el Máster de Etología Clínica de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Se enteró de casualidad. En ese momento estaba tramitando los papeles para hacer el internado en el Hospital de la UAB. Así que tuvo que elegir, internado o el máster y, sin tener un motivo muy claro, se decidió por el Máster. "La verdad, no me arrepiento, sino todo lo contrario. Supongo que del otro camino tampoco me arrepentiría, porque me apasiona la medicina animal en general. Pero se dio así, sin más", describe.

Como diplomado por el ECAWBM, considera que el principal valor que aporta la acreditación a la práctica clínica diaria reside en el conocimiento adquirido, ya que "el aprendizaje que se obtiene al cursar una diplomatura es incuestionable". "La capacitación clínica para hacer frente a cualquier caso que se te pueda plantear, por difícil que sea, es excelente. Todo veterinario que ha pasado por un proceso de residencia y ha superado un examen como el de la diplomatura, ofrece una garantía de calidad científica al veterinario que quiera remitir". Y prosigue: "Con esto no estoy diciendo que los veterinarios diplomados sean mejores que los veterinarios generalistas, para nada. Solo es una garantía de que te has preparado en la excelencia en una especialidad en concreto y que estás al día. Es importante recordar que las diplomaturas deben renovarse -al menos en mi colegio- cada cinco años)".

Sin embargo, según su punto de vista, hay dos puntos negativos en relación con las diplomaturas. "El primero es que la inmensa mayoría del público en general desconoce el sistema de `especialización veterinaria'. A veces no entienden por qué mis servicios tienen un coste tres o cuatro veces superior a los de un educador canino, por ejemplo". La falta de cobertura legal es el segundo aspecot que menciona Camps: "Aunque se están haciendo pasitos hacia nuestro reconocimiento en el país, lo cierto es que es un sistema que no está reconocido por el Estado Español y, legalmente, no somos especialistas. Creo que es uno de los grandes debe que tenemos hoy en día. Es decir, la profesión ha avanzado mucho más que las leyes que la regulan, que se han quedado totalmente obsoletas a la realidad de la sociedad actual".

Así, Camps definiría la etología clínica como "imprescindible" dentro del contexto de la medicina veterinaria generalista: "Creo que no se puede dar un buen servicio de medicina veterinaria sin tener en cuenta el comportamiento. A día de hoy, sabemos que es imposible separar la salud física de la mental. Creo que todo veterinario generalista debería tener un conocimiento bueno de medicina del comportamiento -y es un gran debe del plan de estudios de veterinaria de este y muchos otros países-. Asimismo, todos los centros veterinarios deberían tener un veterinario especializado en comportamiento de confianza a quien poder remitirle los casos con los que se sientan menos cómodos".

Desafíos

Como ya ha mencionado, Camps cree que el primer desafío de la especialidad pasa por el mismo plan de estudios, que deja muy de lado la capacitación en medicina del comportamiento y bienestar animal a los estudiantes. Hay facultades que no imparten la materia, y otras lo hacen dentro de otra otra asignatura más amplia, dejándole muy pocas horas reales. "La verdad es que es algo que no puedo entender: que, a las puertas de 2026, no se haya solucionado este grave problema resulta increíble. ¿Cómo puede ser que los veterinarios no tengamos una base sólida y excelente en bienestar animal cuando finalizamos la carrera? ¿Qué otra titulación debería tenerla, si no es la nuestra?". El poco conocimiento sobre etología clínica y bienestar animal "conlleva que los veterinarios tengan poca seguridad a la hora de hacer diagnósticos o plantear tratamiento en medicina del comportamiento y tiendan a remitir estos casos".

Por otro lado, "el segundo gran problema -apunta- es el tiempo que requiere la etología clínica. Es cierto que cada sesión dura aproximadamente una hora, aunque en la realidad no es mucho más que otras especialidades cuando quieres profundizar en un caso. En muchos centros este tiempo lo entienden como un lastre -de ocupación de espacios y de recursos en personal- para las otras especialidades y tienden a externalizar el servicio. Además, para la modificación de conducta, se suele necesitar un espacio amplio que no todos los centros tienen".

Problemas de comportamiento más habituales

Al tratarse de un servicio de referencia, Camps explica que habitualmente atienden casos de mayor complejidad. No obstante, como ocurre en cualquier especialidad, conviven situaciones muy sencillas con otras especialmente complejas que, en algunos casos, no tienen solución. "Porcentualmente, lo que más atiendo en perros son casos relacionados con agresividad, ansiedad y fobias. En gatos, lo que más vemos con diferencia son problemas de agresividad y eliminación inadecuada". Aunque también ven trastornos compulsivos, problemas en la calle con el manejo del animal, prevención en cachorros.

Para Camps, resulta imposible desvincular los problemas médicos de los trastornos de conducta. "Siempre, sin excepción, tenemos que analizar la salud física del animal. Valoramos tanto el historial médico como el estado actual. Cuando realizamos la primera aproximación a un caso, a parte del historial etológico -adopción, entorno del animal, manejo, etc.-, siempre realizamos también un examen físico general, un examen neurológico y, con mucha frecuencia, pruebas de laboratorio y de imagen". A partir de toda esta información, se elabora un diagnóstico diferencial que marca el protocolo de diagnóstico, es decir, los siguientes pasos a llevar a cabo. "Es fundamental, en muchos casos, la colaboración con otras especialidades", añade Camps.

En relación con los retos clínicos y sociales que, a su juicio, están frenando la consolidación de la etología clínica como parte integral de la práctica veterinaria, considera que esta disciplina se ha afianzado más a nivel social que en numerosos ámbitos profesionales. "Con la irrupción de los grandes grupos de inversión pensaba que se iba a profesionalizar más la especialidad, que nos verían más como a un servicio de psiquiatría en medicina humana, sin embargo, creo que hay grandes reticencias en algunos -no todos- de estos grupos en apostar fuerte por la especialidad en sus centros. Seguro que cambiará en un futuro no muy lejano, porque es algo que la sociedad demanda".

Por otro lado, insta a que "los veterinarios seamos los principales garantes del bienestar animal. La forma de relacionarnos con nuestros pacientes en consulta tendría que ser el primer ejemplo, y el `manejo con poco estrés' debería ser el pilar básico de abordaje de cualquier paciente. Todos los veterinarios deberíamos salir muy bien formados -en teoría y práctica- sobre este tipo de manejo. Aparte de esto, también es fundamental la identificación y tratamiento adecuado del dolor (no solo el agudo, también el dolor crónico), identificar señales sutiles de estrés o ansiedad en los pacientes, identificar problemas ambientales que estén siendo la causa del problema médico que sea, etc. Ni qué decir en el ámbito de granjas, también es fundamental la presencia de veterinarios especialistas que contribuyan al diseño de granjas, de protocolos de manejo, de identificación de puntos críticos de control, etc.".

Prevención

En este sentido, las estrategias que recomienda Camps para evitar que determinados problemas de comportamiento se cronifiquen pasan por apostar desde el inicio por un abordaje que vaya más allá: "La prevención es mucho más eficaz que el tratamiento de los problemas de conducta. Yo siempre digo lo mismo, cuando alguien adopta un cachorro, lo primero que hace es ir al veterinario a vacunarlo, desparasitarlo e identificarlo. Para mí, esta aproximación es incompleta. Como veterinarios tenemos que prevenir las enfermedades infecciosas, recomendar una correcta alimentación y asegurar la salud física del cachorro. Sin embargo, también tendríamos que dar información sobre cómo educar el cachorro, sobre cómo debería ser el ambiente de un perro o un gato en casa y saber dar respuesta a las situaciones más comunes a las que se va a encontrar a partir de ahora con el cachorro. El manejo y el entorno en las primeras etapas de vida es fundamental para que el cachorro crezca equilibrado en relación a su conducta".

En cuanto al papel que desempeñan la anamnesis conductual y la historia del animal en su enfoque diagnóstico, subraya que "es imprescindible conocer todos los aspectos que influyen en la conducta del animal: su pasado genético, el entorno durante el desarrollo, el temperamento, el manejo y el contexto en el que vive… Todo ello lo evaluamos en la consulta".

Así, siempre que el veterinario no se sienta cómodo para hacer la aproximación del caso, por el motivo que sea -falta de conocimiento, tiempo o infraestructuras- es importante derivar un caso desde medicina generalista a etología clínica.

Ir más allá

En relación con las áreas de investigación que, a su juicio, requieren una mayor atención dentro de la etología veterinaria en los próximos años, insiste en que actualmente los ámbitos más relevantes son el estudio del apego y sus implicaciones clínicas, la relación entre la microbiota y la conducta -especialmente a través del eje cerebro-piel-intestino- y, por último, los aspectos vinculados al análisis clínico del temperamento.

Cuestionado acerca de la colaboración interdisciplinar entre etólogos veterinarios y otros especialistas, Camps apunta que es clave para hacer una correcta aproximación médica. Y así lo apunta: "Yo creo que seguiremos el camino de la medicina humana en la que, por ejemplo, hoy en día, por ejemplo, ya existe la figura del neuropsiquiatra. Una confesión personal es que yo siempre quise hacer la doble diplomatura en neurología y etología, creo que sería muy bonito y útil, pero no es posible en el marco de la especialización actual". Camps ha sido docente y ponente en numerosos cursos y congresos. En relación con las competencias que considera esenciales para que los veterinarios integren con éxito el manejo del comportamiento en su práctica clínica, señala que resulta fundamental contar con "una base excepcional en conceptos básicos que permitan desterrar falsos mitos", como la idea de que los perros muerden porque quieren ser dominantes" o que la castración debe ser el primer paso en el tratamiento de la mayoría de los problemas de conducta. A su juicio, con estos conceptos bien asentados, "los consejos en materia de prevención serían mucho más acertados y se evitarían numerosos problemas". Por otro lado, defiende que "el manejo con poco estrés debería ser el ABC del trato con los animales en consulta" y subraya, finalmente, que "la salud física y la salud mental van siempre de la mano".

Para los futuros veterinarios interesados en iniciarse o profundizar en etología clínica, destaca que hay una amplia oferta de formación tanto a través de universidades -con másteres a nivel nacional e internacional- como a través de centros privados de formación. "Una vez que se haya iniciado en la especialidad, si el veterinario quiere especializarse más, sin duda, les recomendaría iniciar un proceso de acreditación de AVEPA o una residencia del ECAWBM, según el grado de implicación y dedicación final que pretenda", apunta.

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